La historia reciente ha sido testigo de un cambio de época, que ha visto reafirmados los derechos de las personas con discapacidad en las áreas de educación, trabajo y ocio. Actualmente, un paradigma innovador está contenido en la definición de personas con discapacidad, a saber, el de una especial normalidad, que se compone de fortalezas y criticidades.



La identidad social de los discapacitados en el curso de la historia humana ha sido objeto de destinos alternativos, que a menudo han dado lugar a epítetos denigrantes: desde el castigo de los dioses en la civilización grecorromana hasta la expresión de fuerzas malignas y diabólicas en la Edad Media. , de un bufón de la corte en el Renacimiento a un paciente incurable en el siglo XIX, desdevida que no merece vivirdurante los nazis a diferentes habilidades en la sociedad actual. La historia reciente ha sido testigo de un cambio de época, que ha visto reafirmados los derechos de las personas con discapacidad en las áreas de educación, trabajo y ocio. Actualmente, un paradigma innovador está contenido en la definición de personas con discapacidad, a saber, el de una especial normalidad, que se compone de fortalezas y criticidades.





Castigo de los dioses, chivo expiatorio, deshonra de la raza

La diversidad física ya aparece en algunos grafitis del Paleolítico, a los que se les atribuye un significado positivo, es decir, una multiplicidad que connota la variada fenomenología de la naturaleza humana.

En el pensamiento griego, alimentado por la hagiografía del cuerpo perfecto, la discapacidad despierta condena y desprecio. Los principales filósofos griegos demuestran un ostracismo hacia la diversidad corporal. La ciudad ideal de Platón, por ejemplo, debe estar habitada por individuos perfectos que produzcan hijos sanos. Prescribe un aumento de los acoplamientos entre estos elegidos con un propósito reproductivo, mientras que aboga por una moderación de las costumbres entre losmonstruos, para evitar que la fealdad y la indignidad física tengan una secuela generativa. Aristóteles opina que el Estado debe prevenir la crianza y el cuidado de bebés deformes, que representan un derroche de recursos y energía.

En las primeras sociedades helénicas, la persona discapacitada se considera un chivo expiatorio, que tiene una función social bien codificada. Es fruto de la ira de los dioses y, por tanto, viene al mundo como castigo divino. En la práctica, cuando los dioses tienen alguna controversia con los humanos, aseguran que los productos generativos antropológicos (el esperma del hombre y la menstruación de la mujer) sufren procesos nocivos, que conducen a la generatividad demonstruos. La mayoría de ellos son ejecutados al nacer. Algunos, sin embargo, son criados y destinados a convertirse en chivos expiatorios. En caso de hambruna o eventos naturales fatales, la población elige, de entre estos monstruos que quedan vivos, el objeto más repugnante para sacrificar a los dioses. La ritualidad del sacrificio prevé una sucesión de eventos bien definidos. La persona discapacitada es sacada de los muros, golpeada en los genitales siete veces y finalmente quemada viva en la hoguera. Finalmente, sus cenizas son recogidas y dispersadas en el mar, con el objetivo de apaciguar la voluntad de los dioses (Stilo, 2013, p. 10).

Anuncio Un destino más benévolo aguarda a los discapacitados que tienen un cuerpo no afectado por monstruosidades. Los ciegos y los locos gozan de cierto respeto. Según la mentalidad común, los ciegos no ven lo que está sucediendo en el presente y, por ello, perciben el tiempo futuro y, por tanto, son capaces de predecir eventos. Los locos, en sus delirios, son capaces de hablar con los dioses, por lo que no se debe enemistarlos si se desea disfrutar de la benevolencia divina.

Incluso la cultura judía aborrece al monstruo: de hecho, en el Antiguo Testamento el individuo que tiene alguna deformidad física no puede acercarse a Dios ni siquiera realizar ninguna ofrenda votiva para invocar su indulgencia (Cario, 2014, p. N.).

