El diagnóstico de diabetes mellitus determina el inicio de una situación de miedo e inseguridad que puede afectar negativamente la correcta implementación de las actividades de cuidado. Especialmente en los aspectos de contención de la ansiedad, se considera necesaria la intervención de un psicólogo tanto para activar las actitudes de afrontamiento como para planificar los aspectos formativos del paciente.

Elena Maggio - Estudios cognitivos en ESCUELA ABIERTA



Al ayudar a la persona con diabetes el aspecto de la educación y el empoderamiento es de fundamental importancia. Allí diagnóstico de diabetes mellitus de hecho, determina la aparición de una situación de miedo e inseguridad que puede afectar negativamente la correcta implementación de las actividades de cuidado. Especialmente con respecto a los aspectos de contención del ansia , se considera necesaria la intervención de un psicólogo tanto para activar actitudes de afrontamiento como para planificar los aspectos formativos del paciente.

Los temas de interés psicológico se identifican, por tanto, en la fase de comunicación del patología diabética , en la definición de las intervenciones de tratamiento y en la fase de apoyo al paciente que se encuentra rediseñando su existencia de acuerdo con esta patología.

los diabetes mellitus facilita la aparición de trastornos psicopatológicos como depresión y ansiedad, que a su vez afecta el manejo de la propia enfermedad. El trabajo del psicólogo es de importante apoyo en la fase de tratamiento de la patología. La práctica ha demostrado el efecto negativo que la dinámica psicosocial puede tener sobre la capacidad del paciente para adherirse correctamente a las indicaciones terapéuticas. Se trata, pues, de promover una actitud de adhesión del paciente a la terapia y, al mismo tiempo, de desarrollar una albardilla efectivo, haciendo que el sujeto vea el diabetes mellitus como un problema más que como una amenaza. De ello se deduce que la buena adaptación a la enfermedad depende del tipo de estrategias individuales que el paciente ponga en marcha para afrontarla.

Anuncio los diabetes mellitus ( diabetes tipo 2 ) es uno de los principales problemas de salud en los países industrializados y su prevalencia aumenta constantemente. Según la OMS, el diabetes mellitus indica un grupo de trastornos metabólicos caracterizados por hiperglucemia crónica, alteraciones en el metabolismo de glucosa, lípidos y proteínas debido a defectos en la secreción de insulina, acción de la insulina o ambas, y el desarrollo progresivo de complicaciones específicas. Es una enfermedad causada por una deficiencia total o parcial de insulina, una hormona secretada por las células beta de un área del páncreas llamada 'islotes de Langherhans'.

La insulina es necesaria para el metabolismo de la glucosa: la secreción de la cantidad adecuada de insulina es una condición esencial para regular el nivel de azúcar en sangre. Cuando el azúcar en sangre sube, la glucosa en orina comienza a aumentar y provoca la eliminación de agua por ósmosis, por tanto hay un aumento de la orina producida. El paciente tiene una necesidad muy frecuente de orinar que conduce a la deshidratación del organismo. Para compensar esta pérdida de agua y mantener constante la cantidad de fluidos corporales, el organismo lo compensa con el estímulo de la sed (Musacchio N., 1999).

Además de esta sed intensa, el diabético tiene un aumento del hambre que lleva a comer en exceso, debido a que las células no pueden utilizar la glucosa, aunque esta haya aumentado en la circulación. Algunos centros del cerebro, que regulan la sensación de hambre, no reciben el suministro de energía de la glucosa y envían señales que empujan al sujeto a comer en exceso. El mal uso de la glucosa reduce las reservas de energía del organismo y provoca una sensación constante de fatiga. El cuerpo del diabético no puede usar glucosa y debe usar grasas y proteínas corporales, lo que resulta en una pérdida de peso.

La terapia del diabetes mellitus se basa en cuatro ayudas terapéuticas diferentes: insulina, hipoglucemiantes orales, dieta, ejercicio físico. La terapia en primer lugar implica una dieta que te permita tener un peso corporal correcto, sin abusar de los carbohidratos, y en segundo lugar necesitas una actividad deportiva que aumente la sensibilidad a la insulina, reduciendo la insulina en reposo. En esencia, necesitamos devolver al cuerpo a las condiciones de eficiencia física y nutricional para que el funcionamiento del mecanismo de la insulina vuelva a la normalidad.

