La crisis de salud que vivimos hoy, debido a la emergencia del covid-19, ha tenido un gran impacto en la carga de trabajo de los trabajadores de la salud, su fatiga física y su bienestar psicológico, aumentando exponencialmente los riesgos de desarrollar síndromes de Burnout.



Morelli Elisabetta y Poli Eleonora - ESCUELA ABIERTA Psicoterapia cognitiva e investigación, Mestre





Anuncio Las profesiones del sector salud se caracterizan, más que otras, por una implicación interpersonal constante y un contacto con el sufrimiento humano. Los médicos y enfermeras, con un trabajo en equipo multidisciplinario, tratan a diario a pacientes que arriesgan su vida (Yoguero et al., 2017). La participación emocional es inevitable y, si puede brindar satisfacción y un sentido de eficacia personal, es para algunos una fuente de fuerte estrés y riesgo de agotamiento .

Se demuestra que un elemento clave para el éxito del tratamiento del paciente es la empatía manifestado por la figura tratante (Walocha, Tomasewski, Wilczek-ruzyczka & Walocha, 2013). Aumenta el cumplimiento del paciente y la confianza en la terapia, mejora el pronóstico de la enfermedad y la satisfacción del paciente, y reduce el número de acciones legales contra el médico (Decety, Smith, Norman & Halpern, 2014; Fulop, Devecsery , Hausz, Kovacs y Csabai, 2011). Los pacientes también suelen recomendar al médico si se le reconoce como empático (Zenasni, Boujut, Woerner & Sultan, 2012).

En definitiva, ahora está claro que la empatía en las profesiones de la salud representa un elemento importante que, asociado a una mejor capacidad clínica y eficacia en la atención, produce un efecto positivo en la calidad de vida de los pacientes así como del médico tratante que evalúa la relación con los pacientes como fuente de mayor satisfacción personal.

Sin embargo, la empatía, aunque es una fortaleza, a veces puede volverse arriesgada, especialmente en un entorno sanitario donde uno tiene que lidiar con las situaciones más angustiantes emocionalmente: enfermedad, muerte y sufrimiento en todas sus formas. Esta dolorosa realidad puede ejercer presión sobre los profesionales de la salud y provocar fatiga compasiva, agotamiento, estrés profesional y todo lo cual puede resultar en una baja sensación de logro y un agotamiento emocional severo.

jung y arquetipos

¿Qué es exactamente la empatía? Hay varias definiciones de empatía en la literatura. Singer (2006), por ejemplo, define la empatía de esta manera: empatizamos con los demás cuando existe un estado afectivo que es isomorfo al estado afectivo de otra persona, que se ha despertado al observar o imaginar un estado emocional. de otra persona y cuando sabemos que el estado afectivo de la otra persona es la fuente de nuestro estado afectivo. En otras palabras, la empatía es la capacidad de ver el mundo como lo ven los demás, no juzgar, comprender los sentimientos de los demás y mantenerlos distintos de los propios. Es un constructo multidimensional caracterizado por dos componentes principales: empatía emocional y empatía cognitiva. La empatía emocional, también llamada contagio emocional, es una respuesta automática que nos lleva a sentir la misma emoción que siente la persona que tenemos enfrente. La empatía cognitiva más sofisticada consiste en la capacidad de comprender los estados internos de otras personas y tomar su punto de vista. Es un proceso intencional que involucra recursos ejecutivos y la capacidad de autorregular las emociones sentidas. Ambas formas son necesarias porque una persona podría entender bien lo que el otro piensa y siente, sin 'sentirlo'. emociones del otro y tener compasión por él, o una persona puede contagiarse y abrumarse por las emociones de los demás, sin entender lo que sucede y distinguir sus propios contenidos mentales de los del otro.

Por tanto, la empatía es sinónimo de calidad asistencial y mejor resultado terapéutico. Pero, ¿cuáles son las consecuencias a largo plazo de esta actitud empática? ¿Es una fuerte implicación emocional con el paciente también beneficiosa para el médico mismo o puede causar estrés, agotamiento emocional y potencialmente conducir al agotamiento? La crisis sanitaria que vivimos hoy, por la emergencia COVID-19 , ha afectado en gran medida la carga de trabajo de los trabajadores de la salud, su fatiga física y su bienestar psicológico. La rápida propagación de la epidemia, la escasez de recursos e instalaciones de atención equipadas, la gestión de turnos estresantes, la escasez de personal y el continuo enfrentamiento a situaciones de sufrimiento extremo han aumentado exponencialmente los riesgos de desarrollar síndromes de agotamiento.