La civilización romana heredó de la griega el culto a la belleza y al cuerpo perfecto, arquetipo de una supremacía que afirmaría su poder en todo el entonces conocido mundo. Para Séneca, la discapacidad se puede comparar con una vida inútil. En la opinión popular, la monstruosidad de un niño es una vergüenza para todo el linaje. En este sentido, cada recién nacido se somete al rito de ser elevado al cielo, lo que indica que fue acogido por su familia, convirtiéndose en ciudadano romano. En la práctica, inmediatamente después del nacimiento, el niño es llevado por el pater familias, quien, habiendo comprobado su integridad física o moral (los hijos nacidos de relaciones extramaritales son inmorales), lo levanta y lo presenta a los dioses. Si esto no sucede, el recién nacido se expone, es decir, se coloca en un montón de basura, fuera de la casa, y se deja morir (Stilo, op. Cit., P. 8). Incluso en la sociedad romana, los mutilados y los cojos no pueden acercarse a los dioses debido a su indignidad física.

Diabólicos, malvados y bufones

Tras la caída del Imperio Romano, en la época medieval, persiste el estigma negativo que caracteriza a la discapacidad. Se cree que la madre es la principal responsable de la deformidad de su hijo. En otras palabras, la monstruosidad del niño que nace es un espejo de sus faltas, que pueden ir desde el simple adulterio hasta una relación carnal con fuerzas malignas y diabólicas. En este caso, el destino está sellado: ambos arden en la hoguera.

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La Iglesia nutre esta visión de la discapacidad, o más bien como resultado de la intervención de fuerzas diabólicas. El Papa Gregorio Magno es un partidario convencido de esta tesis, por lo que es portador del constructo de que en un cuerpo deformado no puede haber un alma que tenga la gracia de Dios. El obispo Cesario de Arles afirma que la discapacidad es fruto de la lujuria , lo que lleva a no respetar con abstinencia los días que deben dedicarse al Señor, es decir, las fiestas y el período de Cuaresma. Quien no respeta este precepto corre el riesgo de tener hijos con lepra, epilepsia y, por tanto, poseídos por el diablo (Stilo, op. Cit., P. 14).

Sin embargo, a las personas discapacitadas se les permite vagar por las ciudades medievales, especialmente en las fiestas religiosas, con el objetivo de mendigar. Deben ser percibidos pornormalcomo una perenne advertencia que debe recordar la triste suerte reservada a quienes no respetan los preceptos de la Iglesia, lastrando esa situación antropológica ya fuertemente hipotecada por el pecado original y la expulsión del paraíso.

En este período la plaga se convierte en el principal espectro del castigo divino. Se considera el castigo merecido por aquellos que han cometido muchos pecados, especialmente de lujuria. Existe la creencia de que la lepra es una enfermedad de transmisión sexual y, para evitar su propagación, los enfermos deben ser reconocibles.

Por eso llevan una campana colgada del cuello que avisa de su llegada y una cruz amarilla, que se eleva sobre sus ropas. Para mantenerlos alejados de la ciudad con el objetivo de evitar el contagio físico y moral, se construyen los hospitales que los albergan. De esta manera se sientan las bases de ese discurso ideológico, destinado a ser implementado en períodos posteriores, que tiene su paradigma fundacional en la separación de los sanos de los enfermos, o en la marginación de toda diversidad social (Foucault, 1998). En más de una circunstancia, los leprosos se convierten en chivos expiatorios. Famosa a este respecto es la conspiración de la que fueron acusados ​​en 1321 en Francia. En la práctica, se les responsabilizó de haber planeado el fin del reino francés, llevado a cabo mediante la diseminación de la lepra en los ríos y pozos de Francia.

Un destino diferente, entre los discapacitados, está reservado para jorobados y enanos, que se convierten en bufones de la corte, que tienen la tarea de entretener a los nobles. Les tenemos un gran respeto: son los únicos miembros de la corte que pueden darse el lujo de decir lo que piensan incluso de su propio rey.

En ese momento, los locos asumieron el papel social de portadores de la herencia satánica. Se les considera el concentrado de todas las atrocidades y maldades atribuibles a la humanidad. Y es precisamente por eso que deben estar aislados del resto del mundo. Así, se crean las condiciones para aquellas estructuras de segregación que se convertirán en asilos.

La multitud de tontos incluye una humanidad variada, que se compone demendigos, vagabundos, no tenientes, parados, holgazanes, delincuentes, sospechosos políticos, herejes, mujeres de fácil virtud, libertinos ... hijas deshonradas, hijos que despilfarran sus riquezas(Estilo, op. Cit., Pág. 22).

Así, se perfila la división médico-social-cultural entre patologías del cuerpo y patologías de la mente, entre tontos y sabios. Las dos categorías de pacientes se distribuyen en estructuras distintas. Los asilos se extendieron por toda Europa. En algunos de ellos los pacientes son encerrados en jaulas y, pagando una pequeña ofrenda, pueden ser observados en sus extravagancias por la gente.

El ostracismo hacia los discapacitados no tiene tregua. En el catecismo tridentino de 1566 se establecen los requisitos para ser sacerdote. La indignidad, que deriva del ser, se incluye entre las condiciones que no pueden permitir oficiar misa.locos, sanguinarios, asesinos, bastardos… deformados y lisiados. En efectola deformación tiene algo repugnante que puede dificultar la administración de los sacramentos(Estilo, op. Cit., Pág. 23).

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Curable, incurable, productivo, improductivo

Con la Ilustración, el concepto de discapacidad sufrió una profunda transformación. En la práctica, según Diderot, citado en Cario (2014, op.cit., Pag. N.n.), la discapacidad es sintonía con la no perfección de la naturaleza y, como tal, debe considerarse fisiológica.

En este período de tiempo predomina la afirmación de la medicina, como ciencia ejercida por una parte de esa élite que ostenta el poder, es decir, la burguesía.

La discapacidad es medicalizada y tratada en hospitales que, cada vez más, surgen en ese período. Se clasifica según su curabilidad, por lo que los discapacitados se dividen en dos categorías, los curables y los incurables. Entre estos últimos se encuentran los enfermos mentales, cuyo destino es ser internados de por vida.
Con respecto a la discapacidad psíquica, sin embargo, Pinel, el fundador de la psiquiatría moderna, apoya su curabilidad. En su tratado de 1800Tratado médico-filosófico sobre la alienación, citado en Stilo (op. cit., p. 26), propone una cura para la enfermedad mental que incluye dos estrategias terapéuticas. El primero es el alejamiento del paciente del mundo exterior, el segundo es el tratamiento psicológico que consiste en ayudar al paciente a no pensar en sus ideas extravagantes, distrayéndolo con otros intereses. En realidad, esta terapia nunca se aplica, ya que los discapacitados mentales siguen siendo simplemente apartados de la sociedad, a través de la internación forzosa en asilos, donde no reciben atención ni asistencia.

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A mediados del siglo XVIII se inició la reestructuración de los procesos productivos, lo que supuso el nacimiento, en Europa, de las primeras industrias. La introducción de las máquinas en la cadena productiva, que se produjo de forma masiva en el siglo XIX, dio lugar a los primeros discapacitados físicos, cuya discapacidad es provocada precisamente por el uso de estos nuevos medios industriales.

El número cada vez mayor de personas con problemas visuales o deficiencias ortopédicas cambia la percepción social de la discapacidad. En la práctica, se considera una condición a tratar, estudiando todas las ayudas que pueden permitir que estos sujetos vuelvan a estar activos y, por tanto, se utilicen nuevamente en las industrias. Cuando esto no puede suceder, los nuevos discapacitados están condenados a una condición de marginación social.

Tontos de guerra y la vida que no merece vivir

El final de la Primera Guerra Mundial produjo un número muy elevado de personas discapacitadas.Ocho millones de discapacitados, mutilados, ciegos y locos, los llamados tontos de la guerra(Stilo, op. Cit., Pág. 34). La discapacidad adquiere una connotación social diferente, es decir, se ve como una condición que debe respetarse y remediarse, también a través de ayudas económicas.

