los trastorno de oposición desafiante (DOP) es un trastorno del comportamiento que ocurre en niños en edad escolar o preescolar y se caracteriza por un estado de ánimo colérico e irritable y por comportamientos vengativos y de oposición, que ocurren con frecuencia durante un período de al menos seis meses.

Trastorno de oposición desafiante



¿Qué es el trastorno de oposición desafiante?

Los criterios de diagnóstico también especifican que los síntomas deben presentarse todos los días durante al menos seis meses para los niños menores de 5 años y al menos una vez a la semana en los casos de aparición superior a los 5 años (APA, 2014).

El niño que sufre trastorno de oposición desafiante A menudo se pelea con adultos y compañeros, se niega a cumplir con las solicitudes y las reglas, a menudo se ríe cuando lo regañan, irrita deliberadamente a los demás y los acusa de sus errores. Este modo de comportamiento compromete significativamente el funcionamiento tanto en el hogar como en la escuela, interfiriendo negativamente en la relación con los profesores y los padres, así como en la relación con los compañeros. Dependiendo de la gravedad, este trastorno puede afectar solo a una o todas las áreas indicadas (APA, 2014).

Se han propuesto varias hipótesis para explicar la etiología del trastorno negativista desafiante ; algunos de ellos se refieren a factores de riesgo temperamentales, como alta reactividad emocional, baja tolerancia a la frustración o rasgos de hiperactividad (Bates, Bayles, Bennett, Ridge y Brown, 1991).

Otras hipótesis, en cambio, atribuyen mayor importancia a aspectos ambientales, como prácticas educativas demasiado rígidas e inconsistentes (Bearss & Eyberg & Hoza, 2002), inestabilidad familiar o exposición a cambios particularmente estresantes (Cambpbell, 1998) así como negligencia o abuso.

En particular, se cree que una educación demasiado rígida puede establecer un círculo vicioso en el que se preste mayor atención a los aspectos conductuales problemáticos del niño. De esta forma, el propio niño hace suya la imagen del niño 'malo' y esto lo lleva, paradójicamente, a repetir más conductas no deseadas. Por otro lado, la falta de refuerzo de las acciones positivas corre el riesgo de eclipsarlas de modo que el niño se sienta menos animado a implementarlas (Farrugia et al, 2008).

Anuncio Además, si en el seno de la familia se presentan dinámicas agresivas como riñas violentas o incluso golpizas, es posible que el niño asuma el modelo aprendido de las figuras de referencia y también lo vuelva a proponer en otros contextos como el de los pares.

los trastorno de oposición desafiante con frecuencia ocurre en comorbilidad con otras psicopatologías del desarrollo. Se ha destacado, en particular, la frecuencia con la que ocurre en asociación con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (Loeber y Keenan, 1994).

Con respecto al pronóstico, si se desarrolla durante la infancia el trastorno de oposición desafiante Con frecuencia resulta en un trastorno de conducta, especialmente si los síntomas predominantes son los relacionados con la provocación y la venganza. Sin embargo, no todos los niños diagnosticados con trastorno de oposición desafiante posteriormente desarrollan un trastorno de conducta (APA, 2014).

Para sujetos caracterizados por un predominio de síntomas relacionados con la ira y la irritabilidad, es más probable la aparición de un trastorno emocional.

Generalmente niños con trastorno de oposición desafiante corren mayor riesgo como adultos de desarrollar problemas de control de impulsos, abuso de sustancias, ansiedad y depresión (Hanish, Tolan y Guerra 1996). Este riesgo hace que sea imprescindible intervenir, tras el diagnóstico, con un tratamiento precoz y específico.

Tratamiento de trastorno de oposición desafiante

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Diferentes tipos de tratamiento del trastorno negativista desafiante involucrando tanto al niño como a la pareja de los padres. Generalmente, se prefiere la combinación de intervenciones que han mostrado mayor efectividad en la literatura, es decir, aquellas enfocadas en brindar estrategias educativas más adecuadas a los padres, en mejorar las habilidades relacionales del niño, sus habilidades de resolución de problemas y manejo de la ira.

