Creo que todos tenemos algunos pacientes a quienes, por decirlo suavemente, terapia no ayudó y, para decirlo claramente, eran dioses fracasos terapéuticos .

GUIJARROS DE PSICOPATOLOGÍA GENERAL (COLUMNA) - LEER LA INTRODUCCIÓN



Creo que todos tenemos algunos pacientes a quienes, por decirlo suavemente, psicoterapia no ayudó y, para decirlo claramente, fueron nuestro fracaso. Aquellos de ustedes que van a decir que esto no le concierne, primero corran a abrir la ventana para que la nariz no encuentre obstáculos al alargamiento. Personalmente a veces pienso que para mí esta es la norma y es que no hay nadie que se recupere gracias a mi trabajo. Creyendo como buen popperiano que precisamente de estos casos podría derivar una mejora en mi trabajo, he hecho una lista que está en lo más alto de la agenda de mi agenda de proyectos a implementar bajo el nombre de 'Proyecto: entender algo‘.

Anuncio Los proyectos posteriores en la agenda se benefician enormemente porque el solo hecho de navegar por esa lista de nombres me irrita y asocio comentarios como: 'Resistencias insuperables‘, ‘El era un idiota‘, ‘No quería curar‘, ‘Las ventajas secundarias eran demasiado convenientes para él.‘, ‘Demasiado tonto‘.

Si con la luz del sol puedo contener los fantasmas de tales fracasos terapéuticos , por la noche reaparecen sugiriendo un cambio profesional que solo mi total incompetencia en todo y por tanto la imposibilidad de colocar en el mercado laboral, sumado al hecho de que tengo una familia, me excluye. Pero creo que decirlo, al menos entre nosotros, podría ser útil y dejar de creer que las cosas realmente van como en los breves ejemplos clínicos que encontramos y escribimos en los libros en los que todo se resuelve a la perfección y en poco tiempo.

Fracasos terapéuticos: reconocer el problema

El primer paso es reconocer el problema. Imagino un grupo de autoayuda de terapeutas anónimos en el que te presentas diciendo 'Mi nombre es Roberto Lorenzini soy un terapeuta pipón que no puede parar, solo los pacientes que se suicidan no se bajan al menos para no considerar el gesto definitivo como tal'. Como aporte al grupo de autoayuda, pruebo algunas reflexiones sobre el tema fracasos terapéuticos. Mientras tanto, la incurabilidad debe distinguirse de la incurabilidad.

El primero no es del paciente sino que habla de la relación del paciente con un terapeuta específico que adopta terapias específicas: por tanto, el problema radica en el encuentro entre estas cosas y no se puede referir a ninguna de ellas de forma individual.

Por otro lado, la incurabilidad se refiere exclusivamente al paciente y su patología y existe en todos los campos de la medicina, tanto que nunca se ha abandonado el hábito de morir. Como aporte al grupo de autoayuda, hago algunas reflexiones sobre la categoría de los incurables, dividiéndolo a su vez en dos grupos.

El papel de los problemas no resueltos del terapeuta

El de los incurables no de psicoterapia cognitivo sino de Roberto Lorenzini que indican un problema, no en el terapia cognitivo sino en mí mismo. No los aburro con las categorías de pacientes que me son intolerables porque revelarían mis problemas sin resolver y me avergüenzan y les importa un bledo. Lo importante es el concepto general de que los pacientes que nos son intolerables nos reportan nuestro problema porque están luchando en una trampa que nos aprisiona a nosotros también y no podemos ayudarlos o hemos salido brillantemente de ella y los envidiamos.

Cada uno tendrá el suyo fracasos terapéuticos y por lo tanto sus pacientes intratables, a quienes será mejor renunciar a menos que se resuelvan primero sus nudos internos. Lo que puedo recomendar a los compañeros del grupo es muy trivialmente estar al tanto de ellos (por eso les invito a identificarlos) y no hacerlos cargo.

