Resumen

La adolescencia se caracteriza por innumerables cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales. A menudo, los adultos (padres y profesores) no están preparados emocionalmente para afrontar estas metamorfosis, viviéndolas como 'extravagancias' o 'caprichos'. Por este motivo, en ocasiones, no utilizan estrategias adecuadas para permitir que sus hijos o alumnos avancen con facilidad hacia la edad adulta.

 

Características generales de los adolescentes

Se observan cuatro tipos de cambios en la adolescencia.



• Maduración física completa.

• El logro de la madurez sexual.

• La adquisición de la edad adulta.

• El logro del pleno desarrollo cognitivo (Berti y Bombi, 2005, p. 328).

Durante este período, el desarrollo físico se completa, incluso si los sujetos masculinos a menudo completan el crecimiento somático en períodos posteriores de la vida.

Los cambios significativos que se producen a nivel corporal perturban la cenestesia, hasta el punto de tener, en algunos casos, dismorfofobia, o la sensación de que el propio cuerpo presenta anomalías (Stevani, 2011, p. 250). Este fenómeno se expresa en la discrepancia de evaluación, es decir, la sensación subjetiva de escuchar los propios órganos de una manera que difiere de lo que realmente son (Mastrangelo, 1986, p. 25). Esto a veces puede llevar a una mala relación con el propio cuerpo, aparecen miedos relacionados con la adecuación del propio cuerpo.

En la práctica, el adolescente, al enfrentarse a sus compañeros, teme que su físico no sea el apropiado. Por ejemplo, la altura y el tamaño de los senos son objeto de queja. Por otro lado, la comparación con los modelos propuestos por los medios de comunicación conduce a la niña o al niño a una insuficiencia crónica. La excesiva delgadez que suelen exhibir los personajes de la moda y el entretenimiento hace que la niña no acepte su propia redondez, fruto del desarrollo puberal. Incluso para el niño, el prototipo mediático es un joven de hombros anchos, que tiene un notable desarrollo de la musculatura. Esto, llevado a las consecuencias extremas, determina la bigorexia, o una obsesión que se manifiesta en los ejercicios físicos realizados hasta el límite de las fuerzas (Stevani, op. Cit., P. 252).

El inicio de la adolescencia corresponde a la etapa de la pubertad, o más bien a la maduración del aparato reproductor y la aparición de características sexuales secundarias. La madurez sexual se completa en dos o tres años para las niñas, a partir de los diez años. En el caso de los niños, se lleva a cabo durante un período de cuatro o cinco años, a partir de los once años (Berti y Bombi, op. Cit., P. 329).

 

Desarrollo psicológico, cognitivo y moral

En este largo ciclo de transición de la niñez a la edad adulta, ambos sexos experimentan una experiencia de malestar esencialmente ligada a dos factores:

• imagen corporal;

Técnicas de meditación zen

• el rol social (Berti y Bombi, op. Cit., P. 330).

La imagen corporal ya no es la de la infancia, pero tampoco la de la edad adulta, así como el rol social. Antonelli, reportado en Mastrangelo (op. Cit., P. 26), afirma que el adolescente sufre tres muertes.

• El primero se caracteriza por la pérdida del cuerpo infantil;

• el segundo se caracteriza por la pérdida del rol infantil;

• el tercero está representado por la pérdida de los padres en la infancia.

El duelo más grave está sin duda simbolizado por la pérdida del papel infantil. Nuestra sociedad no tiene un rol social específico que dar a estos sujetos, que ya no son niños, pero ni siquiera adultos, y los condena a la marginación social. Esta exclusión lleva a menudo al adolescente a una forma de compensación, que está representada por la sobreestimación de uno mismo, que en ocasiones puede manifestarse en un comportamiento audaz y agresivo. La marginación conduce a un estado de oposición social, que puede expresarse en conductas falsamente transgresivas, como huir de casa, robo en comercios, abuso de sustancias (alcohol y drogas), sexo sin protección (Mastrangelo, op. Cit., P. 26). Otras veces el malestar derivado de esta condición se expresa en trastornos psicológicos (anorexia-bulimia, distimia, ciclotimia, estados depresivos) (Mastrangelo, op. Cit., P. 28).

Anuncio En el campo del desarrollo cognitivo, según Piaget, el menor, alrededor de los doce años, pasa del período de las operaciones concretas al de las operaciones formales. Esta fase se caracteriza por la adquisición del pensamiento hipotético-deductivo y la primacía de lo posible sobre lo real (Berti y Bombi, op. Cit., P. 338). La adquisición de estos constructos canaliza al niño hacia algunos logros cognitivos, en virtud de lo cual el adolescente es capaz de:

• construir teorías en los diversos campos del conocimiento;

• desarrollar ideologías relacionadas con la realidad empírica y la vida, en su desarrollo;

• Desarrollar un análisis fuerte de la inconsistencia entre ideas y comportamientos, que se observa en los seres humanos.

Otras características del pensamiento hipotético-deductivo están representadas por los siguientes parámetros.

• Indecisión: el adolescente cuando se enfrenta a una elección muchas veces no decide, en consideración de las diversas variables inherentes a las opciones consideradas, todas las cuales parecen igualmente intrigantes.

• El egocentrismo que se encarga de construir el propio mundo fuera de la realidad (Berti y Bombi, op. Cit., Págs. 345 - 346).

• La construcción de una audiencia imaginaria y la estructuración de un cuento de hadas o leyenda personal, como lo destaca Elkind, citado en Stevani (op. Cit., P. 262). El adolescente, en efecto, cree que sus acciones son observadas y comentadas por un público imaginario, espectador de su grandeza. Además, cree ser el destinatario de un destino especial, fruto de un cuento de hadas o leyenda personal, diferente al de todos los demás, que lo llevará a realizar hazañas memorables.

Las diferentes percepciones de uno mismo: es como si el niño viviera y percibiera diferentes fenotipos de sí mismo, todos posibles en el momento en el que vivieron, aunque en fuerte contradicción entre sí. En algunos momentos se imagina a sí mismo como el mejor hijo que sus padres podrían desear, inmediatamente después se percibe como el peor (Berti y Bombi, op. Cit., P. 348).

Respecto al período anterior de desarrollo cognitivo, es decir, el período de operaciones concretas, surgen diferencias, como observa Keating, citado en Stevani (op. Cit., P. 253).

• En el período anterior, el niño vive el presente como el tiempo imperante, durante la adolescencia la dimensión privilegiada del tiempo es el futuro.

• Durante el período de la escuela primaria, el razonamiento se basa en datos concretos, mientras que en la adolescencia se desarrolla la reflexión metacognitiva, que trasciende lo concreto. La adquisición del pensamiento formal también tiene su reverberación en la estructuración del juicio moral.

Kohlberg, citado en Berti y Bombi (op. Cit., Págs. 350 - 351), distingue tres fases en el desarrollo del juicio moral.

• Fase preconvencional, propia de los niños hasta los nueve años, caracterizada por el apego a las normas morales y sociales, que se sienten ajenos a sí mismos, con el objetivo de evitar incurrir en castigos.

• Fase convencional, que distingue a adolescentes y adultos, o se interiorizan los dictados morales y sociales hasta el punto de que se torna espontáneo el comportarse de una determinada manera en diversas circunstancias.

• Fase posconvencional, que es peculiar de algunos adultos que se adhieren a las normas morales y sociales, internalizándolas independientemente de las leyes vigentes en su contexto social. Esto es lo que les sucede a las personas que están en contra de la militarización, incluso si el servicio militar es obligatorio en el país en el que viven. Ellos, para defender sus ideas, son encarcelados.

 

El adolescente, la familia y sus compañeros

La relación entre adolescentes y padres está animada por dos necesidades en conflicto:

• la necesidad de autonomía;

• la necesidad de adicción.

“… Esta situación caracterizada por un alejamiento y un acercamiento repetidos se llama marginalidad psicológica…” (Berti y Bombi, op. Cit., Pág. 357).

El niño a menudo logra emanciparse de esta dialéctica antitética mediante la identificación con figuras parentales positivas. Para facilitar esto, los padres deben estar presentes de manera no opresiva en su vida, dejándole un amplio espacio para la autonomía. La presencia de figuras adultas sólidas y autorizadas ayuda, por tanto, al adolescente a no perder la brújula en los momentos de fuerte contradicción que experimenta (Mastrangelo, op. Cit., P. 28).

