Las estrategias terapéuticas se pueden implementar en tres frentes, es decir, trabajar individualmente con el niño, trabajar con la familia, a través de la educación y estrategias de formación de los padres, abordando el contexto escolar (docentes y niños con desarrollo típico) con el objetivo de optimizarlo. .



Resumen

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad es una patología de la edad del desarrollo. Tiene un efecto particularmente perturbador, connotando negativamente la relación que el niño tiene consigo mismo, su contexto familiar, su experiencia escolar. A menudo, los profesores no cuentan con las herramientas operativas adecuadas para hacer frente a esta criticidad, que tiene un impacto profundo en la vida escolar diaria.





 

Falta de atención, impulsividad e hiperactividad.

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad se manifiesta a través de una sintomatología que puede relacionarse con tres parámetros:

• atención;

• impulsividad;

• hiperactividad.

La atención se puede dividir en dos componentes, a saber, la atención automática, que suele obedecer a mecanismos inconscientes, y la atención controlada, que es la que se utiliza cuando se quiere dirigir la atención hacia una tarea concreta.

En los niños con TDAH, como advierten Chiarenza, Bianchi y Marzocchi (2002), la atención controlada es deficiente. En la práctica, el niño es incapaz de dirigir y detener su atención en una tarea específica, especialmente cuando parece particularmente elaborada y requiere un intervalo de tiempo prolongado de aplicación. Además, ligada a la atención está la capacidad de planificar y organizar el trabajo, que, en el menor que padece esta patología, se ve significativamente mermada.

Con respecto a la impulsividad, existen conductas que denotan un mal control, es decir, actuar sin pensar. Al respecto, Barkley, citado en Chiarenza, Bianchi y Marzocchi (op. Cit., P. 2), atribuye esta impulsividad a una alteración de los mecanismos cognitivos que gobiernan el control de la conducta.

Con respecto a la hiperactividad, diversos estudios han demostrado que los niños con TDAH tienen un aumento significativo en sus movimientos corporales, en comparación con los niños que no padecen esta enfermedad. Esta hipercinesia también se observa durante el descanso nocturno.

  Anuncio La comorbilidad del trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Junto al trastorno de atención específico, los niños a menudo presentan, en comorbilidad, un trastorno de conducta, que se expresa en dos cuadros clínicos específicos, a saber, trastorno de conducta y trastorno de oposición-provocación.

En un gran número de casos también existe un trastorno del aprendizaje, que principalmente se manifiesta en dificultades relacionadas con el campo de la lectura (Chiarenza, Bianchi y Marzocchi, op. Cit., P. 3). Los trastornos relacionales también son muy frecuentes. En la práctica, debido a la agresividad que muestran los niños, las relaciones con la alteridad parecen estar comprometidas. El menor, de hecho, es incapaz de ejercitar habilidades sociales, que dan lugar a amistades entre compañeros.

Estrategias terapéuticas: tratamiento individual

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Las estrategias terapéuticas se pueden implementar en tres frentes, es decir, trabajar individualmente con el niño, trabajar con la familia, a través de la educación y estrategias de formación de los padres, abordando el contexto escolar (docentes y niños con desarrollo típico) con el objetivo de optimizarlo. .

El trabajo individual con el niño es parte de una intervención terapéutica cognitivo-conductual. En concreto, los objetivos de esta terapia son enseñar las técnicas de autocontrol menor para el manejo de la impulsividad y procedimientos cognitivos útiles para afrontar los problemas que se presenten.

Con respecto al primer propósito, se le enseña al niño los métodos para controlar la impulsividad, a través del reconocimiento de sus emociones y el desarrollo de conductas alternativas de expresión de la emoción.

En cuanto al segundo propósito, se utiliza un procedimiento de resolución de problemas que pasa por los siguientes momentos:

• identificación de un problema;

• generación de alternativas;

• elección, implementación y evaluación de una solución ”(Chiarenza, Bianchi y Marzocchi, op. Cit., Página 5).

Trato familiar

La intervención sobre los padres del niño con TDAH utiliza dos estrategias. En la educación para padres se proporciona toda la información necesaria para que los padres estén plenamente informados y conscientes de la patología de su hijo. En la formación de padres trabajamos con la pareja de padres para reestructurar la percepción del comportamiento del niño. Es decir, intervenimos sobre el sistema de atribuciones y sobre las expectativas que tienen los padres del niño. A menudo, estas atribuciones son negativas: de hecho, los padres atribuyen la mayoría de los comportamientos manifestados por el niño a valores negativos.

Esta percepción alimenta una experiencia depresiva, que atenta contra el bienestar de toda la unidad familiar. El programa de capacitación para padres también incluye el aprendizaje de procedimientos conductuales destinados a controlar las conductas distónicas. “A los padres se les enseña a dar instrucciones claras, a reforzar positivamente las conductas aceptables, a ignorar algunas conductas problemáticas y a utilizar los castigos de manera eficaz” (Chiarenza, Bianchi y Marzocchi, op. Cit., P. 8).

Intervenciones psicopedagógicas

El contexto escolar es el lugar en el que los problemas del niño se expresan de forma macroscópica. Tener un niño con TDAH entre sus alumnos o compañeros de clase pone a prueba la paciencia de los profesores y otros alumnos. Con frecuencia los profesores no comprenden completamente la fenomenología sintomática del trastorno y experimentan ciertas manifestaciones como un ataque a su persona y su autoridad. Esto sugiere que la primera estrategia a utilizar con ellos es precisamente curar el conocimiento de la patología, con el fin de prepararlos para enfrentar las peculiaridades del TDAH.

Anuncio En segundo lugar, es necesario intervenir sobre su resiliencia, es decir, hacerlos menos vulnerables emocionalmente en la interacción con el niño que padece trastorno de atención con hiperactividad.

Muchas veces los docentes, donde el menor también manifiesta trastornos de conducta con conductas antisociales, experimentan un estado de ansiedad continua, ligado al temor de que el niño pueda causar daño físico a sus compañeros. Esta preocupación alimenta un sentimiento de precariedad y frustración, por lo que el docente se siente a merced de las circunstancias ambientales, incapaz de ejercer control sobre la situación problemática y sobre todo el grupo de la clase.

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La intervención psicopedagógica dirigida al niño con TDAH en el contexto escolar debe estar orientada en dos frentes, a saber, el trabajo con los docentes, para que puedan dominar algunas estrategias conductuales que tengan como objetivo controlar la conducta del niño. Al mismo tiempo es necesario trabajar con los compañeros, promoviendo todas aquellas actitudes inclusivas, que puedan transmitir dinámicas interactivas positivas, a través de las cuales el niño pueda sentirse aceptado y comprendido por sus compañeros.

El menor que padece patología de la atención con hiperactividad tiene características que deben ser conocidas por los profesores para optimizar la intervención didáctica. Por ejemplo, suele estar más tranquilo en la primera parte del día escolar, mientras que sus comportamientos problemáticos se agravan hacia el final de la clase. Esto debe tenerse en cuenta al estructurar la cronología del día. En la primera parte es bueno proponer actividades que requieran mayores tareas de atención, reservando el tiempo restante para actividades menos exigentes, más basadas en la dimensión lúdica.

Otro truco es descomponer los nuevos aprendizajes en microunidades didácticas, que se adaptan al tiempo de atención del niño, para que se sienta motivado a aprender, considerando la tarea de aprendizaje a su alcance.

En cada clase, se crean dinámicas afectivas entre los distintos alumnos, compuestas por simpatía, comunión de propósitos, armonía de necesidades. Esto también ocurre en contextos donde se inserta un menor con TDAH. Para mejorar las interacciones sociales dentro de la clase, se debe utilizar al compañero con el que el menor tenga mayor afinidad como tutor y como mediador en la relación con los demás alumnos.

Todos los profesores, que formen parte de una clase donde exista un menor que padezca esta patología, deben tener la misma forma de operar, especialmente en lo que respecta al control de la disciplina. En este sentido, todo el equipo de docentes debe comprometerse a observar unas sencillas reglas relativas al control de la conducta, que deben ser aplicadas por todos en todas las circunstancias. En la práctica, el grupo de docentes debe acordar qué comportamientos, aunque sean distónicos, pueden ser tolerados y cuáles, en cambio, deben ser sancionados, cuidando de estandarizar las intervenciones punitivas, utilizando los paradigmas de la economía de fichas.

Otro procedimiento a observar es crear una sucesión repentina entre el comportamiento incorrecto y el posible castigo. De hecho, cuanto más aumenta el intervalo de tiempo entre el estímulo (comportamiento problemático) y la respuesta (castigo), más se pierde el impacto en la conducta distónica.

Lo que puede hacer y lo que no está permitido debe explicarse con suficiente claridad al niño problemático. Las reglas deben ser sencillas, comprensibles y pocas. Es necesario que se repitan continuamente, para que puedan convertirse en el bagaje interior del niño. Además, debe saber por lo que está pasando cuando transgrede alguno de los preceptos acordados. Siempre que el menor manifiesta comportamientos sintónicos, hay que destacarlos y elogiarlos, para que se conviertan en elementos de construcción de la autoestima.

Debe haber una interacción sistemática por parte de los docentes con el niño con TDAH, es decir, deben involucrarse en la mayor medida posible y esta participación, que sirve para estimular sus procesos de atención, debe hacerse de forma verbal, llamando al niño por su nombre con frecuencia. .

Suele ser útil utilizar los denominados 'antiestrés': son objetos que el niño puede utilizar para liberar tensiones. Permiten que el niño canalice su hiperactividad, permitiéndole sentarse más tiempo. Estos elementos pueden ser, como apunta La Prova (2013), pulseras para subir y bajar del brazo, bandas elásticas para estirar, un llavero con mosquetón para girar. Es recomendable que el niño haga ejercicios motores, sentado, que permitan liberar tensiones, como levantar las manos de la silla durante un tiempo determinado o presionar las manos entre sí durante 10 segundos (La Prova, op. cit., páginas 7, 8, 9).

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BIBLIOGRAFÍA:

  • Chiarenza, A. G., Bianchi, E. y Marzocchi, G. M. (2002). Directrices para el tratamiento cognitivo conductual del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Directrices de la Sociedad Italiana de Neuropsiquiatría Infantil y Adolescente. DESCARGAR
  • La prueba, A. (2013). TDAH y deberes: un manual práctico de supervivencia. Roma: Ediciones FORePSI. DESCARGAR