En cuanto a los fármacos, actúan de dos formas: por un lado estimulan a las células B para que produzcan más insulina y por otro lado hacen que las células del tejido periférico sean más sensibles a la insulina para que estas células aprovechen al máximo los azúcares (Zanussi C., 2004).

Los impactos psicológicos de un diagnóstico de diabetes mellitus

El enlace entre diabetes mellitus y trastornos del estado de ánimo se conoce al menos desde la década de 1950. Los síntomas de la depresión incluyen tristeza persistente o incapacidad para sentir alegría, pérdida o aumento del apetito, insomnio, apatía, dificultad para concentrarse, sentimientos de desesperanza e inutilidad, pensamientos negativos como ideas suicidas, irritabilidad, ansiedad, nerviosismo, culpa.

Las personas deprimidas a veces tienen dificultades para hacer frente a los horarios y las actividades diarias, e informan sobre dificultades importantes en diversas áreas de la vida. Si bien la depresión es muy común entre la población general, algunos estudios clínicos indican que es aún más común en los enfermos crónicos. Esto podría deberse a numerosos factores, entre ellos el estrés derivado del tratamiento y control de la enfermedad, los efectos sobre las funciones cognitivas, los efectos secundarios o complicaciones inherentes a la farmacoterapia (Rotella CM, Mannucci E., Cresci B., 1999 ). Algunos metaanálisis han mostrado una asociación frecuente entre diabetes mellitus y depresión . Se estima que entre el 15 y el 20% (hasta el 30%) de las personas con diabetes tipo 1 y tipo 2 tienen síntomas depresivos (Barnard K.D., Skinner T.C., Peveler R., 2006).

Lustman y Anderson descubrieron que yo sujetos con diabetes mellitus tienen aproximadamente el doble de probabilidades que la población no diabética de desarrollar un síndrome depresivo (Lustman P.J., Anderson R. J., 2000). Los mismos autores han destacado que la copresencia de depresión representa una de las principales causas de fracaso de cualquier proceso de manejo y manejo de la enfermedad crónica.

Este último hallazgo fue confirmado por un metaanálisis de Gonzales y colaboradores que encontró que la depresión común en pacientes diabéticos se asocia con malos resultados obtenidos del tratamiento. Este metanálisis investigó la relación entre la depresión y la no adherencia a tratamiento para la diabetes en pacientes diabéticos tipo 1 y tipo 2 y los resultados obtenidos de 47 muestras independientes mostraron que existía una asociación significativa entre depresión y no adherencia a la tratamiento de la diabetes mellitus . El tamaño del efecto registró los niveles más altos de citas médicas perdidas y de los diversos procedimientos de autocuidado (Gonzales J. et coll, 2008).

los diabetes mellitus además requiere diligencia, tratamiento de la enfermedad, un riguroso control diario de los diversos aspectos de la vida y la salud. La dieta, la actividad física, la terapia, el control glucémico, las visitas al médico, la atención de otras enfermedades y complicaciones son rutinarias y, dados los síntomas depresivos y las dificultades que pueden crear, es razonable asumir que la presencia de la depresión tiene un impacto significativo en el control de diabetes .

Además de la depresión, el diabetes mellitus también facilita la aparición de otros trastornos psicopatológicos como la ansiedad y yo trastornos alimentarios que a su vez afectan el manejo de la enfermedad.

La ansiedad y el estrés que provoca la enfermedad pueden alcanzar niveles tan elevados que dificulten la consecución de buenos valores glucémicos y una adecuada autogestión. Es posible sacar a relucir componentes ansiosos más o menos ocultos en varios etapas de la diabetes (en el momento del diagnóstico, en cada cambio de terapia, al cambiar a insulina, etc.). Una discusión separada se refiere a los padres de niños diabéticos , a menudo son estos adultos, más que los pequeños pacientes, los que requieren apoyo psicológico, al menos en las primeras etapas de la enfermedad (Ricci Bitti P.E., 2002).

Entre los síntomas de la ansiedad se encuentran la facilidad de fatiga, trastornos del sueño, irritabilidad, inquietud, tensión muscular. Como ocurre con los trastornos depresivos, la ansiedad representa una barrera importante para el tratamiento.

