Existe una tendencia a pensar que en el campo de los mercados financieros los individuos tienden a ser extremadamente racionales, pero la mayoría de estudios han evidenciado la existencia de sesgos que influyen en los inversores durante los procesos de toma de decisiones.

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Anuncio El estudio de los mercados financieros, a lo largo del tiempo, ha dado lugar a múltiples visiones que, en la mayoría de los casos, siempre han tenido una connotación común: sustentaban el principio de la 'completa racionalidad del individuo'. De hecho, de acuerdo con las teorías económicas estándar, el hombre, sobre la base de su fácil acceso a la información perfecta y, al tener un sistema completo de preferencias, es capaz de elegir de forma independiente las herramientas más adecuadas para perseguir sus intereses. Pero, dentro de los mercados financieros, a menudo se observan anomalías que no pueden explicarse racionalmente. Es precisamente sobre la base de este supuesto que, en tiempos no demasiado recientes, la disciplina de conducta economica , ese



rama de la economía que describe los fenómenos financieros aplicándoles elementos psicológicos, o aquellos rasgos humanos que influyen sistemáticamente en las decisiones individuales y los resultados del mercado. (Thaler, 2020)

Mediante una revisión sistemática de la literatura inherente a la disciplina mencionada, algunos investigadores se propusieron investigar y describir los principales prejuicios, o parcialidad , en la que incurren los inversores durante su proceso de decisión .

Para lograr este objetivo, a lo largo de un año, los autores recopilaron diferentes estudios relacionados con el tema, publicados a partir de 1974 hasta 2019.

Teoría de las perspectivas: toma de decisiones bajo riesgoDebe considerarse el hito en el desarrollo de la economía conductual, ya que ilustra el proceso de toma de decisiones de los inversores ante situaciones de riesgo. En este trabajo, Kahneman y Tversky (1979) introdujeron el concepto de “teoría prospectiva”, según el cual los inversores, ante distintas alternativas que implican un riesgo, se inclinan por opciones que les garantizan un determinado resultado.

Fue al año siguiente cuando Thaler ilustró cómo, durante el proceso de toma de decisiones, los inversores se ven influenciados por ciertos prejuicios que a menudo conducen a elecciones menos que óptimas. De hecho, en épocas más recientes, han sido los mismos estudios en el campo de las neurofinanzas los que confirman que las emociones influyen en la cognición y, en consecuencia, las decisiones que toman los agentes económicos son todo menos racionales, como lo avalan las teorías de las finanzas tradicionales ( Shukla, Rushdi y Katiyar, 2020).

Conocer los perfiles de los CEO y, en consecuencia, los sesgos a los que están sujetos con mayor frecuencia, podría ayudar a predecir eventos corporativos, ya sean fusiones o adquisiciones, escisiones u ofertas de acciones (Subrahmanyam, 2008).

Por tanto, Shukla, Rushdi y Katiyar (2020) propusieron los siete principales sesgos que interfieren en la toma de decisiones de los inversores.

El exceso de confianza se ha definido como una sobreestimación por parte de los comerciantes de su capacidad para predecir los eventos del mercado que, inevitablemente, se refleja en el comportamiento y las elecciones de los individuos. De hecho, se ha visto que los inversores con exceso de confianza tienden a subestimar los riesgos de sus operaciones (Odean, 1998) o a incrementar los procesos de negociación (Denves et al., 2008).

En una posición diametralmente opuesta con respecto al exceso de confianza, existe el efecto manada, o la tendencia de los individuos a seguir las decisiones y comportamientos de los demás. Se ha demostrado que, en el ámbito financiero, esto ocurre tanto en tendencia ascendente como descendente (Choi, 2016).

A veces, especialmente en tiempos de crisis, cuando el inversor tiene una mayor necesidad de liquidez, tiende a vender acciones de crecimiento, es decir, aquellas inversiones que han ganado valor, y contener pérdidas, es decir, aquellos activos que han perdido valor (Weber et al., 1998). Generalmente hay una tendencia a mantener una pérdida con la esperanza de recuperarse con una futura recuperación del título (Il Sole 24 Ore, 9 de abril de 2014). Esta tendencia se ha denominado efecto de disposición.

El efecto heurístico o de anclaje fue una de las primeras distorsiones descritas por Kahnemann y Tversky (1974). Cuando se les pide a los individuos que hagan evaluaciones cuantitativas, sus estimaciones generalmente están influenciadas por ciertos valores iniciales disponibles (Shiller, 1999). Dodonova (2009) señaló que las personas generalmente usan el ancla para juzgar lo que quieren comprar.

Anuncio Además, contrariamente a lo que ha sido hipotetizado por la literatura, los inversores son muy reacios a las pérdidas (Hwang et al., 2010). Se ha observado que cuando experimentan una recesión, sufren más de lo que se regocijan cuando obtienen una ganancia equivalente. El sesgo de aversión a las pérdidas se encontró principalmente en grupos de inversores de entre 41 y 55 años y entre mujeres (Arora et al., 2015).

La contabilidad mental se definió como

el conjunto de operaciones mentales utilizadas por individuos y familias para organizar, evaluar y monitorear transacciones financieras.(Thaler, 1999, pág. 183)

Por lo tanto, las personas tienden a clasificar y utilizar las ganancias de manera diferente, según su tipo. Barberis y col. (2003) explicaron que la contabilidad mental permite a los inversores organizar sus carteras en varias cuentas separadas. Los inversores que están influenciados por sesgos contables mentales generalmente tratan cada elemento de su cartera por separado en lugar de analizarlo en su totalidad (Agnew, 2006).

Finalmente, uno de los principales sesgos de los inversores es la representatividad, o ese atajo mental que se puede definir como una confianza excesiva en los estereotipos (Shefrin, 2008). Según Thaler y Sunstein (2008),

Al estimar la probabilidad de que A se adhiera a la categoría B, los individuos se preguntan qué tan similar es A a su prototipo de B.(Thaler y Sunstein, 2008, p. 34)

Durante el proceso de elaboración de nueva información, por tanto, algunos inversores elaboran resultados que repercuten en sus propios patrones preexistentes (Pompian, 2017).

En conclusión, la mayoría de los estudios examinados han aportado evidencia de la existencia de sesgos que influyen en los inversores durante los procesos de toma de decisiones. Con base en esta revisión, se destacó cómo las finanzas conductuales ofrecen un modelo basado en supuestos psicológicos para explicar las anomalías que ocurren dentro de los mercados financieros. Este campo liberaliza los supuestos de racionalidad presentes en las teorías económicas estándar e ilustra cómo los inversores no son agentes racionales, sino que inevitablemente 'sufren' la influencia de sus propios sesgos.