Anuncio Durante el período de Hitler, hubo una regresión ideológica. El nazismo define la discapacidad como la vida que no merece vivir y se convierte en protagonista de una destrucción masiva de los discapacitados, especialmente aquellos con déficit mental (Friedlander, 1997).

A finales de los años treinta se promulgó el Decreto Ministerial sobre la obligación de declarar a los bebés deformes (Stilo, op. Cit., P. 36). Según esta ley, todo el personal sanitario que tenga conocimiento del nacimiento o existencia de personas discapacitadas que padecen enfermedades psicofísicas está obligada a denunciarlas ante un Comité Nazi, creado para tal efecto. Estos menores son hospitalizados en las salas de eutanasia infantil, que estaban ubicadas en todos los hospitales, donde son dejados morir de hambre o asesinados experimentando con nuevas y poderosas drogas o envenenados por el uso masivo de morfina y barbitúricos. Para los adultos discapacitados, el destino ya está sellado desde hace mucho tiempo: el campo de concentración, seguido de la cámara de gas.

Personas con discapacidad: titulares de derechos inalienables

Desde la década de 1970, la consideración de la discapacidad ha experimentado una verdadera metamorfosis. En Italia, por ejemplo, se han aprobado leyes que han cambiado la percepción social de la discapacidad, o más bien, de la discapacidad por enfermedad a una normalidad diferente. En otras palabras, las personas discapacitadas, a la luz de las nuevas regulaciones, se han convertido en portadoras de derechos, más que en objetos de asistencia pietista.

Al respecto, cabe mencionar lo siguiente:

  • Ley 180 de 1978: es la legislación que cierra los hospitales psiquiátricos, regulando los tratamientos de salud en el campo de la discapacidad mental (Giberti y Rossi, 1983);
  • Ley 517 de 1977, que abrió las escuelas a los discapacitados, promoviendo la integración y creando el rol de profesor de apoyo (Piazza, 1996);
  • Ley 104 de 1992, que reconoció los derechos de las personas con discapacidad a lo largo de todo su ciclo de vida, implementando las herramientas para promover la integración escolar, social y laboral (Diario Oficial N ° 87 de 15 de abril de 1994).

En el ámbito internacional, la mayor revolución la realizó la Organización Mundial de la Salud, que redactó el ICF en 2001. No es más que la clasificación del funcionamiento, la discapacidad y la salud del individuo. Según el paradigma bio-psicosocial, que es la base de este documento, la persona discapacitada tiene recursos y potencialidades que pueden manifestarse o permanecer latentes, dependiendo del entorno en el que viva. En otras palabras, el contexto puede actuar como una barrera, dificultando la manifestación de estos recursos poseídos, o puede ser un facilitador, que incentiva la expresión de estos potenciales. Por este motivo, la discapacidad se entiende como un estado de salud en un entorno desfavorable. (OMS, 2002).

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BIBLIOGRAFÍA:

  • Cario, M. (2014). Breve historia de la discapacidad. Educar. it, Año XIV, N.7, julio de 2014.
  • Foucault, M. (1998). Historia de la locura en la época clásica. Milán: Rizzoli. COMPRAR
  • Friedlander, H. (1997). Los orígenes del genocidio nazi: de la eutanasia a la solución final. Roma: Editores Unidos.
  • Giberti, F. y Rossi, R. (1993). Manual de psiquiatría. Padua: Piccin.
  • Ley 5 de febrero de 1992, n. 104. Ley: un marco para la asistencia, la integración social y los derechos de las personas con discapacidad. G. U. 15 de abril de 1994, n. 87.
  • OMS (OMS) (2002). ICF [CIF], Clasificación Internacional de Funcionamiento, Discapacidad y Salud. Trento: Erickson. DESCARGAR
  • Piazza, V. (1996). El profesor de apoyo. Trento: Erickson.
  • Stilo, S. (2013). La discapacidad en la historia - Tema 1. Roma: Unimarconi.