Además, en casos de mayor deterioro, también se puede considerar el uso de terapia con medicamentos.

Con frecuencia, el tipo de tratamiento difiere según el grupo de edad de los sujetos involucrados. Para los niños en edad preescolar, la intervención a menudo se centra solo en la psicoeducación dirigida a los padres; para la edad escolar, en cambio, es más eficaz el trabajo con la escuela, así como la intervención psicoeducativa de los padres y la terapia individual con el niño. Por último, para los adolescentes la modalidad de tratamiento más eficaz es la terapia individual asociada con la formación de los padres (AACAP, 2009).

En todos los grupos de edad, la intervención individual basada en la mejora de las habilidades de resolución de problemas ha demostrado ser muy eficaz para mejorar el comportamiento de los niños y adolescentes con diagnóstico de trastorno negativista desafiante (AACAP, 2009).

Capacitación en manejo de padres

La intervención dirigida a los padres produce resultados significativos en la reducción de las conductas sintomatológicas del trastorno de oposición desafiante en todos los grupos de edad. los capacitación en manejo de padres enseña a los padres de forma práctica a afrontar el comportamiento de sus hijos de forma positiva y les proporciona técnicas disciplinarias y supervisión adecuadas para la edad del niño. Este método de procesamiento se basa en los siguientes principios (ACCAP, 2009):

  • Incrementar positivamente la crianza de los hijos mediante una supervisión constante y de apoyo;
  • Promover el establecimiento de una disciplina autorizada;
  • Disminuir las prácticas parentales ineficaces, como el uso de castigos severos o que se enfocan en conductas negativas;
  • Promover la capacidad de implementar castigos adecuados de conductas de oposición / destructivas;

La Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA) de los Servicios Humanos y de Salud de EE. UU. (US-HHS) ha informado de varios tipos de entrenamiento para padres :

  • Años increíbles (para niños hasta 8 años)
  • Entrenamiento para padres positivos de Triple P (para niños hasta 13 años)
  • Terapia de interacción entre padres e hijos (PCIT) (para niños de hasta 8 años)
  • Centro de resolución colaborativa de problemas (para niños de hasta 18 años)
  • El Programa de Transiciones para Adolescentes (ATP) (para niños de 11 a 13 años)

Entre estos, el terapia de interacción entre padres e hijos (PCIT) tiene una característica particular en que, a diferencia de otros cursos de psicoeducación, involucra no solo a la pareja parental sino también al niño.

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los PCIT fue diseñado para niños de 2 a 8 años, con una amplia gama de comportamientos y emociones problemáticos en conjunto con dificultades familiares, dividido en dos fases precisas: Interacción dirigida por el niño (CDI) e Interacción dirigida por los padres (PDI). La primera fase se centra en el niño y en el fortalecimiento del vínculo seguro entre padres e hijos, la segunda enfatiza la importancia de un uso constante de la disciplina y las directivas dadas por los padres.

Los fundamentos teóricos del CDI se pueden encontrar en la teoría del apego y en el principio según el cual en los años preescolares el niño es más susceptible a las respuestas dadas por los padres que a las dadas por sus compañeros o figuras de referencia escolares y esto tiene una influencia decisiva. sus respuestas conductuales (Eyberg, Schumann y Rey, 1998). También se cree que las conductas problemáticas se mantienen mediante un estilo relacional coercitivo que se establece en la díada padre-hijo, en la que ambas partes intentan dominar y controlar la conducta de la otra (Patterson, DeBaryshe y Ramsey, 1989).

El objetivo del tratamiento es reducir las conductas problemáticas mediante la enseñanza de nuevas formas de refuerzo positivo que el padre puede implementar con el niño, para aumentar el sentido de efectividad de este último. La adquisición de estas técnicas tiene lugar en un entorno en el que el terapeuta guía activamente al cuidador. De esta manera, el adulto recibe una retroalimentación inmediata sobre la efectividad de los refuerzos aprendidos y luego podrá repetirlos de forma independiente incluso dentro del contexto doméstico.