Diabetes mellitus y control

A nivel personal, muchos pacientes también tienen problemas de diversa índole, en el ámbito de ' controlar ”, Hay personas a las que les cuesta aceptar las reglas, dejar controlar algunos aspectos de uno mismo. Por tanto, es necesario trabajar teniendo en cuenta esta reticencia a sentirse controlado, la dificultad para aceptar la sensación de perder el controlar sulla propria vita (Skinner T.C., Davies M.J., Farooqi A.M., Jarvis J., Tringham J.R., Khunti K., 2005).

Primero, para algunos pacientes acostumbrados a mantener todo bajo sus propios controlar es muy ansioso pensar en confiar la vida a un médico 'para siempre', o aceptar delegar en otro la atención y las decisiones relacionadas con la salud. Asimismo, es difícil para estas personas aceptar las fluctuaciones vinculadas a la enfermedad (por ejemplo, los cambios impredecibles de azúcar en sangre), por lo que tolera el hecho de que no siempre es posible controlar completamente su enfermedad (Ricci Bitti P.E., 2002). A estos pacientes les resulta útil recibir mucha información para que tengan la oportunidad de saber lo que está sucediendo. Deben estar seguros de que pueden mantener la situación bajo control. controlar , como siempre han estado acostumbrados a hacer y al mismo tiempo hay que trabajar para que paulatinamente logren tolerar áreas de No reviso .

Diabetes y adicción

Otro aspecto importante es el vinculado a la ' adiccion ”, Precisamente porque a algunos pacientes les cuesta aceptar ser dependientes de otras personas (médicos, enfermeras), pero también de una droga. Este problema es común a muchos pacientes insulinodependientes, es decir, pacientes cuya existencia 'depende de la insulina'. En otros, sin embargo, se destaca el problema opuesto, un ' dependencia excesiva , una dificultad extrema para hacerlo solos, en la autogestión, para lo cual requieren una 'supervisión' constante (Ricci Bitti P.E., 2002).

Trabajando sobre los comportamientos de estos pacientes, a menudo es necesario distinguir y analizar tres elementos: pensamientos, emociones, comportamientos. A menudo, de hecho, estos pacientes hablan de sus comportamientos y es necesario ayudarlos a considerar que están relacionados con pensamientos y emociones subyacentes. De hecho, los pensamientos, las emociones y los comportamientos se influyen mutuamente, pero a menudo no son conscientes de ello, especialmente de la influencia de los pensamientos sobre las emociones y el comportamiento.

El análisis de pensamientos y emociones a menudo conduce a identificar una actitud de ira, uno de los emociones que en su mayoría se desprenden de los discursos de pacientes con diabetes mellitus , a veces de forma abierta, otras de forma más velada, pero siempre significativa. A menudo uno emerge ira contra la enfermedad que se percibe como un 'enemigo' a combatir, a mantener a raya, un enemigo que, sin embargo, nunca podrá ser derrotado definitivamente. El paciente da un paso significativo en el momento en el que pasa de la visión de la enfermedad como un enemigo a ser derrotado a la de un elemento de sí mismo con el que 'vivir', con el que llegar a un compromiso (Ricci Bitti P.E., 2002). La ira también suele estar vinculada a otra experiencia típica, la de haber sido lastimado, lastimado injustamente o penalizado. De ahí surge una necesidad de compensación, que surge de forma inconsciente y que lleva al sujeto a asumir actitudes aparentemente inexplicables.

Educación del paciente diabético y papel del psicólogo en el equipo de diabetes

El proceso educativo tiene como objetivo enseñar diabético vivir con la enfermedad y lograr los objetivos clínicos de la terapia y la prevención de complicaciones. Tiene, por tanto, dos vertientes: una educativa, orientada a la calidad de vida, y otra clínico-biológica orientada a mantener el estado de salud física. La información forma parte del diálogo entre el cuidador y el paciente y se compone de un conjunto de consejos, recomendaciones e instrucciones.

La educación es en cambio 'la elección de los objetivos de aprendizaje y la aplicación de técnicas de enseñanza y evaluación'(Lacroix A., Assal J.P., 2005). Todas estas herramientas permiten al paciente: conocer su enfermedad; administrar la terapia de manera competente; prevenir complicaciones.

