Los niños de las flores ya lo sabían, pero una investigación publicada en Nature confirma su tesis: hacer el amor es el antídoto contra la agresión.

mi vida como parcela de calabacín

Al grito de 'paz y amor' un grupo de investigadores del Instituto de Tecnología de California (Caltech) en Pasadena ha identificado una correlación entre las áreas cerebrales que rigen la agresión y las que responden a los estímulos sexuales. Cuando estos se activan, en la fase de pasión propia del apareamiento, se produce una desactivación de las neuronas que regulan la agresión.

La investigación por ahora se ha realizado solo en animales cobayas, en este caso ratones, pero los estudiosos están convencidos de que los resultados obtenidos también pueden extenderse a la humanidad.

De hecho, Dayu Lin, David Anderson y sus colegas han identificado el área del cerebro predispuesta al control de la agresión. Las neuronas 'pendencieras' estarían ubicadas en el hipotálamo ventromedial, una pequeña área del cerebro también responsable de regular el comportamiento sexual. El grupo de Pasadena partió de estudios previos que identificaban genéricamente al hipotálamo como un área de agresión; y precisamente en esta zona se concentraron para establecer con mayor precisión qué zona de la citada estructura desempeñaba esta función. Para ello, monitorizaron la actividad cerebral del hipotálamo de los ratones, provocando 'peleas' entre los conejillos de indias.

Durante el estudio, los investigadores encontraron que tanto durante estas 'peleas' como durante la actividad sexual se activaba la misma área del hipotálamo, el área ventromedial.

En consecuencia, Dayu Lin y sus colegas se centraron en esta área para comprender los conceptos básicos del comportamiento agresivo.

En la segunda parte del estudio se utilizó un nuevo método de investigación, la optogenética, que combina técnicas de detección óptica y genética, con el fin de sondear circuitos neuronales y manipularlos artificialmente provocando reacciones en un tiempo del orden de milisegundos.

Después de colocar los electrodos en los cráneos de cobayas para estudiar las zonas de activación, los investigadores hicieron que los ratones fueran sensibles a la luz azul introduciendo un grupo de genes en sus cerebros.

Posteriormente, gracias al uso de fibras ópticas montadas directamente en el cráneo del animal, Lin y Anderson estimularon las neuronas de los ratones para estudiar las reacciones inducidas a nivel conductual.

Los resultados muestran que cuando las neuronas de agresión se activaron a través de una descarga de luz azul y solo había ratones machos en la jaula, inmediatamente atacaron a los de su propia especie, castraron o anestesiaron cobayas, pero también objetos. Si, por el contrario, se cambiaba la variable sexo, es decir, se colocaban ratones machos y hembras en la jaula, el estado de agresión se transformaba rápidamente en estímulo sexual y era imposible disparar artificialmente el estímulo violento, como si los dos estados se excluyeran mutuamente.

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Por tanto, los autores concluyen que el deseo y el sexo suprimen las conductas violentas pero, por otro lado, en presencia de un sujeto 'desconocido' (cobayas u objetos inanimados castrados / anestesiados) se activan las reacciones que sirven al animal para protegerse. de un rival masculino.

De este estudio surgiría la existencia de un vínculo competitivo entre sexo y agresión, una competitividad que, bien explotada, podría dar la razón a los buenos viejos hippies.

Dayu Lin, Maureen P. Boyle, Piotr Dollar, Hyosong Lee, E.S. Lein, Pietro Perona, David J. Anderson. (10 de febrero de 2011). Identificación funcional de un locus de agresión en el hipotálamo del ratón.Nature, 470, 221-226.