Se planifican sesiones semanales de una hora, para un tratamiento promedio de unas 14 sesiones (con un mínimo de 10 y un máximo de unas 20 sesiones), sin embargo los padres continúan la intervención hasta demostrar que han aprendido a dominar correctamente el método.

Los principales objetivos de la terapia interacción padre-hijo en comparación con el niño son:

  • Construir una relación entre padres e hijos basada en estrategias de atención positivas;
  • Reducir el nivel de frustración y enojo del niño;
  • Ayude al niño a sentirse seguro y tranquilo en la relación con el cuidador;
  • Incrementar la autoestima y las habilidades de juego del niño (Hood & Eyberg, 2003).

Los principales objetivos de la terapia interacción padre-hijo en comparación con el adulto son:

  • Enseñe a los padres técnicas específicas que puedan ayudar al niño a escuchar las instrucciones y seguirlas;
  • Ayudar a los padres a desarrollar una mayor confianza en el manejo del comportamiento de sus hijos tanto en el hogar como en público;
  • Enseñar a los padres a comunicarse con un niño con una atención relativamente corta;
  • Educar a los padres para que enseñen a sus hijos nuevas habilidades sin causar frustración en ambos (Hood y Eyberg, 2003).

En la práctica, esta terapia se lleva a cabo en un entorno que incluye dos habitaciones conectadas entre sí a través de un espejo unidireccional para que el terapeuta pueda ayudar en la interacción de la díada sin interferir.

Tanto para las fases CDI como PDI hay momentos de psicoeducación donde se explican los fundamentos teóricos que subyacen a las nuevas habilidades relacionales que se les enseñarán a los padres, alternando con modelos y juegos de rol.

Durante el CDI, se incrementa la capacidad del adulto para prestar atención positiva y reforzadora a los comportamientos positivos del niño, dando menos peso a los negativos.

Se proporcionan indicaciones en frases de elogio que el padre puede utilizar para reforzar comportamientos deseables, al mismo tiempo se explica cómo parafrasear y poner en palabras el lenguaje del niño, para que sea capaz de expresar sus emociones a través del canal verbal y así encontrar una salida. también a través de palabras y no solo actuando acciones destructivas. (Herschell et al., 2002)

Para no centrar demasiado la atención en las conductas negativas, se recomienda evitar órdenes, preguntas o críticas excesivamente firmes que se puedan experimentar como demasiado intrusivas.

Después de la primera sesión, el terapeuta y el padre se comunican a través de un equipo inalámbrico donde el terapeuta está equipado con un micrófono y el padre con un auricular, lo que permite una comunicación activa donde el terapeuta recomienda técnicas específicas paso a paso.

Los primeros cinco minutos de cada sesión se registran para verificar el progreso del aprendizaje, informando cada habilidad específica en un gráfico que sirve como retroalimentación inmediata. También se proporcionan tareas que consisten en 5 minutos diarios de interacción niño-padre en los que estos últimos pueden poner en práctica las habilidades aprendidas en la sesión (Chaffin, Funderburk, Bard, Valle & Gurwitch, 2011).

La terapia de interacción entre padres e hijos ofrece la oportunidad de participar en sesiones grupales (90 minutos) en las que hay 3 o 4 familias y en las que se trabaja unos 20 minutos con cada díada mientras el resto de padres observan y retroalimentan.

La efectividad del PCIT ha sido probada estadística y clínicamente por una mejora significativa en las técnicas de interacción de los padres y los comportamientos de los niños tanto en la escuela como en el hogar (Eisenstadt, Eyberg, McNIel, Newcomb y Funderburk, 1993), los padres también informan una mayor confianza en sus habilidades hacer frente al comportamiento agresivo de los niños, la frustración y la angustia de ambos.

Entrenamiento de habilidades cognitivas para la resolución de problemas (CPSST) para el tratamiento del trastorno negativista desafiante

los Entrenamiento de habilidades cognitivas para la resolución de problemas (CPSST) es una modalidad de tratamiento del trastorno negativista desafiante que forma parte del enfoque cognitivo-conductual.

La intervención tiene como objetivo reducir el comportamiento inapropiado y perturbador mediante la enseñanza de nuevos métodos para hacer frente a situaciones altamente activantes para el niño.

El supuesto teórico detrás de esto es creer que las personas con trastornos de conducta y la agresión presentan distorsiones en los procesos cognitivos y por ello se ofrece un amplio abanico de alternativas cognitivas que pueden generar consecuentemente soluciones alternativas a los problemas interpersonales, ejercitando a los niños para que se detengan en las consecuencias de sus acciones, identificando el significado propio y ajeno. gestos y la percepción de lo que otros pueden sentir (Kazdin, 1997). El enfoque cognitivo se centra en la forma en que el individuo percibe, decodifica y experimenta el mundo. La agresión no está en sí misma dictada por los eventos, sino más bien por la forma en que se perciben y procesan, atribuyendo hostilidad intencional a otros (Crick y Dodge, 1994). Se empuja al niño a explorar nuevas posibilidades, hasta ahora nunca consideradas, que no implican el uso de respuestas negativas, convirtiéndolas en parte integral de sus posibilidades de acción.

A menudo el niño con trastorno negativista desafiante de hecho, presenta un rango reducido de respuestas a los estímulos del mundo exterior, por lo que persiste en el uso de los negativos. Usando técnicas cognitivas y conductuales y centrando la atención en el niño más que en la pareja de los padres o en la tríada, el CPSST ayuda a los jóvenes a aumentar su autocontrol sobre los pensamientos, acciones y emociones y a interactuar adecuadamente con sus compañeros y adultos mediante la exploración de nuevas perspectivas y soluciones. Las nuevas técnicas de resolución de problemas intervienen en el cuestionamiento de los pensamientos disfuncionales y consecuentemente modifican la conducta (Kazdin, 1996).

Aunque existen varias variaciones de este método, los supuestos constantes son el enfoque paso a paso para hacer frente a los problemas interpersonales, dirigido a centrar la atención en ciertos aspectos del problema que conducen a la definición de una solución eficaz. Las nuevas soluciones prosociales adoptadas (modelado y refuerzo directo) son parte integral de la terapia. Se prevé el uso de juegos, actividades e historias para metabolizar y adoptar las nuevas habilidades aprendidas (Kazdin, 1997).

Durante el tratamiento, se atiende al niño semanalmente durante aproximadamente una hora durante un período que va desde unos pocos meses hasta un año. La parte cognitiva del proyecto consiste en cambiar su visión falaz y estrecha de la vida cotidiana, comparar las interpretaciones irracionales relacionadas con el comportamiento de los demás, disputar los supuestos disfuncionales subyacentes a los comportamientos problemáticos y elaborar soluciones alternativas junto con el terapeuta. A partir de un ejemplo específico (como una suspensión por agredir físicamente a una pareja), el terapeuta analiza el incidente con el niño investigando los pensamientos y emociones que se sienten en ese contexto. Al rastrear un solo evento, la atención se centra en el papel activo que tuvo el niño en la interacción (en este caso con su pareja), para mejorar su insight. Por lo tanto, la reflexión se dirige hacia adentro y ya no hacia factores externos. Al otorgar importancia a la contribución de uno en la relación, el niño adquiere un nuevo valor, y también es de fundamental importancia socavar la imagen rígida y global que el niño tiene de sí mismo como 'malo' (Kazdin, 1996).

Los aspectos conductuales, por otro lado, se refieren al modelado de nuevos comportamientos positivos, el juego de roles y el uso de recompensas por nuevos comportamientos aprendidos. Se evalúan en conjunto un abanico de posibilidades alternativas para reaccionar a los estímulos activadores a través de una lluvia de ideas entre el niño y el terapeuta, estableciendo juntos cada paso en la dirección de la meta establecida.

Al niño también se le asignan tareas destinadas a implementar las nuevas formas de pensar y actuar desarrolladas en la sesión, las tendrá que poner en práctica en casa, en la escuela y con el grupo de compañeros. Se le puede dar para anotar los pensamientos negativos que pueden ocurrir durante unos días. El terapeuta puede pedirle al niño que haga un experimento: intente implementar uno de los pensamientos y comportamientos alternativos vistos juntos y compare los resultados dados por su aplicación. El niño será recompensado en la siguiente sesión con elogios, abrazos o puntos ganados que lo acerquen a una recompensa predeterminada (Kazdin, 1997).

Entrenamiento de habilidades sociales para el trastorno de oposición desafiante

Una nueva intervención para el trastorno de oposición desafiante es el que se enfoca en mejorar las habilidades sociales ( Entrenamiento de habilidades sociales ), lo que, por tanto, enseña al niño a interactuar de forma más positiva y adecuada con sus compañeros.

Este tipo de intervención es particularmente eficaz cuando se realiza en un contexto de la vida habitual del niño, como la escuela o el grupo de referencia de pares, con el fin de obtener una mayor generalización del aprendizaje (AACAP, 2009).

Anuncio Es un modelo de intervención derivado del conductista cuya base teórica consiste en creer que los niños pueden aprender y utilizar nuevas habilidades a través de la observación, la escucha y el modelado. También se cree que el uso de varios refuerzos puede aumentar la frecuencia de los comportamientos deseados (Smith, 1996).

El uso de programas de aprendizaje de habilidades sociales se basa en la evidencia de que a menudo sintomatología del trastorno negativista desafiante interfiere significativamente con el funcionamiento social ya que muchos niños y adolescentes con esta condición muestran dificultades específicas para reconocer y evaluar las señales sociales (Tasman et al, 2015). En particular, tienden a interpretar los eventos y el entorno circundante de una manera distorsionada, típicamente como una amenaza (Hendren, 1999).

Una intervención de Entrenamiento de habilidades sociales por lo tanto, tiene como objetivo mejorar la flexibilidad, las habilidades interpersonales y la tolerancia a la frustración para ayudar a los niños y adolescentes a reducir los comportamientos problemáticos que resultan de la incapacidad para manejar la ira y contener su enfoque para desafiar las reglas (AACAP, 2009 ).

Este objetivo se persigue recurriendo al uso de cuatro técnicas principales (Marini, 2015):

  • Demostración del uso apropiado de las habilidades objetivo. Estas habilidades deben seleccionarse en base a objetivos adecuados a la edad de desarrollo del paciente, el contexto ambiental en el que se inserta y una observación precisa y recopilación de información sobre las conductas que más comprometen su funcionamiento (Smith, 1996). );
  • Juego de roles del paciente en situaciones interpersonales;
  • Intervenciones correctivas de retroalimentación;
  • Reforzamiento.

Un ejemplo particular de entrenamiento en habilidades sociales empleado en tratamiento del trastorno negativista desafiante es el ART de entrenamiento de reemplazo de agresión (Goldstein, Glick & Rainer 1987), que integra estrategias destinadas a promover el uso positivo de las habilidades sociales, el manejo de la ira y el razonamiento moral, en lugar de alternativas conductuales de oposición o agresivo (Flamez & Sheperis, 2015).

El método ART es un programa estructurado y multimodal que combina el uso de técnicas de terapia cognitiva y terapia conductual.

Según los autores de este tratamiento, las conductas agresivas se componen de un componente afectivo, conductual y cognitivo. Por tanto, el programa tiene como objetivo intervenir en todos los diferentes aspectos involucrados, enseñando conductas prosociales, que inciden en el componente conductual, el control de la ira, que concierne al componente afectivo y el razonamiento moral que se refiere al componente cognitivo (Goldstein et al 1987). .