Antes de pasar a una categoría superior de fracasos que no concierne al terapeuta individual, que somos nosotros, sino a una determinada aproximación terapéutica, concretamente la cognitiva, con grandes categorías de pacientes, conviene permanecer en el fracasos terapéuticos individuales para evaluar las consecuencias, riesgos y peligros y evitar el terrible fenómeno del terapeuta fugitivo cuyas heridas en él mismo y en el paciente, a menudo he tenido que intentar remediar. Al igual que cada uno de nosotros, dijimos antes, ha tenido fracasos terapéuticos o tiene una capacidad extraordinaria para el autoengaño, por lo que todos habrán vivido las historias de un paciente sobre su anterior terapeuta al sentirse indignados, avergonzados de la pertenencia común y con ganas de denunciar al colega. No se preocupe, tiene muchas posibilidades de que le describan de la misma manera al próximo terapeuta.

ser padres de un niño discapacitado

¿Cómo es posible que un terapeuta se vuelva hostil hacia su paciente e incluso si no termina lastimándolo deliberadamente? Es importante entender esto y ser consciente de ello porque le puede pasar a todo el mundo incluso con pacientes que no pertenecen a las categorías de personalmente intolerables mencionadas anteriormente y en ocasiones son pacientes en los que nos hemos gastado con entusiasmo y de los que, luego, encargamos el muñeco con la faceta copiada del perfil del face-book a la costurera frente al estudio para utilizarla como pin-holder, en el período inmediatamente anterior a la deserción, que en este caso se configura como legítima defensa.

Pensemos en lo que transforma al amante curador de almas en la bestia del Apocalipsis. Quienes hacemos nuestro trabajo tienen los más variados defectos psicopatológicos pero uno tiende a unirnos, y es una hipertrofia del sistema asistencial. Sobre él construimos nuestra profesión y nuestra propia identidad. Un paciente que no mejora a pesar de nuestros esfuerzos invalida nuestra identidad. Estamos en la misma situación que una madre que no encuentra la manera de detener el llanto desesperado de su bebé. Lo ha dado todo, está agotada pero no es suficiente. Su llanto inconsolable es una afrenta a su papel. El contenedor de basura se convierte en un riesgo real. O, menos dramáticamente, somos como la mujer que está convencida de que ella es la única que amablemente se entrega y es rechazada. Quien le haya hecho semejante afrenta será su enemigo para siempre.

Afortunadamente, los pacientes no entran en los basureros pero podemos golpearlos de otra manera, culpándolos de la falta de éxito y con mil pequeñas burlas que solo el conocimiento de su psique nos permite hacer en la punta del papel de aluminio. Por supuesto, esta reacción iatrogénica inconsciente a fracasos terapéuticos tanto mayor cuanto más la profesión de cuidador (de hecho, no sólo concierne a los psicoterapeutas) es una vocación real, vivida como una misión que da sentido a la vida. Aquellos que lo hacen como cualquier otro trabajo no son peligrosos. Por ejemplo, solo las enfermeras que querían aliviar el dolor del mundo probablemente evolucionarán hacia los ángeles de la muerte. Ciertamente no quién se encontró haciéndolo porque era el único trabajo accesible.

Dejamos a los individuos, nuestra mezquindad personal, los basureros, las damas rechazadas y las enfermeras asesinas en serie para que se ocupen de asuntos más generales.

Fracasos terapéuticos y terapia cognitiva

El aspecto más interesante para pensar en términos de fracasos terapéuticos y que nos puede empujar a nuevas reflexiones teóricas y aprender nuevas técnicas es el de los pacientes, motivados, que comparten y comprenden perfectamente el trabajo terapéutico pero siguen sufriendo. No son intolerantes con el terapeuta, sino sólo superficialmente raspados por terapia cognitiva . Es como si la neocorteza nos siguiera con pasión siempre dispuesta a estar de acuerdo con nosotros, pero amygdale, el resto del cerebro y todo el cuerpo continuaban con las viejas formas de funcionamiento. Mi experiencia es no tener más armas. No yo personalmente sino el modelo general y la práctica que conozco. Esto no significa que el modelo y la práctica sean incorrectos, sino que no se adaptan a todos.

Anuncio Me parece que muchas prácticas terapéuticas de la llamada tercera ola y en particular el EMDR, el modelo de Porges y el modelo de Pankseep indican formas de acceso al cambio en el SNC a partir del cuerpo y emociones efectivas en no respondedores al TCC clásico. Lo que sigue siendo fundamental para el cambio, y que ha sido el caballo de batalla ganador del conductismo y el cognitivismo, es la exposición, excepto que no será exposición a nuevas ideas sino a emociones o incluso a sensaciones corporales. Solo señalo marginalmente que cambiar a través de la exposición a las experiencias es la forma normal en que los seres humanos cambian con el tiempo, moldeados por las experiencias que viven.

Los modelos cognitivos de funcionamiento normal y patológico no deben rechazarse en absoluto. Describen con agudeza el funcionamiento a nivel de la corteza y de la conciencia (en mi opinión mejor que los otros modelos en el campo psicoterapéutico) pero esta flota en un mar de circuitos más arcaicos que producen emociones y sensaciones que, precisamente por ser fundamentales para la supervivencia y recompensadas por La evolución, aunque en intercambio con ella, no está totalmente controlada por ella y mantiene una cierta autonomía especialmente en situaciones de amenaza.

Tarea ambiciosa (un poco como la 'Proyecto de psicología científica'Por Freud) podría ser intentar un modelo unitario guiado por neurocientíficos que intentan mapear todo el SNC y sus interconexiones. Esto sería seguido por el desarrollo de una terapia sin más adjetivos calificativos de los que incluiría psicoterapia , fisioterapia, farmacoterapia, intervenciones sociales y de rehabilitación y que diferirían no al inicio sino en el encuentro con el paciente individual en el que calibrar el lenguaje más apropiado para hablar con su SNC.

Esta es una tarea cuyo encanto sólo es superado por su dificultad y con mucho gusto se la dejo a mis jóvenes colegas dotados de herramientas concretas y conceptuales inimaginables para mí.

Sin embargo, mientras tanto, ¿qué hacemos en la práctica clínica? Creo que debemos adoptar una perspectiva pragmática y utilizar lo que funciona. Considere que la teoría cuántica que es la base de todas las herramientas tecnológicas más sofisticadas inventadas en los últimos 80 años tiene inconsistencias teóricas que aún no tienen solución. Quiero decir que todo terapeuta puede asociar la familiaridad con algunas de estas técnicas al conocimiento del TCC eligiendo aquellas que mejor se adapten a su forma de ser. Luego, frente a cada paciente y la formulación de su funcionamiento en términos clásicos, intentará alcanzar los objetivos planteados utilizando el lenguaje que ese individuo en particular es capaz de comprender.

Hasta la fecha no existe ningún test que nos diga qué es más efectivo para cada uno (pero no quiere decir que no se pueda elaborar) y considerando que una intervención de 360 ​​° sería demasiado compleja, cara y difícil de entrenar para un operador capaz de implementarla. Creo que podemos proceder, más humildemente por ensayo y error.

tener miedo de todo

Personalmente, pero solo por mis características, tendería a proceder de arriba hacia abajo (una forma refinada de decirde arriba a abajo) partiendo de las intervenciones más cognitivas y corticales para bajar a la base cerebral y al cuerpo. Sin embargo, creo que otros podrían hacer todo lo contrario. Única recomendación en caso de fracasos terapéuticos En vista: no insistir en estrategias ineficaces y sobre todo no culpar al paciente con conceptos como 'resistencia' y no considerar como un fracaso enviar o subcontratar piezas de terapia a otros.

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