Anuncio La intervención del psicólogo resulta útil en Servicios de diabetes porque se aplica a múltiples niveles, no solo directamente a pacientes individuales, sino también a través del trabajo a realizar en sinergia con todos los operadores del equipo, quienes siempre deben tener en cuenta los problemas psicológicos de estos pacientes.

Los profesionales de la salud están acostumbrados a identificar y remediar un evento mórbido transitorio lo más rápido posible, con el fin de devolver al individuo a un estado de salud. La enfermedad crónica, por otro lado, requiere que el médico y la enfermera estén de acuerdo en acompañar durante años a personas que nunca podrán sanar, sino estabilizar. Para tratar eficazmente a un paciente crónico, no es suficiente simplemente interpretar correctamente los síntomas clínicos de la enfermedad y recetar medicamentos u otros remedios. Un abordaje terapéutico integral requiere que entre el cuidador y el paciente 'establecer uno real Alianza terapéutica »(A. Ferraresi A., Gaiani R., Manfredini M., 2004). Para los cuidadores, la necesidad de crear relaciones humanas sólidas surge de las relaciones constantes que tienen no solo con los pacientes y sus familias, sino también con todas las demás figuras, profesionales y no, que gravitan a su alrededor.

En esta patología, la adherencia al tratamiento es fundamental y por ello se sitúa en el centro de la educación terapéutica. Está claro que solo una buena motivación permite paciente con diabetes mellitus adoptar una estrategia de tratamiento, pero que también todo profesional sanitario debe aprender a motivar a cada paciente. El estilo comunicativo, más que la cantidad de información transmitida, parece influir en la calidad percibida de la relación entre cuidadores y pacientes. Un estilo abierto, empático, sin prejuicios es fundamental, la capacidad del paciente para escuchar y estar en sintonía con sus experiencias son cualidades y habilidades esenciales para una relación de cuidado eficaz y satisfactoria. Una mayor participación aumenta el grado de concordancia entre cuidador y paciente y mejora el grado de autonomía percibida. El papel del psicólogo es evaluar las necesidades del paciente, evaluar y llevar a cabo la educación de enfermería, ayudar a los pacientes en la implementación del plan de tratamiento y la prevención de complicaciones.

Muchos pacientes pasan por un camino gradual en el aprendizaje de cómo manejar la terapia y en el manejo de los problemas de control y adicción. Inicialmente la función terapéutica es totalmente externa, luego gradualmente se vuelve interna, el paciente 'hace suyas' las indicaciones de los cuidadores.

La ayuda psicológica se opera sobre todo actuando sobre el autocontrol, el autoempoderamiento y la autoeficacia. El autocontrol se refiere a la capacidad del paciente para medir parámetros como la glucosa en sangre capilar, la cetonemia, la cetonuria y la glucosuria. Por tanto, es un requisito fundamental para el autocuidado del paciente. La autoeficacia, por otro lado, se refiere a la idea de que el individuo tiene sus propias habilidades para actuar de manera efectiva sobre los eventos que afectan su vida. Este constructo influye significativamente en los procesos cognitivos, motivacionales, afectivos y de toma de decisiones. En el área de la diabetes, la autoeficacia refuerza directamente la adherencia al tratamiento y parece mediar los efectos de otras variables psicosociales (apoyo social, estrés relacionado con la diabetes, carga psicológica, afrontamiento) sobre los parámetros metabólicos. Una mayor autoeficacia es uno de los principales objetivos del empoderamiento.

También en autoestima Se reconoce gran importancia, es un factor que debe ser evaluado cuidadosamente por la posible influencia en todos los aspectos psicológicos relacionados con la diabetes. Alcanzar las metas terapéuticas pactadas fortalece la autoestima en la medida en que el cambio se vive como autodirigido y en este caso se logra un empoderamiento real, sin embargo, los cambios percibidos como heterodirectos también pueden reducir la autoestima.

Del mismo modo, objetivos “poco realistas” o en todo caso no consensuados pueden producir reiterados sentimientos de frustración capaces de desencadenar espirales de autodevaluación. Por el contrario, altos niveles de autoestima pueden constituir barreras para reconocer la realidad de la enfermedad, que representa una herida narcisista. El empoderamiento permite enfermos de diabetes tomar conciencia del rol activo de uno en el tratamiento, es un camino que involucra al cuidador y al paciente y que tiene como objetivo la autonomía del paciente.

