Un estudio piloto publicado el mes pasado enLa Revista de Medicina Sexualtrata sobre BDSM y los posibles mecanismos biológicos que hacen que una persona se sienta satisfecha (Wuyts et al., 2020).



Anuncio BDSM (Bondage, Domination / Discipline, Sadism, Masochism) es una abreviatura que se utiliza para referirse a las prácticas de la naturaleza. sexual con respecto a la compulsión (como estar atado), la dominación y la sumisión y el sadismo-masoquismo sexual (no entendido aquí como Trastornos parafílicos ; Coppens et al., 2020). Si también se consideran las actividades más suaves del BDSM (por ejemplo, tener los ojos vendados), la prevalencia varía del 31% al 60% en la población general (De Neef et al., 2019). Un estudio reciente a gran escala encontró que el 46,8% de los participantes practicaron actividades relacionadas con BDSM al menos una vez en su vida (Holvoet et al., 2017). El BDSM, por lo tanto, es mucho más común de lo que se pensaba anteriormente y, sin embargo, aún no se ha abordado adecuadamente a nivel científico con respecto a la interacción entre el poder y el dolor por un lado y el placer y la recompensa por el otro (Klement et al., 2017).

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Pero, ¿cuáles son los mecanismos biológicos que subyacen a las preferencias individuales por las prácticas de BDSM? Esta es la pregunta que los autores del presente estudio intentan responder (Wuyts et al., 2020). Primero, hay dos hormonas involucradas en los procesos de placer y recompensa: endorfinas (también llamadas 'hormona del placer') y beta-endorfinas (Jamurtas et al., 2011), y endocannabionidas (asociadas con el placer y las acciones sexuales). proporcionando una recompensa; Klein et al., 2012). Cortisol, o la hormona de estrés (también lanzado en actividades divertidas, como ver una película de terror), se publica en cambio cuando uno de los socios desempeña el papel de sumiso. Por este motivo, la hipótesis de los autores es que tanto el estrés como las hormonas de recompensa también entran en juego en las prácticas de BDSM (Wuyts et al., 2020).



Anuncio La muestra del estudio consistió en 35 parejas BDSM (una dominante y una sumisa) y un grupo de control no BDSM de 27 parejas. Las parejas de ambos grupos se midieron los niveles de cortisol, beta-endorfina y endocannabinoides antes (línea de base), durante y después de las relaciones sexuales BDSM (Wuyts et al., 2020).

Los resultados del estudio piloto confirmaron parcialmente la hipótesis: los niveles de cortisol ya eran más altos en la primera medición en los sujetos, pero no en los dominantes ni en los controles, y aumentaron durante y después del coito. En cuanto a los endocannabinoides, estos fueron los más altos en las tres mediciones para dominantes cuando hubo un juego de poder. Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas entre los grupos para las beta-endorfinas (Wuyts et al., 2020).



En conclusión, el presente estudio sienta las bases para comprender los mecanismos biológicos involucrados en la preferencia por las prácticas BDSM, destacando también los aspectos positivos que el estrés puede tener en este contexto, de la mano del placer.

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