Allo desarrollo Social algunos niños la relación con los padres y la propia familia y la relación que, posteriormente, se establece con el grupo de pares, contribuyen de manera igualmente importante.

Valentina Pastore - ESCUELA ABIERTA Psicoterapia cognitiva e investigación, Milán



Anuncio El niño, ya al nacer, tiene características que lo predisponen a entablar relaciones emocionales con los demás. La familia es el primer contexto útil para el crecimiento físico y por lo tanto desarrollo Social de niño. Las familias son el entorno ideal para la educación de los niños: son pequeños grupos íntimos, que facilitan el aprendizaje de reglas de comportamiento consistentes, además están vinculados a diversos entornos externos en los que los niños pueden ser introducidos gradualmente.

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La familia se considera la unidad básica en la que se prepara al niño para la existencia social (Schaffer, 1998). Las prácticas educativas juegan un papel fundamental en desarrollo Social de un sujeto, ya que contribuyen a transmitir valores y normas que llevarán al individuo a convertirse en un adulto adecuadamente integrado dentro de la sociedad a la que pertenece (Grusec & Goodnow, 1994; Grusec, Goodnow & Kuczynski, 2000; Hoffman, 1994). De hecho, el proceso de internalización de valores y normas tiene lugar en un contexto en el que la interacción de experiencias sociales de la vida de los niños con padres y compañeros, se une a los procesos de estructuración activa de ambos, que a su vez son producto de las situaciones vividas (Wainryb & Turiel, 1993).

La implicación de ambos padres en la educación de sus hijos, la disponibilidad y grado de apoyo percibido por los hijos, así como la adecuada nivel de comunicación , son todos factores que van a promover el apoyo instrumental y emocional de los niños (Rodrigo, Maiquez, García et al., 2004). En consecuencia, es necesario adaptar los estilos educativos tanto a la personalidad de los niños como a las experiencias y situaciones vividas (Mestre, Tur, Samper, Nàcher & Cortés, 2006).

También se ha demostrado que los padres que transmiten apoyo y afecto a sus hijos, utilizan el razonamiento inductivo como técnica disciplinaria, enseñan la comunicación en el ámbito familiar y establecen reglas de conducta en la familia, tienen más posibilidades de mejorar el competencia social , colaboración y autonomía en sus hijos (Alonso & Roman, 2005; Lila & Gracia, 2005).

La familia constituye el núcleo primario en el desarrollo personal, emocional, cognitivo y socioafectivo del niño

Es dentro de la familia donde el niño recibe las primeras indicaciones sobre qué hacer o no hacer, qué es lícito y qué no, percibiendo así mensajes sobre el valor y la importancia de sus acciones.

Los niños de hoy en día pasan mucho menos tiempo con sus padres que en el pasado, pero esto no significa que la familia esté perdiendo su papel vital como agente socializador, aunque se debe tener en cuenta la presencia de otros agentes importantes. de socialización, como el grupo de pares (Mestre, Tur, Samper, Nàcher & Cortés, 2006).

El papel de la familia en desarrollo Social de sus hijos incluye tanto los estilos de disciplina adoptados por sus padres como la transmisión de representaciones globales del funcionamiento de la realidad social, por lo que es posible afirmar que el proceso de socialización incluye ambos aspectos del contenido (que conciernen'Qué se transmite') y forma (que concierne'¿Cómo se transmite?') (Molpeceres, Musitu y Lila, 1994).

Estilos educativos y desarrollo social

En cuanto a los estilos educativos, es interesante la descripción que hace la autora estadounidense Diana Baumrind (1967). Para el autor, los padres, dependiendo de las prácticas educativas que se apliquen a sus hijos, se pueden considerar en tres categorías (Baumrind, 1967; 1971):

  • Padres autorizados o directivos.En esta categoría se incluyen todos aquellos padres que transmiten normas de comportamiento a sus hijos a través del razonamiento, no imponen su punto de vista al niño sino que toman en consideración el punto de vista de este último, favoreciendo en cierto sentido la naciente autonomía. Al mismo tiempo, estos padres son capaces de expresar afecto y apoyo a sus hijos, teniendo en cuenta sus necesidades y peticiones.
    Este estilo educativo fomenta en los niños comportamientos de responsabilidad, independencia, colaboración y competencia leal con los compañeros. Los niños que son educados a través de este estilo manifiestan una mayor autoestima y autocontrol a lo largo del tiempo, tienen buenas relaciones con sus compañeros y están orientados hacia un comportamiento positivo (Hetherington & Parke, 1993).
  • Padres autoritarios.Al contrario de los padres descritos anteriormente, los padres autoritarios imponen reglas a sus hijos y tratan de controlar su comportamiento a través de prohibiciones y coerción tanto física como verbal. Tampoco muestran ningún interés por las demandas y necesidades de sus hijos, tratándolos con frialdad y mostrando poco afecto hacia ellos.
    Fruto de este estilo educativo, generalmente son niños tristes, vulnerables al estrés y con poca confianza en sí mismos, sin objetivos específicos que en ocasiones manifiestan un comportamiento agresivo (Ibidem).
  • Padres permisivos.El último grupo de padres usa una comunicación muy ambigua de las reglas, bajos niveles de calidez emocional e imparten disciplina de manera inconsistente.
    Esta forma de imponer la disciplina provoca en los niños comportamientos desequilibrados, baja autoestima, escaso autocontrol y tendencia a la impulsividad y al arrogancia (Ibidem).

El autor también afirma la existencia de un proceso de desarrollo Social dinámico, influenciado no solo por los padres sino también por el comportamiento del niño: a través de la retroalimentación, este proceso estructura y modifica los estilos de los padres para adaptarse a las necesidades de desarrollo del niño (Baumrind, 1989, 1991).

Los resultados empíricos han demostrado que los estilos disciplinares no se presentan de forma 'pura', sino que pueden modificarse y adaptarse con el tiempo a los sujetos y circunstancias, gracias a su carácter bidireccional (Bandura, Caprara, Barbaranelli et al., 2003; Caprara y Zimbardo, 1996; Darling y Steinberg, 1993).

Posteriormente, Maccoby y Martin (1983) propusieron que de la combinación de los diferentes pilares de las prácticas parentales, como la afectividad, las peticiones y el control, pueden surgir distintos tipos de familias, cada una con características peculiares y con su propio estilo comunicativo (Maccoby & Martin, 1983 ). En particular hay:

  • Familias autoritativas y recíprocas, gobernado con autoridad firme y razonada, construido sobre la base de claros modelos de comportamiento. Los padres muestran claramente su aprobación o desacuerdo con respecto a la educación de sus hijos sin mostrar elementos de inconsistencia y utilizan una comunicación abierta y bidireccional. Dentro de estas familias hay un ambiente cálido que permite pasar de la solicitud a la colaboración (Sorribes & García Bacete, 1996)
  • Familias autoritarias, caracterizados por la rigidez y la inflexibilidad, hacen cumplir las reglas y regulaciones para sus hijos a través de restricciones y castigos. No se le da importancia a la comunicación, que es unidireccional (de padres a hijos), el único interés de los padres es obtener la obediencia de sus hijos (Berk, 1994)
  • Familias indulgentesse caracterizan por la ligereza, permiten que sus hijos hagan cualquier cosa sin imponer castigos y castigos. A pesar de ello, la comunicación dentro de la familia es abierta, afectiva y democrática.
  • Familias negligentes o indiferentes, dentro de la cual los padres muestran cierta indiferencia hacia el crecimiento de sus hijos, de hecho no se preocupan por sus necesidades y sus demandas (Berk, 1994)

Desarrollo social y relaciones con el grupo de pares

También son destacables las relaciones extrafamiliares en las que se involucra el niño y que contribuyen a su desarrollo Social , especialmente las relaciones que el niño construye con los miembros que pertenecen a su grupo. Las relaciones con los pares son capaces de revelar los mecanismos puestos en marcha para afrontar el mundo social. Estos mecanismos parecen ser estables a lo largo de los años y pueden ayudar a predecir el desarrollo de problemas de adaptación futuros (Rubin, Bukowsky, Parker, 1998).

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Anuncio Para diferenciar las relaciones entre niños y adultos, Hartup (1983, 1989) distinguió las dimensiones de 'horizontalidad' y 'verticalidad'. Los niños que interactúan con los adultos, están involucrados en relaciones verticales, caracterizadas por la asimetría, ya que se establecen entre socios que se encuentran en dos niveles diferentes, desde el punto de vista tanto de las habilidades como de la posición de poder que ocupan dentro de la relación. El adulto, estando en una posición de 'superioridad', brinda al niño cuidados, apoyo, afecto o puede dar órdenes manifestando un comportamiento asertivo. Estas relaciones cumplen la función fundamental de brindar protección y seguridad, por un lado, y de transmitir conocimientos, por otro (Corsano, 2008). Las relaciones que se desarrollan con los compañeros son en lugar de un tipo horizontal y por lo tanto se caracterizan por la simetría, son recíprocas y tienen como objetivo ofrecer al niño la oportunidad de aprender las habilidades de cooperación, competencia, intercambio y toma de roles (Hartup, 1983, 1989). Dentro de las relaciones verticales, los niños están en una posición de inferioridad, solo las relaciones con sus compañeros les aseguran una posición relativamente igual en términos de poder, ya que se asume que los compañeros tienen, por definición, una edad, habilidad y rol similares entre ellos. ellos (Furman y Buhrmester, 1985).

Según Schaffer (2004), las relaciones entre pares parecen particularmente importantes para el desarrollo posterior, precisamente por su dimensión de horizontalidad.

Los académicos han abordado los beneficios de la relación con los compañeros en los niños desde dos puntos de vista: algunos se han centrado en el hecho de que estar con otros niños les ayuda a adquirir diferentes habilidades, no necesariamente relacionadas con la socialización; otros se centraron en el estudio de las habilidades necesarias para sentirse cómodos con los demás y solo más tarde tomaron en consideración los resultados evolutivos relacionados con estas habilidades (Di Norcia, 2009).

En la primera línea de autores surge la importante contribución de Piaget (1932), quien sostiene que las interacciones entre pares pueden ofrecer un contexto único para la adquisición de determinadas habilidades. De hecho, al interactuar con sus compañeros, los niños están llamados a cooperar y estar de acuerdo con alguien que está en su mismo nivel; de esta manera aprenden a adoptar el punto de vista del otro. A partir de estos primeros estudios, empezó a surgir la idea de que la interacción con los pares no solo los favorece desarrollo Social del niño (Hartup, 1983) sino también del intelectual (Carugati & Perret-Clermont, 1999).

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En la misma dirección, Vygotsky (1934) reconoce el papel que juegan las interacciones entre pares en el desarrollo intelectual: el autor destaca cómo las discusiones que pueden surgir dentro del grupo de pares pueden ayudar al niño a resolver problemas, las soluciones son posteriormente internalizado y hecho suyo por el propio niño (Di Norcia, 2009).

Harris (1995), propone una visión extremadamente radical de la importancia de la relación entre pares. El autor llega incluso a afirmar que la conducta de los padres no tiene ningún efecto ya que el único contexto significativo para ella desarrollo Social de los niños es la de los compañeros; de acuerdo con esta idea el socialización ocurre de una manera específica por contexto y por lo tanto el niño aprende de los padres solo el comportamiento que debe mantener en casa, mientras aprende del grupo de pares las normas culturales necesarias para vivir en el entorno externo (Harris, 1995).

La importancia de la relación entre pares se confirma por el hecho de que la pobreza de las relaciones durante la infancia predice un malestar posterior a nivel psiquiátrico (Brown y Dodge, 1997; Kupersmidt y Coie, 1990; Parker y Asher, 1987).

La contribución de los diversos autores ha demostrado que las buenas relaciones entre pares favorecen condiciones únicas para el aprendizaje de habilidades que no se pueden aprender de los adultos (Di Norcia, 2009). Junto a estas oportunidades, las relaciones con los compañeros también pueden tener efectos indeseables. De hecho, varios estudios han demostrado que en algunas situaciones los pares pueden transmitir contenidos que no siempre son positivos y que pueden jugar un papel decisivo en el camino hacia la desviación. Basta pensar en los adolescentes que, dentro del grupo de pares, se involucran en conductas de riesgo como el uso de drogas y acciones violentas (Bonino & Cattelino, 2000).

También se observaron procesos similares entre los niños, que asisten a la escuela primaria o al jardín de infancia, que se involucran en frecuentes conductas agresivas con el objetivo de asumir un papel dominante y ser aceptados por sus compañeros (Costabile, 1996; Boivin, Coie , Dodge, 1995; Rodkin et al., 2000).