Relativamente al dolor de los niños, los adultos suelen tener ideas preconcebidas, en primer lugar el pensamiento de que es difícil de medir. En realidad, existen parámetros y escalas de evaluación que nos permiten cuantificarlo. Para aliviar el dolor, tanto agudo como crónico, de los niños, además de las terapias farmacológicas, existen estrategias psicopedagógicas que pueden ser utilizadas por padres, educadores y profesores.

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La percepción del dolor en el niño.

La percepción del dolor en el niño ocurre temprano. Así lo confirman numerosas investigaciones (Benini, Barbi, Gangemi, Manfredini, Messeri y Papacci, 2013, p. 206), que han demostrado cómo esta conciencia comienza ya en la vida fetal. De hecho, entre los tres y los seis meses, el feto desarrolla la morfología anatómica y la funcionalidad neuroquímica que le permite sentir dolor. . Desde el nacimiento en adelante, se crea la llamada memoria del dolor. Donde esta experiencia es frecuente, en lo pequeño hay repercusiones en el ámbito psicológico y relacional.

 

Ideas preconcebidas de los adultos sobre el dolor infantil

Los adultos suelen tener nociones preconcebidas sobre el dolor infantil. En este sentido, se pueden mencionar los más comunes.
Muchos creen que el pequeño exagera al expresar su dolor y que su capacidad de percepción es fluctuante (op. Cit., P. 206).
A menudo, algunas manifestaciones que acompañan a los síndromes dolorosos del niño se consideran caprichos de la edad (op. Cit., Pág. 206).
Varios padres niegan el impacto negativo que el dolor ejerce sobre la calidad de vida del menor (op. Cit., P. 206).
Algunos piensan que no es posible cuantificar el dolor infantil.
Con respecto a este último preconcepto, es en parte cierto, ya que existen parámetros y escalas de evaluación que nos permiten cuantificar el dolor infantil. Si bien, no se puede negar, existen limitaciones derivadas, en primer lugar, de la propia edad del niño y, en segundo lugar, de los componentes afectivos y emocionales que hipotecan los síntomas dolorosos.

Anuncio Los parámetros para la evaluación del dolor infantil.

La evaluación del dolor puede basarse en la consideración de algunos parámetros, que pueden dividirse en fisiológicos, conductuales, autoevaluación y heteroevaluación.
Entre las variables fisiológicas se deben considerar:
frecuencia cardíaca (el dolor aumenta el número de latidos);
la frecuencia respiratoria, que se implementa;
presión arterial, que tiende a aumentar;
sudoración palmar, que parece más abundante (op. cit., pág. 208).

Entre las variables de comportamiento se encuentran:
postura: el dolor altera el patrón postural fisiológico;
Expresiones faciales: se conoce la repercusión que tiene el dolor en el rostro, acentuando los pliegues normales de la piel;
motricidad: el niño que lo sufre muestra cierta torpeza en sus movimientos, que parecen perder esa fluidez que caracteriza la motricidad infantil;
llanto: el pequeño tiende a llorar con más frecuencia y por un poquito (op. cit., pág. 208).

Entre las variables de autoevaluación, cabe mencionar las narrativas que los niños hacen de su dolor, utilizando el lenguaje verbal. Este procedimiento se puede utilizar con menores con desarrollo típico, mayores de cuatro años (op. Cit., P. 208).
Entre los parámetros de heteroevaluación, deben mencionarse las observaciones - descripciones producidas por los adultos de referencia. A menudo, esta modalidad se utiliza con niños con desarrollo atípico, que tienen discapacidades cognitivas o neuromotoras (op. Cit., P. 208).

 

Las escalas de calificación del dolor infantil

En cuanto a la cuantificación del dolor, se utilizan tres escalas de valoración, en función de la edad del menor.
Para los niños menores de tres años, que aún no tienen una competencia lingüística completamente estructurada, se utiliza la escala FLACC, que se basa en la observación de adultos . En la práctica, se analizan cinco parámetros:
expresión facial;
la posición de las piernas;
la actividad que realiza el infante;
la presencia o ausencia de llanto;
consolabilidad (op. cit., pág. 209).

Anuncio A cada una de estas variables se le asigna una puntuación de cero a dos, dependiendo de la presencia o ausencia de determinadas características, por lo que la puntuación total va de cero a diez. Por ejemplo, con respecto a la expresión facial, a una cara sonriente se le asigna una puntuación de cero, a una expresión facial con el ceño fruncido se le asigna una puntuación y una expresión de terror, caracterizada por cejas fruncidas, una línea de labios apretada y un temblor de barbilla se da una puntuación de dos (op. cit., p. 209).