El Burnout, definido como la “patología de la relación de ayuda” (Galam, 2007), es un estado de agotamiento físico, emocional y mental debido a la implicación a largo plazo en situaciones laborales de alta demanda emocional. Este estrés ocupacional crónico tiene implicaciones tanto personales como interpersonales. Disminuye el interés por el trabajo y por el bienestar del paciente, conduce a una menor comunicación y a una pérdida de actitud activa hacia el mundo exterior. Según el modelo de Maslach, el burnout se define por tres dimensiones interrelacionadas: agotamiento emocional, despersonalización y baja satisfacción personal. El agotamiento emocional se manifiesta con una pérdida de entusiasmo en el trabajo y un sentimiento de impotencia, atrapado y derrotado. La persona puede experimentar síntomas como dolor de cabeza, agresión e irritabilidad, aislamiento, ansia es depresión , trastornos del sueño , hasta la posibilidad de incurrir en conductas de riesgo. La despersonalización se produce cuando la figura sanitaria se vuelve cínica y comienza a tratar al paciente con indiferencia, lo objetiva y desarrolla una actitud negativa hacia sus compañeros y la profesión. La sensación de escasez autoefficacia se caracteriza por el alejamiento del individuo de sus responsabilidades, el desapego del trabajo y la tendencia a adoptar un autoconcepto negativo como consecuencia de situaciones sin recompensas y gratificaciones personales (Ferri, Guerra, Marcheselli, Cunico & Di Lorenzo, 2015; Romani y Ashkar, 2014). Si las consecuencias del Burnout son considerables en el individuo, también lo son en el lugar de trabajo. El profesional no puede ayudar a los demás, lo que reduce la calidad de la atención y aumenta la insatisfacción del paciente. Además, las demoras en el trabajo, el absentismo y los despidos implican altos costos para la empresa.

Burnout y empatía están estrechamente vinculados pero en la literatura hay resultados contradictorios sobre la naturaleza de esta relación. Esto refleja la variedad de hipótesis que intentan explicar la relación causal entre la aparición del burnout y la empatía (Thirioux, Birault & Jaafari, 2016; Vévodová, Vévoda, Vetešníková, Kisvetrová & Chrastina, 2016). ¿Puede la empatía ser la causa del agotamiento o, por el contrario, puede representar un factor protector? Según la teoría de la compasión (Figley, 2002), el burnout está ligado a un exceso de empatía, lo que lo hace más vulnerable a los factores estresantes inherentes a la profesión; por el contrario, según la teoría de la disonancia emocional (Bonino, 2006), el burnout estaría asociado a una pobre capacidad empática que se encuentra sobre todo en personas con rasgos alexitímicos (Gleichgerrcht & Decety, 2013), es decir, que tienen dificultades para identificar, diferenciar y describir. las emociones propias en asociación con representaciones mentales empobrecidas de los estados emocionales propios y ajenos.

¿Qué teoría acreditar? Se puede lograr claridad considerando los dos componentes principales de la empatía: el emocional y el cognitivo. La empatía emocional actúa como un reflejo y nos hace sentir involuntariamente lo que siente la otra persona, su sufrimiento y esto puede llevarnos a una hiperactivación y una gran angustia. El malestar de los pacientes y su constante necesidad de atención y escucha les conducirá a un agotamiento emocional y a experimentar un estado extremo de tensión, preocupación e incapacidad para desapegarse de los problemas de los pacientes. En este caso, el estado emocional negativo experimentado provocará que se tome una acción para reducir el malestar sentido y no el de la otra persona, resultando en la incapacidad de brindar una atención compasiva y hacer diagnósticos efectivos. Esta alta angustia personal, acompañada de un desapego del otro, para protegerse del sufrimiento, lo expondrá a un alto riesgo de síndrome de burnout (Hunt, Denieffe & Gooney, 2017).

Anuncio La empatía cognitiva le permite representar los estados mentales de uno mismo y del otro como entidades distintas y regular las propias emociones en diferentes situaciones. Una persona con buenos niveles de empatía cognitiva podrá identificar a qué emociones pertenecen y, durante la participación empática, podrá operar la participación interpersonal correcta con el paciente mientras protege sus propios límites emocionales (Hunt et al., 2017). Aquí entonces el médico, así como el paciente, se beneficiarán y se sentirán satisfechos de la interacción y la relación de cuidados con la consiguiente reducción de los riesgos potenciales de desarrollar burnout. La capacidad de regular las propias emociones es fundamental. Sin esta capacidad, un exceso de empatía emocional podría ser perjudicial para el bienestar del profesional sanitario y conducir a la incapacidad de ayudar realmente al paciente. La empatía emocional solo puede ser útil cuando está mediada de forma adaptativa por la empatía cognitiva y la capacidad de autorregularse; de ​​lo contrario, puede convertirse en un peligro. La literatura ha demostrado que la vulnerabilidad a la angustia en las profesiones de enfermería está específicamente relacionada con los déficits en la regulación de las propias emociones negativas (Decety et al., 2014). Los médicos que tienen dificultades para describir, identificar y regular sus emociones parecen ser más propensos al agotamiento emocional, el desapego y un bajo sentido de logro. Por el contrario, la capacidad de autoconciencia / conciencia del otro y de regular las propias experiencias emocionales parece contribuir al sentido de compasión que proviene del cuidado de los pacientes en la práctica clínica (Gleichgerrcht y Decety, 2013).