Al desarrollar el razonamiento moral aprendes lo que no debes hacer, con las técnicas de autocontrol frenes el automatismo entre la provocación y la agresión y así aprendes a evitar hacer lo que no debes hacer, con el aprendizaje de habilidades sociales uno aprende con qué reemplazar la propia agresión (Manin, 2004).

De acuerdo con el manual original (Goldstein, Glick & Rainer 1987), el programa ART se divide en 10 semanas, con un total de 30 horas de intervención realizadas en grupos de 8-12 niños, tres veces por semana.

En detalle, el componente conductual de la ART consiste en el entrenamiento de habilidades sociales, dirigido a enseñar un comportamiento prosocial a sujetos que carecen de estas habilidades o muestran una fragilidad específica en estos aspectos (Kaunitz et al 2010). A nivel teórico, el método se basa en la teoría del aprendizaje social de Bandura (1973).

El manual proporciona una lista de verificación que consta de 50 habilidades sociales deseadas para permitirle identificar qué temas faltan y, por lo tanto, en qué debe centrarse la intervención. Sin embargo, se garantiza cierta flexibilidad para poder modificar o reemplazar algunas de estas habilidades en función de las características específicas de cada paciente (Kaunitz et al 2010).

Las habilidades sociales que los niños aprenden a través de este entrenamiento específico se encuadran en una de las 6 categorías que componen todo el programa e incluyen (Goldestein, 1994):

  1. Habilidades sociales iniciales (por ejemplo, iniciar una conversación, presentarse, hacer un cumplido).
  2. Habilidades sociales avanzadas (por ejemplo, pedir ayuda, disculparse, dar instrucciones).
  3. Habilidades para manejar las emociones (por ejemplo, lidiar con la ira de alguien, expresar afecto, manejar el miedo).
  4. Alternativas a la agresión (por ejemplo, responder a las burlas, negociar, ayudar a otros).
  5. Habilidades para afrontar el estrés (por ejemplo, prepararse para una conversación estresante).
  6. Habilidades de planificación (por ejemplo, establecimiento de objetivos, toma de decisiones).

El componente del programa relacionado con el manejo de la ira, por otro lado, tiene sus fundamentos teóricos en los primeros trabajos sobre el control de la agresión de Novaco (1975) y Meichenbaum (1977).

Es un programa que consta de varias fases secuenciales. En primer lugar, se ayuda a los sujetos a comprender cómo tienden a percibir e interpretar la conducta de los demás de una manera que despierta la ira. Por tanto, el trabajo se centra inicialmente en la capacidad de identificar los desencadenantes internos y externos que desencadenan reacciones agresivas.

Luego trabajamos en el reconocimiento de pistas físicas (por ejemplo, contractura muscular) que permiten al niño / joven comprender que la emoción que está experimentando es de ira. Posteriormente, se introduce el uso de recordatorios como autodirecciones (por ejemplo, 'mantener la calma') o explicar el comportamiento de los demás de forma no hostil junto con la introducción de técnicas destinadas a reducir la ira, como la respiración profunda, contar hacia atrás, imaginar una escena pacífica o las consecuencias de la propia conducta, técnicas que el terapeuta demuestra el uso correcto (Kaunitz et al 2010).

Finalmente, a los pacientes se les enseña la técnica de la autoevaluación, es decir, a elogiarse o premiarse en todos aquellos casos en los que ha sido posible implementar un adecuado manejo de la ira (Goldestein, 1994).

Finalmente, el tercer componente del programa ART , formación en razonamiento moral, se basa en el modelo teórico de desarrollo moral de Kohlberg (1973).

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El propósito es incrementar el razonamiento moral para que el individuo pueda tomar decisiones más apropiadas en situaciones sociales. Este objetivo se persigue mediante debates en grupo sobre dilemas morales. Concretamente, el líder del grupo presenta dilemas en los que los sujetos pueden elegir entre diferentes alternativas de comportamiento, motivando su elección. El manual proporciona diez situaciones estructuradas para ofrecer a los participantes del grupo la oportunidad de considerar el punto de vista de los demás (Kaunitz et al 2010).