La escala FACES de Wong-Baker se utiliza para niños de entre cuatro y siete años, o que poseen habilidades de comunicación. Está compuesto por una serie de emoticonos, que van desde ningún mal, con una puntuación de cero, representado por una carita sonriente, hasta el peor mal posible, que corresponde a diez puntos, y está representado por un emoticón, que, con un expresión fruncida, llora.

Se invita al niño a indicar qué rostro expresa el dolor o el dolor que siente. En este sentido, la palabra maldad se utiliza para los niños hasta los cinco años y el término dolor para los mayores (op. Cit., P. 209).
Para los niños de ocho y más años se utiliza la escala numérica, que es una escala de números que van desde cero, que expresa la ausencia de dolor, hasta diez, equivalente al peor dolor posible. Se pide al niño que indique con qué número se puede comparar su dolor (op. Cit., P. 210).

 

Las estrategias para el control del dolor infantil

Como afirman Benini, Barbi, Gangemi, Manfredini, Messeri y Papacci (op. Cit., P. 210), el dolor de los niños se compone de una mezcla de varios factores, que son fisiológicos, clínicos, ambientales, psicológicos, sociales y cultural. Esto da lugar a dos estrategias de intervención, complementarias entre sí, la farmacológica y la psicopedagógica.

 

La estrategia farmacológica en el control del dolor infantil

En la estrategia farmacológica, de estricta competencia médica, que se mencionará brevemente, se utilizan fármacos pertenecientes a cuatro clases:
analgésicos, como paracetamol, ibuprofeno y ketoprofeno, que se utilizan principalmente en el dolor leve a medio (op. cit., p. 211);
fármacos opiáceos, como codeína, tramadol y morfina, que son necesarios para el dolor más severo (op. cit., p. 212);
medicamentos adyuvantes, como amitriptilina (un antidepresivo tricíclico), lorazepam (un ansiolítico de benziodiazepina), dexametasona (una cortisona), que se usan para algunos tipos particulares de dolor infantil o para disminuir los efectos secundarios de otros medicamentos usados ​​( op. cit., pág.213);
anestésicos locales que, en forma de cremas, son el remedio para los pequeños dolores regionales (op. cit., p. 214).

Estrategias psicopedagógicas en el control del dolor infantil

Existen algunas metodologías que pueden ser utilizadas por adultos (padres, educadores y profesores) que, de diversas formas, cuidan a los niños. Estas estrategias se diversifican según la edad del niño y se pueden utilizar junto con terapias farmacológicas. Se utilizan para aliviar tanto el dolor agudo como el crónico En los bebés menores o iguales a un año, se pueden utilizar métodos que tengan como finalidad distraer al niño de su dolor. Entre ellos podemos mencionar: juegos con objetos de colores; actividad lúdica con juguetes que se mueven; juegos con muñecos de peluche; el juego de las pompas de jabón (op. cit., p. 216).

Con niños de uno a tres años se puede utilizar: cuentacuentos; hojear libros ilustrados; el juego de las pompas de jabón; juegos con muñecos de peluche; viendo caricaturas; explicarle al niño las causas de su dolor; inventar historias que, en forma de metáforas terapéuticas, puedan ayudar al niño a controlar el dolor (op. cit., p. 216).

escucha voces en tu cabeza

Con niños de entre tres y seis años puede utilizar: jugar videojuegos; técnicas de imaginación destinadas al control del dolor; narración; viendo caricaturas; explicarle al niño las causas de su dolor; inventar historias que, en forma de metáforas terapéuticas, puedan ayudar al niño a controlar el dolor; el uso de ejercicios respiratorios que se utilizan para regular la respiración del niño con el objetivo de disminuir su frecuencia respiratoria (op. cit., p. 216).

Con niños de hasta ocho años puede utilizar: ejercicios de relajación; viendo caricaturas; jugando videojuegos; algunas técnicas de hipnosis clínica, adecuadas para los niños, como, por ejemplo, imaginar, con los ojos cerrados, botar una pelota con la palma de la mano (Gorisse, 1988, págs. 64 - 65).
Con los niños mayores, se pueden utilizar todas las técnicas psicológicas que se utilizan con los adultos para controlar el dolor (op. Cit., P. 216).

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BIBLIOGRAFÍA: