EMDR y trastornos sexuales, escrito por Elena Isola y Bruna Maccarone, lleva al lector a un conocimiento profundo de dos constructos: la sexualidad como elemento fundamental de la experiencia subjetiva y E.M.D.R (Desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular), como método para el tratamiento de algunas patologías ampliamente difundidas en la actualidad.



Anuncio La sexualidad es un aspecto central del ser humano a lo largo de la vida [...]'Apoya a la Organización Mundial de la Salud, definiendo los aspectos del sexo , identidad, rol de género, orientación sexual, erotismo, placer, intimidad y reproducción, extendiendo el concepto a aspectos importantes y transversales de nuestro ser.





La sexualidad no es un deber, es un placer compartido, no es una actuación, sino una búsqueda íntima de contacto, no es ansia , pero un lugar seguro para encontrarse con su ser querido. Esto es parte del mensaje del libro. Parte marcada por la presencia del evento traumático y el inicio del trauma , freno feroz de la intimidad y la libertad de entregarse al otro para acceder al desarrollo, construcción y libre goce del derecho a la satisfacción sexual; De ahí el papel del sexólogo, arqueólogo de las memorias implícitas, incrustadas en los tejidos de nuestra vida, que junto al paciente excava y propone una solución, el EMDR acude en ayuda como una herramienta adicional en la caja de herramientas del profesional.

EMDR y trastornos sexuales, escrito por Elena Isola y Bruna Maccarone, lleva al lector a un conocimiento profundo de dos constructos; la sexualidad como elemento fundamental de la experiencia subjetiva y la E.M.D.R (Desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular) como método para el tratamiento de algunas patologías muy extendidas en la actualidad.

investigación cuantitativa y cualitativa

Con sus palabras Isabel Fernández explica que el EMDR nació como un método innovador en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático, convirtiéndose luego en el punto de referencia para el tratamiento de muchas psicopatologías, hasta que resultó ser una intervención eficaz y dirigida en el contexto de la sexología.

El objetivo de este libro es precisamente compartir buenas prácticas en este ámbito de intervención.

La sexualidad, depurada de elementos como tabúes y estigmas, se narra a lo largo del eje histórico a la luz de los desarrollos clínicos y científicos, donde la actitud investigadora ha prevalecido sobre los prejuicios sociales, culturales y religiosos, tomando prestado el modelo BioPsicoSociale (BPS ) el concepto de cuidado. De aquí nace la idea de utilizar EMDR en el tratamiento de los trastornos sexuales, colocando al profesional de la salud en condiciones de trabajar a nivel cognitivo, emocional y corporal. La enfermedad vista en una perspectiva más amplia, así como la patología sexual como expresión específica, de hecho no se enmarca en el marco puramente biológico, sino que se define con la visión multidisciplinar; por tanto, la relación entre el sujeto y el medio eclipsa el interés exclusivo por el síntoma / patología (relación causa-efecto inducida por un factor etiológico biológico).

El cambio de enfoque es claramente observable en DSM 5 , donde del análisis del texto surge y 'destaca la importancia del criterio del malestar, del malestar subjetivo que siente el paciente. [..] La importancia que se le da a la valoración del malestar en el diagnóstico de disfunción sexual resalta la trascendencia del aspecto subjetivo y relacional en esta área.Posteriormente, el manual utiliza un lenguaje y conceptos más dentro de la competencia del profesional. El modelo teórico, desglosado y explicado con buena pluma, conduce al lector al campo de la práctica clínica, rica en herramientas útiles pero, probablemente, poco práctica para el profano.

Anuncio Un capítulo dedicado a la subdivisión nosográfica de los trastornos sexuales sigue al bien desarrollado y conciso sobre la historia de la sexología. Este último tema, que puede resultar interesante para el no competente, sin duda formativo para el profesional, a partir de la explicación psicopatológica que nos brinda Freud, lleva al lector a enfrentarse a las últimas lecturas multidimensionales. Los autores presentan el disfunción sexual definiéndola como una anomalía en el proceso que genera el ciclo de respuesta sexual o dolor asociado a la relación sexual.

Y aquí no nos abandona el papel de la calidad de la relación interpersonal que se encuentra en la lectura del párrafo que clasifica las disfunciones sexuales femeninas. Este elemento caracteriza ahora la visión presentada por los autores. Los últimos subrayan cómo:

hoy hay acuerdo en definir el deseo sexual como un constructo complejo que debe insertarse en una perspectiva multidimensional. En particular, el deseo femenino sería más matizado y genital que el masculino, articulado principalmente en torno a la calidad de la relación..

Tengo miedo de amarte

En la práctica clínica, los profesionales trazan la descripción de los trastornos sexuales en el DSM5, referencia compartida por la comunidad científica y clínica; en el trabajo de comprensión, el lector no se queda solo en el rigor nosográfico. Los autores, para hacer más utilizable el significado nosográfico actual de las patologías, proponen una comparación entre las definiciones propuestas en las versiones anteriores del DSM y las actuales.

En la profundización, la nueva forma de pensar, de acercarnos al mundo a través de nuestro ser global, hombres y mujeres saborean el sabor del cambio a través del cual se produce la comprensión y remisión del trastorno sexual. En otras palabras, lleve un estilo de vida más saludable; aspecto que está en línea con los resultados de estudios recientes en el campo etiopatológico en los que los investigadores aún no habían prestado atención (por ejemplo, la inflamación crónica). Propuesta reforzada por los autores cuando argumentan que

la sexualidad del nuevo milenio se dirige hacia lo que parecemos o queremos ser, y eso nos aleja de las relaciones interpersonales y sociales que son la base de un camino común entre un hombre o una mujer.

Con un estilo lingüístico valioso, los autores explican de manera comprensible pero no superficial el proceso que conduce a la génesis de la traumatización y, sobre todo, cuáles son los efectos en el sujeto víctima de experiencias traumáticas. Cuando los trastornos sexuales se deben a un origen traumático 'el uso del método EMDR demuestra ser un tratamiento eficaz y decisivo'. Esto favorece el procesamiento e integración de experiencias estresantes.

En última instancia, los trastornos sexuales surgen como respuesta a diferentes aspectos de la experiencia de la persona. Cuando el origen se remonta a la condición traumática, el trabajo psicoterapéutico puede integrarse con el EMDR. Para concluir, la teoría del apego es el trasfondo del que surge el marco conceptual que delinea el protocolo EMDR para el tratamiento de las disfunciones sexuales, cuyas fases específicas del tratamiento se enumeran en el capítulo dedicado al profesional.

Tras un cuidadoso análisis de las fases y sugerencias teóricas organizadas en párrafos estructurados como herramientas, un ejemplo de caso clínico ayuda al lector en la lectura práctica del trabajo clínico. No solo se tiene en cuenta el trato al individuo, sino también a la pareja. Esto completa el abanico de posibilidades de tratamiento que puede implementar el profesional.