Tratamiento farmacológico para el trastorno negativista desafiante

Es posible intervenir en el tratamiento del trastorno negativista desafiante también mediante el uso de terapia con medicamentos. Sin embargo, cabe destacar que hasta la fecha no existen fármacos específicos para tratamiento del trastorno negativista desafiante y no se ha demostrado que el uso del fármaco solo sea eficaz como modalidad de intervención para esta patología (AACAP, 2009).

Los fármacos pueden utilizarse como parte de un tratamiento más amplio e integrado, especialmente en los casos en los que están presentes otros trastornos comórbidos (Connor, 2002; Pappadopulos et al., 2003, Schur et al., 2003, Steiner et al., 2003) como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastornos de ansiedad o trastornos del estado de ánimo.

Los fármacos utilizados principalmente son psicoestimulantes, estabilizadores del estado de ánimo y antidepresivos. Los primeros, en particular Ritalin, se utilizan en casos de comorbilidad entre trastorno de oposición desafiante y TDAH y se ha demostrado que es eficaz para reducir los síntomas del comportamiento (Connor y Glatt, 2002; Newcorn et al., 2005).

Si bien un número más limitado de investigaciones sugiere que el uso de estabilizadores del estado de ánimo y antidepresivos puede ayudar en el tratamiento de niños y adolescentes que, además de un trastorno de oposición, también tienen ansiedad o trastornos del estado de ánimo, como depresión bipolar o mayor (Steiner et al., 2003, Steiner et al., 2003).

Finalmente, a pesar de la falta de investigación sobre el tema, los antipsicóticos atípicos como la risperidona representan en la actualidad el fármaco prescrito principalmente para el tratamiento de conductas agresivas asociadas a trastorno de oposición desafiante .

Sin embargo, es importante subrayar que los comportamientos agresivos y de oposición pueden, en algunos casos, reflejar cambios ambientales temporales. Por lo tanto, el uso de fármacos en estas circunstancias puede inducir una atribución errónea de eficacia a la farmacoterapia en lugar de una estabilización del contexto ambiental y, por tanto, puede provocar una exposición innecesaria de los niños a los posibles efectos secundarios del fármaco (AACAP, 2009).

Conclusiones

Por tanto, existen diferentes posibilidades de intervención en el tratamiento del trastorno negativista desafiante. Sin embargo, la integración de diferentes métodos sigue siendo el enfoque electoral y con mayor efectividad encontrada (ACCAP, 2009).

Dadas las importantes recaídas que presentan los síntomas característicos de trastorno de oposición desafiante puede tener en el funcionamiento a largo plazo del niño y, por lo tanto, en la edad adulta, sigue siendo esencial que la identificación y el tratamiento del trastorno sean tempranos y que se prefieran las intervenciones basadas en la evidencia.

Cada tratamiento propuesto representa una posibilidad de intervención que la lectura reporta como efectiva para el trastorno de oposición desafiante , con o sin otras patologías comórbidas. Sin embargo, la aplicación de dichos protocolos no debe realizarse de forma mecánica y acrítica sino que es fundamental, para el éxito de la intervención, modular el procedimiento con respecto a las características y características específicas del niño y su familia.

Finalmente, tenga en cuenta que el tratamiento farmacológico, aunque no se considera una elección para el trastorno de oposición desafiante sin embargo, existe la posibilidad de ser evaluado por un neuropsiquiatra infantil, en los casos en los que los síntomas sean particularmente graves e incapacitantes y / o estén presentes otras patologías asociadas que comprometan significativamente el funcionamiento del niño.

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Psicopatología del desarrollo

Psicopatología del desarrolloLa psicopatología del desarrollo surge de la integración de varias disciplinas que incluyen neurociencia, etología, psicología clínica, psicología del desarrollo.