El concepto actual de salud pasa por superar la prevención en favor de un enfoque que enfatice la promoción de la salud y la mejora de la persona: cultura, escuela y persona son inseparables (Guido & Verni, 2006).

Anuncio En todo el mundo occidental y por lo tanto también en Italia, al final de la Segunda Guerra Mundial, las condiciones de vida y bienestar cambiaron; de hecho, se ha producido una mejora del bienestar económico, se han incrementado los descubrimientos médicos que, a nivel terapéutico y diagnóstico, han contribuido a la eliminación de algunas enfermedades, y se ha desarrollado intervenciones de prevención (De Piccoli, 2016) .



En pocos años hemos pasado de un estado de salud arcaico (caracterizado por un alto porcentaje de enfermedades infecciosas y enfermedades provocadas por la desnutrición) a un estado de salud moderno (patologías cardiológicas y tumorales, por malos estilos de vida saludable, que incluye: estrés , malos hábitos alimenticios, contaminación, sedentarismo, etc.) (Ibidem).

El concepto de salud se define de dos formas diferentes. Según la primera definición, que se atribuye al modelo biomédico, la salud se considera ausencia de enfermedad, entendida como un estado por defecto, que no permite grados, o estar dentro de ciertos límites de tolerancia.

La segunda definición, sin embargo, se atribuye al modelo holístico, se refiere a conceptos positivos, incluyendo el concepto de bienestar, felicidad, logro de las propias metas, realización del potencial propio, no alienación del propio cuerpo, etc.

En este último caso, se debe hacer referencia a dos visiones diferentes, en las que el concepto de salud puede interpretarse de manera positiva.

En primer lugar, el concepto de salud no debe entenderse como una falta de algo, generalmente una enfermedad, sino que debe identificar los requisitos de salud reales y operativos.

Por ejemplo, estar sano podría significar poder realizar diversas actividades (trabajar, cumplir las metas vitales, etc.).

En segundo lugar, podemos referirnos a un concepto positivo real, en relación con el cual la salud representaría una situación óptima, o un ideal que tenga en cuenta la posibilidad de optimizar la condición de un individuo, en relación no solo con la dimensión biológica. , fisiológicos y psicológicos, pero también a factores heterogéneos, como los propósitos y valores personales y / o culturales, el rol social o la perspectiva fenomenológica del sujeto (Morandi Corradini, 2019).

Esta condición es cambiante, de hecho está representada a lo largo de un continuo que va de un estado de salud a un estado de enfermedad y el sujeto puede acercarse o alejarse de ellos.

Un concepto de salud que ha sido y es objeto de debate es el expresado en la Constitución de la Organización Mundial de la Salud.

En este caso la noción de salud no solo se define en referencia a características positivas, sino que también se concibe en un sentido ideal: no nos conformamos con alcanzar algún nivel mínimo o un estado de default, sino que aspiramos al adjetivo completo, al alcanzar un buen estado de óptimo. Esta última definición ha suscitado varias críticas, ya que nadie podía pretender estar sano (Morandi Corradini, 2019).

La psicología también ha hecho una contribución con respecto a los estudios del bienestar, en particular una rama de la psicología: la psicologia positiva . Los estudios se dividen en dos perspectivas diferentes (Ryan & Deci, 2001): la perspectiva hedónica y la perspectiva eudaimónica.

El primero analiza el bienestar subjetivo (BS = bienestar subjetivo) y lo conduce principalmente a la dimensión afectiva (presencia de emociones positivas y ausencia de emociones negativas) y a la satisfacción con la vida (Diener, Kahneman, & Schwarz, 1999).

La segunda perspectiva, en cambio, se refiere al 'bienestar psicológico' (PWB = bienestar psicológico) y básicamente se refiere a la autorrealización (considerada como una actualización de los potenciales, recursos y predisposiciones individuales), a la construcción de significados y al compartir de objetivos. (Ryff y Keyes, 1995; Keyes y Haidt, 2003).

A partir de estos estudios es posible afirmar que la salud no se corresponde con el resultado de elecciones individuales, separadas del contexto social, porque (como se dijo anteriormente) la salud no toma en consideración aspectos biomédicos, sino también agrupa e involucra aspectos inherentes a la salud. existencia, llamando, por tanto, a las políticas sociales a intervenir no solo en términos de salud (De Piccoli, 2016; Salud, 1986).

la familia ante la discapacidad

Las políticas sociales para intervenir han desarrollado intervenciones preventivas en el contexto social (Cristini & Santinello, 2012); Por prevención entendemos la adopción de una serie de comportamientos para poder protegerse de futuros males.

En general, la prevención se refiere a cualquier actividad dirigida a prevenir peligros y males sociales de diversa procedencia (Dionisotti & Bembo, 1966).

A la hora de desarrollar intervenciones preventivas, por un lado las intervenciones se basan en la improvisación y las sensaciones que se sienten en ese momento (sin seguir patrones preestablecidos); por otro lado, en cambio, se adopta una actitud de rígido determinismo en la que se cree que se puede encontrar una fórmula que se puede aplicar en diferentes contextos, obteniendo los mismos resultados (Cristini & Santinello, 2012).

En el primer caso, se obtendrán intervenciones que serán originales y diseñadas ad hoc, sin embargo podría existir el riesgo de realizar intervenciones de mala calidad, en términos de eficiencia y efectividad.

En el segundo caso, se presta total atención al uso de un paquete de prevención preempaquetado y rigor metodológico, independientemente de las características de los actores involucrados y del contexto en el que se realiza la intervención; el riesgo, en este caso, es perder de vista las características distintivas de los sujetos, la realidad de la vida y las diferentes perspectivas y, en consecuencia, proponer paquetes de prevención que no se pueden implementar de manera efectiva.

Una correcta intervención preventiva debe ser capaz de mezclar ambas formas de operar: evitar, por tanto, la adopción de metodologías preempaquetadas y utilizar estrategias preventivas basadas en la imaginación y finalmente, crear programas ad hoc que se adapten a las necesidades locales. .

Para crear programas de prevención, es importante saber qué hacer (por ejemplo, para prevenir el consumo de sustancias), los motivos por los que pretendes intervenir y con quién quieres intervenir (por ejemplo con profesores, padres, etc.).

Anuncio Las razones por las que se emprende un proyecto de prevención son muchas: una podría deberse a que muchas veces los servicios no logran identificar de manera oportuna y adecuada a los jóvenes que viven en situaciones de malestar y malestar (Cristini & Santinello, 2012).

Para iniciar intervenciones preventivas, uno de los pasos más importantes es identificar los factores de riesgo; o aquellas características o condiciones que aumentan el riesgo de desarrollar una molestia o un problema.

Los factores de riesgo incluyen:

  • Factores ambientales de riesgo: todos aquellos estímulos ambientales que pueden causar problemas;
  • Factores de riesgo individuales o intrapersonales: corresponden a todas las características de personalidad u otras variables psicológicas que pueden incrementar los riesgos de incurrir en conductas problemáticas o causar malestar;
  • Factores de riesgo microambientales: características e influencias de los contextos en los que el individuo está en contacto indirecto (por ejemplo, la familia, la escuela, el grupo de pares, etc.);
  • Factores de riesgo macroambientales: características de la comunidad con la que el individuo está en contacto indirectamente, pero que ejerce alguna influencia (por ejemplo, el barrio, la ciudad o el campo, etc.).

Sin embargo, la prevención por sí sola no es suficiente para identificar y prevenir riesgos, por lo que hemos pasado al concepto de promover los factores y habilidades protectores que están presentes en el individuo (Cristini & Santinello, 2012).

El concepto actual de salud implica, de hecho, superar la prevención en favor de un enfoque que enfatice la promoción de la salud y la mejora de la persona: cultura, escuela y persona son inseparables (Guido & Verni, 2006).

Por promoción entendemos un proceso a través del cual el individuo puede aumentar el control sobre su salud y mejorarla (Health, 1986).

Promover la cultura de la salud significa concienciar al sujeto de sus propias elecciones, ayudarlo a tomar una decisión y lograr que la salud y el bienestar se conviertan en verdaderos estilos de vida (Guido & Verni, 2006).

Volviendo a la primera definición que se planteó anteriormente, por factores protectores entendemos aquellas condiciones o características que aumentan la posibilidad de adaptación, de mantener o incrementar un estado de bienestar y salud y reducir la posibilidad de desarrollar malestar o poner en Actuar conductas problemáticas (Cristini & Santinello, 2012).

Los factores de protección incluyen:

  • Factores de protección ambiental, personas o características ambientales que pueden ayudar al individuo a evitar ciertos comportamientos;
  • Factores de protección individual, características personológicas o rasgos de personalidad que pueden ayudar al individuo a evitar determinadas conductas (Cristini & Santinello, 2012).

Tanto la prevención como la promoción se utilizan en el entorno psicosocial; sin embargo, los dos conceptos difieren. Las principales diferencias se remontan al objetivo que se pretende alcanzar con las intervenciones, la definición de bienestar y la importancia relativa que se da a los resultados de desarrollo positivos o negativos.

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Las intervenciones preventivas intervienen sobre los factores de riesgo, para reducir la probabilidad de que el sujeto desarrolle un trastorno o comportamiento disfuncional; Las intervenciones de promoción, en cambio, aumentan las conductas orientadas a mejorar el bienestar y no tienen la prevención de un trastorno específico de forma primaria y específica (Ibidem).

Finalmente, en las intervenciones de prevención se hace hincapié en los trastornos o problemas que se deben prevenir, o en los denominados resultados negativos del desarrollo. En las intervenciones para promover el bienestar y el desarrollo positivo, se hace hincapié en los denominados resultados de desarrollo positivo y la condición de bienestar general (Cristini & Santinello, 2012).