Giorgia Di Fabio



¿Por qué existe el juego? ¿Es el juego un instinto? ¿Es el juego una necesidad? ¿Ha existido siempre? ¿Pertenece solo a los niños? ¿Es el juego producto de aspectos primitivos o evolucionados de una sociedad? ¿Existe el juego en un sentido trans-etnocultural y transgeneracional? ¿Es posible asimilar el juego en los humanos al juego en el mundo animal?





La experiencia del juego, y el concepto mismo de juego, representan un tema que abre muchas reflexiones sobre el significado de su función y sobre por qué los adultos sienten la necesidad, quizás hoy más que en el pasado, de extender el tiempo de los juegos infantiles.

El juego puede considerarse un residuo evolutivo que garantiza al ser humano, como en los animales, el refinamiento de las habilidades necesarias para sobrevivir en su entorno, una forma de expresar el excedente de energía. Según el psicoanálisis (Freud, 1972; Winnicott, 1970; 1974), el juego es una transposición simbólica de la experiencia y los contenidos emocionales del niño, una forma de dominar mentalmente las cosas, especialmente las problemáticas, una herramienta fundamental para superar la angustia.

Podemos definir el juego simbólico como la capacidad de representar mediante símbolos, imágenes, nombres, pensamientos, algo que no está presente y que no se puede percibir. Este tipo de juego, según Freud (1972), tiene como finalidad asegurar el equilibrio emocional de la persona, como el sueño, y realiza una serie de funciones 'psicoterapéuticas':
a. función de identificación : pretendiendo ser alguien (por ejemplo, la niña que lleva los zapatos de su madre) el niño se prepara para asumir la identidad y los roles del adulto.
segundo. función restauradora y anticipatoria : el niño se prepara para algo problemático o intenta bajar el nivel de ansiedad después de ocurrido el evento problemático (por ejemplo el niño que tiene que ir al dentista o que ha ido al dentista).
C. función compensadora : ocurre cuando el niño compensa un sentimiento de angustia o la percepción de una resta afectiva mediante gestos lúdicos. Famosa es la descripción freudiana del niño que arrojó un carrete, colgando de un hilo, detrás del cabecero de la cama, haciéndolo reaparecer, para simular la salida de la casa y el regreso de los padres y aliviar, a través de una dramatización simbólica, su angustia de abandono.

Winnicott (1972), habla de fenómenos transicionales u objetos transicionales (manta, cabello, hilo de lana) que sirven para evocar simbólicamente el cuerpo materno y tranquilizar al niño que, a partir de los dos años, comienza a desprenderse de la madre:
re. función representativa-expresiva : el niño, especialmente entre los dos y los cinco años, es capaz de representar la realidad sobre todo imitándola, sin tener todavía la capacidad de representarla representándola o contándola;
es. función de dominación y control : el niño, en el juego, crea un mundo propio que puede construir o destruir a voluntad, para defenderse de la 'verdadera' realidad compuesta de prohibiciones y reglas;
F. función de manipulación : todos los niños se sienten atraídos por la manipulación de materiales primarios y plásticos, ricos en significados simbólicos (agua, harina, arena). La manipulación de estos elementos expresa la necesidad de descargar tensiones, de defenderse del mundo de normas y prohibiciones.

El niño es capaz de fingir y, por tanto, aprende a utilizar símbolos. Un símbolo es un objeto que representa a otro. Un ejemplo es el juego creativo en el que el niño utiliza, por ejemplo, una caja para representar una mesa, trozos de papel para representar platos, etc. Su razonamiento en esta fase no es ni deductivo ni inductivo, sino transductivo o analógico, de lo particular a lo particular. Esto se traduce en un modo de comunicación lleno de 'asociaciones libres' sin ninguna conexión lógica en el que el razonamiento pasa de una idea a otra haciendo casi imposible una reconstrucción confiable de los hechos.

Anuncio La Teoría de la Mente (Fonagy & Target, 1996) se refiere a la capacidad de comprender que la mente humana es un sistema que construye y organiza representaciones de la realidad, para representar el evento mental y atribuir a otros estados mentales incluso diferentes al suyo. El niño comprende que las personas actúan sobre la base de la representación que tienen de la realidad externa, más que sobre la base de la realidad objetiva alrededor de los 4 años, cuando aparece el pensamiento meta-representativo.

El término `` teoría de la mente '' se ha utilizado de diversas formas con significados diferentes (aunque a menudo similares): en la psicología del aprendizaje y la psicología del pensamiento, a menudo se ha utilizado como un análogo de la metacognición (es decir, de la capacidad de observación y auto-modulación de los propios procesos cognitivos). ); en psicología clínica, como equivalente funcional del yo reflexivo; en psicología del desarrollo, epistemología genética y psicología dinámica, como la capacidad del niño para constituir una representación adecuada de los procesos de pensamiento propios y ajenos.

