Angela Ciaramidaro, ESTUDIOS COGNITIVOS DE ESCUELA ABIERTA MODENA

Durante una interacción social el rostro es una herramienta fundamental para el intercambio mutuo entre dos personas y la capacidad de reconocer las emociones de los demás resulta ser una de las habilidades sociocognitivas más importantes para la supervivencia del individuo dentro de un grupo, ya que te permite adaptar tu comportamiento al contexto social. Según la neurociencia social, es una habilidad visual altamente desarrollada que involucra numerosos sistemas neuronales y constituye un área de investigación de gran interés para el estudio de diversos trastornos como los del espectro autista (Adolphs, 2002).



El autismo es un trastorno del desarrollo, caracterizado por un grave deterioro de las habilidades de interacción social y comunicación verbal y no verbal, así como por la presencia de patrones restringidos de intereses y actividades (estereotipias). En el paciente autista hay una falta de atención implícita a los estímulos socialmente relevantes (como rostros y voces humanas) (Klin et al., 2003). Y la imposibilidad de establecer contacto emocional con otra persona se indica desde la primera descripción de Kanner en 1943 como síntoma característico de este síndrome.

¿Los niños autistas son capaces de entender las emociones que expresamos a través de la cara? Numerosos estudios han demostrado deficiencias en el procesamiento de rostros y expresiones faciales. De hecho, los datos de la literatura indican que los pacientes autistas prefieren los objetos a los rostros y que durante un procesamiento emocional de rostros, el paciente se enfoca en la parte inferior del rostro (en lugar de concentrarse en la parte central del rostro junto con los ojos), actitud que hace más difícil de entender las emociones (Klin et al., 2002)

El reciente desarrollo de las técnicas de neuroimagen permite investigar los mecanismos neurobiológicos subyacentes a estos déficits de forma no invasiva. Los estudios de neuroimagen en pacientes con autismo muestran un mal funcionamiento en la circunvolución fusiforme, un área del cerebro especializada en el reconocimiento de rostros humanos y durante la atribución de emociones faciales (Critchley et al., 2000; Perlman et al. 2011).

Anuncio Algunos de estos estudios también registran una activación atípica en la amígdala, un área del cerebro responsable del procesamiento emocional (Ashwin et al., 2007; Pelphrey et al., 2007). No está claro si el mal funcionamiento de estas áreas se debe a un deterioro generalizado de los mecanismos neurocognitivos responsables del procesamiento afectivo oa una tendencia de estos pacientes a no dedicarse a mirar caras.

De hecho, en un estudio, Dalton y colaboradores (2005) encontraron que la activación del giro fusiforme y la amígdala se correlaciona positivamente con el tiempo que tarda un paciente autista en fijar su mirada en el estímulo objetivo. Sin embargo, en otro trabajo en el que los participantes fueron sometidos a escaneos de neuroimagen mientras veían objetos y caras alternas, los pacientes mostraron una activación de la circunvolución temporal inferior indistintamente durante el procesamiento de caras y objetos. Esta área del cerebro, por otro lado, fue activada por el grupo de control exclusivamente durante el procesamiento de objetos. Para el procesamiento de las caras, el grupo de control demostró una activación específica en el giro fusiforme (Schultz et al., 2000). Este trabajo parece sugerir que los pacientes con autismo (al menos a nivel neuronal) parecen procesar rostros como objetos inanimados.

Pero, ¿es posible mejorar la capacidad de procesamiento emocional facial con un tratamiento específico en estos pacientes? Se han desarrollado varios programas para mejorar la comprensión emocional en pacientes con síndrome autista. Dado que el uso de computadoras es una herramienta de aprendizaje preferencial para estos pacientes, una perspectiva innovadora para el entrenamiento de las emociones podría derivar del uso de intervenciones informáticas y realidad virtual (Golan et al. 2010).

Moviéndose en esta perspectiva, el grupo de neuropsiquiatría infantil de la Universidad de Frankfurt ha desarrollado un entrenamiento informático para la atribución de emociones en pacientes autistas: el test de Frankfurt y el entrenamiento del reconocimiento del afecto facial (abreviado FEFA). FEFA es un programa informático fácil de usar e instalar. Consta de dos módulos: el módulo 'Test' para evaluar la gravedad del déficit y el módulo 'Formación' desarrollado para la rehabilitación emocional. La aplicación de la FEFA es transcultural y se basa en las seis emociones básicas (felicidad, tristeza, enfado, sorpresa, disgusto, miedo). El módulo de formación consta de 500 elementos con tres niveles diferentes. En el nivel 1 se muestra una cara y el paciente debe decir qué emoción se está expresando seleccionando el nombre de una de las seis emociones sugeridas. La respuesta correcta está asociada a un estímulo visual y acústico. Si la respuesta es incorrecta, aparece en pantalla la solución correcta acompañada de una breve descripción de la emoción en cuestión (nivel 2). A esto le sigue el nivel 3 en el que se ilustra una historia figurativa y nuevamente el paciente debe elegir la emoción adecuada. La validación ha demostrado que es una herramienta innovadora y eficaz en actividades clínicas con pacientes con autismo (Bölte et al., 2002).

Anuncio Recientemente, un grupo de investigadores cuestionó si también es posible detectar variaciones y cambios neuronales en los pacientes que se han beneficiado de ella. Específicamente, en este estudio los investigadores (incluidos los creadores del FEFA) investigaron si los sujetos con autismo también pueden beneficiarse a nivel cerebral de la administración de FEFA comparando las activaciones neuronales de los pacientes autistas antes y después de la administración del entrenamiento. mediante el uso de imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI).

que es la trampa

Se escanearon tres grupos: i) pacientes con autismo que también recibieron tratamiento de rehabilitación emocional FEFA; ii) pacientes con autismo que recibieron tratamiento estándar pero sin FEFA; iii) un grupo de control con sujetos sanos. En una primera fase, todos los grupos se sometieron a una resonancia magnética funcional con una tarea de reconocimiento emocional facial, pero utilizando ítems diferentes a los incluidos en la FEFA. En la segunda fase, el primer grupo de pacientes recibió tratamiento FEFA por una duración de 6 semanas con 8 unidades de entrenamiento diferentes. En la última fase (después del entrenamiento), ambos grupos de pacientes se sometieron nuevamente a una resonancia magnética funcional. Los resultados mostraron una clara mejora en el reconocimiento de las emociones solo en el primer grupo, una mejora también destacada a nivel neuronal en las áreas cerebrales responsables del procesamiento emocional, es decir, en la amígdala y en la circunvolución fusiforme (Bölte et al., 2015).

En resumen, la literatura y la actividad clínica muestran un grave déficit en el reconocimiento de las emociones ajenas en pacientes con autismo, tanto a nivel conductual como neuronal. Pero la concepción y el uso de tratamientos específicos sobre el reconocimiento de emociones en estos pacientes parecen dar mejoras al rehabilitar también los circuitos neuronales subyacentes y así permitirles escapar del aislamiento típico del que se ven afligidos.

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BIBLIOGRAFÍA: