Simone Zignani, ESTUDIOS COGNITIVOS DE ESCUELA ABIERTA

diez principios para una terapia de pareja eficaz

El TEA se diferencia del TEPT en la gravedad de los síntomas, que no son atribuibles a un trastorno de asentamiento común, y en su apariencia: el trastorno incluye tanto la experiencia traumática como los síntomas manifestados dentro de 1 mes del trauma.



Introducción

El trastorno de estrés agudo, que ya emerge de la respuesta que el individuo da a un evento traumático, surge durante el primer mes posterior a la experiencia traumática.
Los síntomas incluyen disociación, evitación, excitación elevada, dificultad para concentrarse, entre otros; también puede predecir el trastorno por estrés postraumático.
En el siguiente artículo discutiremos los elementos cognitivo-conductuales de este cuadro clínico, así como las posibles opciones de tratamiento eficaz.

1. Trastorno de estrés agudo

El Trastorno de Estrés Agudo (TEA) se introdujo en DMS IV para dar visibilidad a la situación de sufrimiento severo vivido durante una experiencia traumática, que posteriormente puede dar lugar al Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).
En el DSM 5 se define según unos criterios peculiares, entre los que recordamos (American Psychiatric Association, 2013):
- Exposición a una situación de fuerte amenaza, para la vida o la integridad física (esto también incluye la dimensión sexual), para ellos mismos o para los demás.
- La posible aparición de pensamientos intrusivos o disociaciones.
- Incapacidad para sentir emociones positivas.
- Síntomas de evitación, tanto a nivel cognitivo como conductual.
- Irritabilidad, dificultad para concentrarse o hipervigilancia

La influencia ambiental, la respuesta conductual, emocional y cognitiva del sujeto son componentes evidentes de este cuadro clínico, en el que la TCC puede estar bien insertada.

El TEA se diferencia del TEPT en la gravedad de los síntomas, que no son atribuibles a un trastorno de asentamiento común, y en su apariencia: el trastorno incluye tanto la experiencia traumática como los síntomas manifestados dentro de 1 mes del trauma ( Barton y Blanchard, 1996).

2. Síntomas disociativos en el TEA

Anuncio También existen síntomas disociativos como desrealización, despersonalización, amnesia disociativa durante el evento traumático (disociación peritraumática) o posterior al mismo (Cardeñña, 2011).
Si bien los síntomas disociativos predicen un trastorno de estrés postraumático más grave y problemático, también es cierto que la mayoría de los casos de TEA por debajo del umbral cumplen todos los criterios de diagnóstico, excepto los relacionados con la disociación (Harvey y Bryant, 2003).
Esto implica una necesidad de cuidado, acompañamiento y tratamiento que, más allá del diagnóstico, sigue siendo adherente a la experiencia traumática vivida y metabolizada por la persona, que no necesariamente tiene la misma interpretación o respuesta conductual que otra (La Mela, 2014) .
Además, la disociación es una defensa que el individuo utiliza como respuesta a una experiencia muy fuerte y traumatizante para evitar el dolor, que para algunos individuos es más fácil y por lo tanto preferible (Koopman & al, 1995).
Los propios criterios diagnósticos son bastante matizados, donde la evitación y la disociación son dos caras de una misma moneda (Cardeñña, 2011); en última instancia, el propósito de todas estas manifestaciones es evitar el dolor.

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3. Consecuencias del trauma

Las respuestas que dan los individuos durante el evento estresante tienen un beneficio inmediato porque permiten soportar o evitar la carga cognitiva o emocional de la situación, sin embargo cuando estas conductas disociativas o de evitación persisten se vuelven disfuncionales (Koopman & al, 1995 ).
La sintomatología del TEPT, de hecho, puede vincularse a esa primera respuesta, que luego se reitera para evitar recordar o revivir el trauma, activando una serie de mecanismos de mantenimiento del trastorno (La Mela, 2014) que no permiten procesar ese dolor que nunca ha sido elaborado e integrado en la experiencia del individuo.
Por tanto, será apropiado, en este caso, centrarse primero en el mantenimiento del síntoma y luego profundizar en la experiencia y hacer accesible la parte disociada de la experiencia.

Los estímulos ambientales procesados ​​serán enfatizados en su dimensión relacionada con el peligro y el miedo (Bryant & Harvey, 1997) para la formación de patrones mentales relacionados con el trauma construido en torno a creencias disfuncionales (La Mela, 2014), por lo tanto, luego del trabajo sobre los mecanismos de mantenimiento será necesario detenerse en estos núcleos para reelaborar su contenido.
Revivir los síntomas (como fenómenos disociativos o pensamientos intrusivos) relacionados con el TEA no implica necesariamente un alto nivel de estrés correlacionado, un factor presente en el TEPT (Bryant y Harvey, 1997); sin embargo, en presencia de disociación, el nivel de La ansiedad experimentada es mayor, por lo que además del contenido, también es importante el modo de funcionamiento del individuo, y al adoptar estrategias más disfuncionales también experimentará un mayor sufrimiento psicológico.
De igual forma, el entorno relacional circundante puede reducir el uso de estrategias disociativas o incluso reforzarlas, especialmente en el entorno familiar (Bryant & Harvey, 2000), activando o inhibiendo, por ejemplo, el patrón disfuncional cargado de contenidos relacionados con el miedo.

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