Las manifestaciones típicas son:
la distinción entre pensamientos sobre objetos y pensamientos sobre eventos mentales;
pensar y razonar sobre estados mentales;
comprender que los estados mentales de los demás pueden diferir de los nuestros;
la evaluación de las relaciones de conversación, colaboración y competencia;
la distinción entre apariencia y realidad;
la capacidad de atribuir creencias falsas a otros;
el uso de mentiras para generar creencias falsas en otros;
comprensión de los verbos mentales (pensar, creer, etc.)

El niño en esta etapa demuestra la capacidad de:
diferenciar la propia representación de la de los demás;
comprender que la representación de la realidad puede ser diferente de la realidad misma;
Entender que las acciones humanas están reguladas por la representación y no por la realidad como tal.

Comprender la mente implica la posibilidad de 'desconectar' la representación de la realidad, es decir, asumir la representación como un estado cognitivo separado del dato de realidad.

Pueden considerarse precursores de la teoría infantil de la mente, es decir, adquisiciones cognitivas que parecen constituir pasos evolutivos hacia la comprensión de la mente:
la capacidad de declarar (alrededor de 6 meses): mostrar un objeto con la intención de compartir la atención del otro sobre ese objeto;
la capacidad de compartir la atención a través de la mirada (9 meses): sigue la mirada de la madre para identificar y observar el objeto de atención de la madre;
la aparición del juego simbólico y ficticio (18 meses);
la manifestación del pensamiento narrativo (24 meses);
'Aprende' a decir mentiras.

Un aspecto particularmente importante se refiere a la comprensión de la relación entre comportamientos y emociones: el niño comprende que puede manifestar su estado emocional interno con el comportamiento.

Con la aparición de la función simbólica, de los 18 a los 24 meses, comienza la representación de imitación mental diferida del niño, que es capaz de actuar sobre la realidad con el pensamiento: es decir, puede imaginar los efectos de las acciones que está a punto de realizar, sin tener que ponerlas. en la práctica concretamente para observar los efectos. El niño también usa palabras no solo para acompañar las acciones que está realizando (nombrar o pedir un objeto presente), sino también para describir cosas que no están presentes y contar lo que ha visto-hecho algún tiempo antes.

El niño reconoce objetos incluso si solo ve una parte de ellos. Es capaz de imitar los comportamientos y acciones de un modelo, incluso después de haber abandonado su campo perceptivo. La transición de la inteligencia sensoriomotora a la inteligencia representativa se determina a través de tres actividades principales: imitación; juego simbólico; lenguaje verbal.

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En la fase presimbólica, la actitud fundamental del niño es todavía de tipo egocéntrico, ya que no conoce alternativas a la realidad que vive personalmente: esta visión unilateral de las cosas le lleva a creer que todos piensan como él y que comprenden sus deseos. pensamientos, sin hacer un esfuerzo por ser comprendido.
El descubrimiento de la posibilidad de utilizar símbolos hace que el lenguaje sea muy importante, porque el niño aprende a asociar determinadas palabras con objetos o acciones. En el juego simbólico el niño reelabora la realidad modificándola o reproduciéndola a partir de la memoria y los estados emocionales conectados a ella, imita, aunque sea de manera genérica, a todas las personas cercanas a él: aprende a comportarse como los adultos quieren, incluso antes. haber entendido el concepto de 'obediencia'.

Anuncio El juego simbólico es un antecedente muy importante de la teoría de la mente: se basa en la presencia de objetos o situaciones que representan a otros no presentes.

El niño usa un objeto como si fuera otro objeto; atributos a la propiedad del objeto que no posee; se refiere a objetos ausentes como si estuvieran presentes (ejemplo del palo como un caballo, del plátano como un teléfono).
Para Piaget (1972) el juego simbólico surgiría en la 2ª etapa sensorial-motora (18-24 meses), cuando el niño aplica patrones de acción a objetos a una distancia creciente, produciendo una separación progresiva entre acción y objeto; aumentaría en el 3º y 4º año, y luego disminuiría dando espacio al juego con reglas y construcción.

Los aspectos comunes del juego simbólico y la teoría de la mente son:
función de reversibilidad débil: representación de un objeto como dos cosas al mismo tiempo;
función simbólica: visión de un objeto representado por otro;
función de meta-representación: representación de representaciones mentales.
El juego y la adquisición del lenguaje son dos elementos fundamentales para el desarrollo mental de un niño; también tiene una función social, de interacción y de compartir.

En conclusión, la exploración y el juego son actividades presentes en el repertorio conductual tanto de los primates superiores como de la mayoría de las especies de mamíferos. En todas las culturas humanas, los niños pasan parte de su tiempo jugando; incluso en las sociedades más sencillas, en las que los niños se ven obligados a asumir rápidamente las responsabilidades de los adultos, transforman las rutinas diarias y las tareas laborales en actividades lúdicas. Es precisamente la importancia que asume, por tanto, en la vida de un niño, de todo niño, lo que lo ha convertido en uno de los temas privilegiados en la investigación psicológica tanto de tipo cognitivo como clínico.

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BIBLIOGRAFÍA: