La tentación de hablar de penaltis y de sus componentes psicológicos es demasiado fuerte ahora que Italia ha abandonado la Eurocopa precisamente por estos malditos 11 metros que separan al lanzador de la portería y al portero. Además, la “forma” con la que se ejecutaron al menos dos de estos penaltis (Zaza y Pellé) son un valioso punto de partida para profundizar en un aspecto psicológico del fútbol que surge de la rutina del partido.

Luca Calzolari, Massimo Rondilone



De hecho, el penalti es el único momento del juego en el que el jugador está frente al portero sin defensa, con el balón siempre parado en la misma posición. Además de patear son jugadores seleccionados; aquellos con pies más educados. Si se sanciona un penalti durante el partido, no es el jugador al que se le cometió la falta, sino al jugador quien debería tener la mejor oportunidad de marcarlo. Todos los elementos parecen llevar a la conclusión de que debería ser fácil marcar un penalti. En cambio, Zaza y Pellé se equivocaron. ¿Porque?

Nunca tendremos la respuesta a esta pregunta. No solo porque no tenemos la posibilidad de preguntar directamente a las partes interesadas, sino también porque con una buena probabilidad ni siquiera ellos podrían explicarlo con precisión.

El periodista Paolo Condò comparte sus pensamientos en las redes sociales al día siguiente del partido:

“Un penalti es un duelo en el Ok Corral de frialdad, precisión y psicología. Dentro de las reglas codificadas, todo es válido ”.

tema de relación padre-hijo

Anuncio Zaza y Pellè intentan donde la clase y los medios técnicos no les pueden ayudar, con el error de equivocarse es cierto pero con el coraje de intentar utilizar todo lo que pensaron que les podía ayudar en ese momento. Lo que sí podemos hacer es tomar estos dos episodios y utilizarlos como punto de partida para abrir una reflexión sobre la particularidad de este momento de un partido de fútbol.

Después de haber vivido todo un partido con el equipo en el campo o en el banquillo, se encontraron jugando 'solos' y teniendo que depender únicamente de sus cualidades (técnicas, físicas y psicológicas). Sí, porque lanzar un penalti es 'solo' y no 'solo'.

La soledad es un estado de ánimo, la interpretación subjetiva de una circunstancia externa. De hecho, puede sentirse solo en compañía o puede sentirse acompañado incluso si está solo.

El lanzador de penaltis se encuentra entonces en el primer cruce de caminos. Puede sentirse solo o puede saber que está solo haciendo su trabajo. La diferencia es sustancial. En el primer caso, nos encontramos indefensos ante una circunstancia que no cambiará (no hay posibilidad de que llegue alguien para llevarse el penalti con él) y los recursos personales útiles para ejecutar el penalti se ven empañados por los sentimientos. En el segundo caso, acepta la circunstancia y organiza el pensamiento con el fin de encontrar la estrategia adecuada para afrontar la tarea. Una técnica utilizada en psicologia deportiva es la construcción de una rutina en la que una secuencia de acciones crea un patrón en el que el atleta tiene confianza, siente que puede dominar la tarea y que le ayuda a no enfocar la atención en pensamientos negativos al salirse del contacto con el momento presente y entrando en el duelo del Ok Corral.

Habiendo resuelto el primer rompecabezas, el jugador coloca la pelota en el disco, mira hacia arriba y ve al portero. Segundo acertijo. ¿Qué hago con la presencia del portero? ¿Puedo controlar su movimiento (Pellè lo intentó con el gesto de la cuchara, Zaza con el run-up)? ¿Tengo que manejarlo de alguna manera o puedo descartarlo? ¿Qué elegirá hacer? ¿Se arrojará o se quedará en el centro de la puerta?

Phil Jackson, 'maestro zen', famoso entrenador de Michael Jordan, solía decir que cuando un tirador dispara a un gol de campo, se dispara a sí mismo. Se refería al hecho de que disparar independientemente de la presencia de los defensores es un asunto personal del tirador. Por tanto, la presencia del defensor o portero se gestiona antes del momento del disparo y no durante la acción. Intentar controlarlo prevé la posibilidad de fracaso y esto genera miedo. No hace falta decir que el temor no es un sentimiento que permita al cuerpo moverse con eficacia. Además, intentar controlar al portero pone en marcha una serie de movimientos que alteran la rutina del disparo aumentando las posibilidades de cometer un error.

Una vieja anécdota zen cuenta una de las pruebas que tuvieron que superar los futuros monjes. La prueba consistió en encontrar la solución a un enigma; hay un pato en una botella, ¿cómo se puede sacar el pato de la botella sin romper la botella o matar al pato?

La solución consiste en pensar que 'el pato nunca ha estado en la botella'.

Zaza y Pellé con la carrera o el gesto de la cuchara intentaron manejar el 'pato' del portero. Al hacerlo, introdujeron un problema que alteró su ejecución del gesto haciéndolo espurio e inexacto.

Teoría de campo de Lewin resumida

Los dos jugadores me recordaron esas películas en las que el villano de turno tiene la oportunidad de derrotar al héroe pero se pierde en discursos inútiles que permiten revertir la situación y la inevitable derrota.

Anuncio Para permanecer en la imaginación cinematográfica, prefiero el momento en que John Snow (Juego de tronos) debe decapitar a uno de sus hombres por no cumplir con una de sus órdenes. Una tarea difícil para el jefe. No justifica su gesto, pide al condenado las últimas palabras y con gesto decisivo ejecuta el castigo.

La idea no es negar la presencia del portero sino haber manejado el asunto antes. En psicología deportiva se llama entrenamiento ideomotor . Entrena la mente para permitir que el cuerpo se mueva sin obstáculos innecesarios como pensamientos irrelevantes o problemas sin solución. Algunos atletas tienen estas cualidades de forma innata, otros las desarrollan y las entrenan hasta que se convierten en una parte natural de su juego. Cuando un deportista accede al estado óptimo de rendimiento sólo existe una dimensión del tiempo, la actual, vivida con la máxima conciencia, centrándose en el 'aquí y ahora' de su actuación, excluyendo juicios o distracciones que lo alejen de ese momento.

Más allá de todo nos gusta imaginar que Zaza y Pelle en su verano en el trópico escucharon cierta canción de Di Gregori en su playlist.

'Pero Nino no tenga miedo de fallar un penalti,

no es por estos detalles que se juzga a un jugador,

ves a un jugador con valentía, altruismo e imaginación '.

(De Gregori, 'La palanca de fútbol de la clase de 1968)