La colaboración entre psicólogo y médico tiene como objetivo integrar los aspectos más estrictamente médicos con los esencialmente psicológicos con el objetivo de identificar en conjunto las estrategias terapéuticas más adecuadas que tengan en cuenta simultáneamente los problemas físicos y las dinámicas subjetivas implicadas. Esta forma de trabajar puede incluir tanto intervenciones sinérgicas en relación a algunos pacientes seguidas simultáneamente por el médico y el psicólogo; y discusiones colegiales sobre algunos casos particulares; y momentos de discusión sobre las formas más eficaces de organizar el trabajo en el Servicio.

La relación entre el psicólogo y el personal de enfermería es un trabajo de comparación y formación orientado a brindar algunas interpretaciones psicológicas que puedan ser útiles al personal de enfermería en el manejo de algunas dificultades inherentes al trabajo de interacción diaria con los pacientes. De esta forma, se intenta combinar las habilidades operativas que ya poseen las enfermeras con algunas habilidades relacionales, con especial atención a los aspectos de la comunicación con el paciente.

Su relación es fundamental y se basa en la empatía, en la negociación entre las necesidades de la enfermedad y el paciente, en la gestión positiva del error, es decir 'identificar posibles situaciones de riesgo, trabajar el sentimiento de frustración que surge tras un error, proponer soluciones alternativas, identificar objetivos sencillos y accesibles, trabajar para resolver problemas»(Trento M., Passera P. y col., 2006). La enfermera ayuda al paciente a aceptar la enfermedad y fomenta su motivación para el autocontrol identificando el tipo de locus de control del paciente, o la percepción del paciente de poder controlar su propio destino o no.

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Existe un locus de control interno y un locus de control externo, el primero se refiere a la tendencia a creer que uno nunca es responsable de los eventos y no puede 'controlar' la propia vida; el segundo se refiere al que lo controla todo, actor de su propio destino. Estas diferentes reacciones son el resultado de experiencias y expresan la personalidad, por lo que son difíciles de modificar. En cualquier caso, es importante que la enfermera identifique el tipo de locus de control del paciente. Esto le permite sintonizar más rápido con él, pero también hacer solicitudes que sean aceptables. Entre otros objetivos, la enfermera educa al paciente en el autocuidado, evita complicaciones a corto plazo y retrasa las de largo plazo, educa e involucra al contexto familiar y social (Macrodimitris S.D., Endler N.S., 2001).

En cuanto a la relación entre psicólogo y dietista, se trata de una actividad formativa relacionada con problemas psicológicos relacionados con la conducta alimentaria, y que puede incluir entrevistas psicoeducativas con la co-presencia de dietista y psicólogo.

En cuanto a la relación entre psicólogo y paciente, como hemos visto, el psicólogo tiene la tarea de evaluar y tratar con el paciente individual los aspectos psicológicos relacionados con el diabetes mellitus , en un proceso de toma de responsabilidad que siempre tiene en cuenta el trabajo que el paciente está realizando con el resto del personal del equipo. A través de esta organización, es posible brindar al paciente las herramientas necesarias para manejar mejor su enfermedad, desarrollando aquellas habilidades que le permitan alcanzar una aceptación activa de la enfermedad, brindándole estrategias cognitivas y conductuales para enfrentar el estrés, desarrollando un afrontamiento activo. , diferenciados y enfrentados a la problemática, más que a la pasividad con sentimientos de impotencia y desesperación.

Al desarrollar un afrontamiento eficaz, el paciente puede ver la diabetes como un problema más que como una amenaza, pasando del comportamiento de escape al de ataque. El aspecto importante es aplicar estrategias y habilidades de afrontamiento para lograr los objetivos elegidos por el paciente o acordados entre el paciente y el cuidador. Esto le permite maximizar el efecto del auto-empoderamiento y la percepción de la efectividad del tratamiento.

Además, el psicólogo debe tener plena conciencia de las características del conflicto frecuentemente presente en los pacientes, de los problemas personales y relacionales, la relación entre alimento-cuerpo-ego, la esfera de control, dependencia, aceptación de límites, manejo de pensamientos-emociones-comportamientos, enfado, sentimiento de daño sufrido y necesidad de compensación, falta de motivación para sanar, pensamientos negativos.