Por lo tanto, el intercambio emocional con una autorregulación deficiente y una capacidad reducida para adoptar la perspectiva del otro puede provocar angustia personal, lo que disminuye la preocupación empática y el comportamiento prosocial. Por el contrario, la empatía funcional viene dada por un buen equilibrio entre las dimensiones emocional y cognitiva. Ser demasiado empático con el dolor ajeno sin tener la capacidad de regular las propias emociones acaba generando el síndrome de la empatía, también conocido como fatiga por compasión. Charles Figley (2002) lo define como un estado de profundo cansancio y preocupación incesante por haber ayudado a personas que han pasado por situaciones difíciles o traumáticas.

Por tanto, el enfoque ideal para los profesionales sanitarios debería ser el de unempatia clinica(Zenasni et al., 2012), lo que evita ser demasiado compasivo y comprensivo, pero sin ignorar las reacciones emocionales y los sentimientos de los pacientes. Implica comprender las experiencias y perspectivas internas del paciente como un individuo separado, combinado con la capacidad de comunicar esa comprensión al paciente. L 'empatia clinicadebe incluir la capacidad de distinguir el yo del otro de tal manera que no experimente sus propias emociones y sufrimientos. Esto protege a largo plazo del agotamiento, la despersonalización y ayuda a prevenir el agotamiento (Ekman & Halpern, 2015; Juszkiewicz & Debska, 2015).

A la luz de los beneficios que un enfoque empático puede aportar al bienestar psicofísico de los profesionales sanitarios y de los pacientes, y los elevados costes sociales y económicos que puede conllevar el Burnout, resulta útil evaluar qué estrategias se pueden utilizar para potenciar las habilidades empáticas de los profesionales de la salud evitando el agotamiento. Los enfoques basados ​​en la evidencia y el empuje tecnológico en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes, ciertamente fundamental y precioso, pueden hacernos perder la perspectiva humana sobre el paciente y llevar a la falsa idea de que la empatía es ajena a todo esto y que no tiene relevancia. en el proceso de tratamiento y cuidado.

A nivel organizacional, en el lugar de trabajo, es importante fomentar interacciones personales positivas y crear un sentido de pertenencia al grupo, brindar retroalimentación positiva al trabajador de salud, cuidar su bienestar y potenciar su actitud empática (Haramati, Cotton, Padmore, Wald y Weissinger, 2017; Yoguero et al., 2017). En cuanto a la intervención sobre el individuo, se ha visto que la empatía es una habilidad que se puede aprender y desarrollar mediante la educación y la práctica. La formación empática ha resultado eficaz tanto en estudiantes universitarios como en médicos y enfermeros ya iniciados en la profesión. Se enfocan en habilidades como prestar atención a los demás, saber escucharse a sí mismo y a los demás, saber autocontrolarse y autorregularse sus reacciones emocionales, aprender a escuchar activamente, ganar mayor conciencia de las emociones y prejuicios que juegan un papel en la relación de ayuda (Cunico, Sartori, Marognolli & Meneghini, 2012).

Prácticas de atención plena han demostrado un efecto significativo en la reducción del agotamiento entre los profesionales de la salud (Surguladze et al., 2018). El Mindfulness podría considerarse de forma más generalizada como una actitud para afrontar las situaciones emocionales que cada día, especialmente en este período, viven los trabajadores sanitarios con un enfoque en la experiencia actual. Desde esta perspectiva, la conciencia podría tener un efecto positivo en la regulación de las emociones en situaciones emocionales cotidianas, reduciendo así la ansiedad y el estrés y contribuyendo al mantenimiento de la empatía.

La empatía en las profesiones de la salud es un ejercicio exigente que requiere flexibilidad cognitiva y altos niveles de autorregulación. Estos recursos cognitivos pueden verse limitados debido al trabajo exigente y altamente estresante que expone a médicos y enfermeras a una mayor vulnerabilidad al Burnout.

Es importante saber reconocer las emociones negativas que suscita la experiencia diaria y saber que existe la posibilidad de hablar de ellas y del burnout en el ámbito laboral, sin correr el riesgo de ser estigmatizado. Fomentar programas de formación en empatía se convierte, por tanto, en un objetivo fundamental para promover el bienestar profesional, especialmente en un momento histórico como el que atravesamos.