La marginalidad social que experimentan los adolescentes los empuja a buscar fuertemente la compañía de otros marginados sociales, es decir, sus pares. Dentro del grupo de pares puede haber diferentes agregaciones, como señala Brown, citado en Berti y Bombi (op. Cit., P. 359).

• El grupo ampliado está formado por adolescentes que comparten la misma reputación social. Este grupo puede definirse, utilizando la definición de Saottini, relatada en Stevani (op. Cit., P. 258), evasivo - transgresor y se caracteriza por la búsqueda de la diversión a toda costa, por oposición a los adultos. Esta agregación social suele incluir sujetos que tienen una falta de autoestima y una relación conflictiva con los 'mayores', por los que se sienten poco considerados.

ansiedad estomacal y taquicardia

Anuncio • El pequeño grupo está formado por adolescentes que se reconocen como similares porque comparten actividades. Puede ser formal, es decir, basado en reglas rígidas, o informal, como el formado por jóvenes que comparten los mismos intereses y pasan juntos su tiempo libre. Los grupos formales suelen ser promovidos por adultos. Los jóvenes que forman parte de estos grupos formales tienen una ideología de vida que se basa en el sistema de valores tradicional, tienen una buena relación con su familia y con su corporeidad, que se expresa en la participación en actividades deportivas (Stevani, op. cit., pág.258).

• Un importante microgrupo social en la adolescencia está representado por la díada amistosa. En la adolescencia, la amistad adquiere una gran importancia: de hecho, el amigo se convierte en un espejo en el que reflexionar. El concepto de amistad adquiere distintas connotaciones según el sexo: para los chicos es una relación de lado a lado, es decir, un lugar donde se comparten actividades; para las niñas es una relación cara a cara, es decir, un lugar donde se comparten confidencias y vivencias emocionales (Berti y Bombi, op. cit., p. 365).

Unirse a un grupo ejerce una fuerte atracción sobre los jóvenes. Sin embargo, a menudo no es fácil formar parte de él. Los grupos se caracterizan por el conformismo de sus miembros. De hecho, los miembros de un mismo grupo tienen en común la forma de pensar, la vestimenta, los hábitos, los lugares a frecuentar. En otras palabras, a través de esta comunidad, redescubren una identidad colectiva.

Otra peculiaridad es el favoritismo, es decir, los miembros individuales creen que su propio grupo es mejor que los demás (Berti y Bombi, op. Cit., P. 363). Con el paso del tiempo, el grupo pierde importancia a los ojos del adolescente. Esto sucede por dos factores:

• el redescubrimiento de la propia familia de origen;

• la formación de díadas afectivas.

Las relaciones amorosas representan un momento importante de crecimiento para los adolescentes. A través de ellos, el niño o niña cimenta su identidad, desarrolla habilidades sociales, disipa la sensación de soledad (Stevani, op. Cit., P. 257).

 

Adolescencia, delincuencia, desviación e identidad

En su fase inicial, la adolescencia se convierte en el pico de las conductas antisociales, que tienden a desaparecer alrededor de los dieciocho - veinte años. Sólo una pequeña parte pasa de la desviación a la criminalidad: son aquellos sujetos que han tenido comportamientos antisociales tempranos (Berti y Bombi, op. Cit., P. 368). Además, estos sujetos se caracterizan por tener una familia inconsistente y, durante el período de la escuela primaria, por haber sido rechazados por sus compañeros. En su vida, la experiencia del fracaso escolar es frecuente, con años escolares repetidos varias veces (Berti y Bombi, op. Cit., P. 369).

consecuencias violentas del padre en los niños

La agregación en grupos delincuentes se convierte en una forma de superar la exclusión social. En este caso, la identidad del delincuente ejerce cierto encanto y da el ansiado sentido de pertenencia (Berti y Bombi, op. Cit., P. 369). Según De Leo, citado en Stevani (op. Cit., P. 264), la desviación juvenil tiene un valor comunicativo, es decir, el adolescente a través de ella envía mensajes relacionados con su sistema de atribuciones y significados. Estos producen dos resultados:

• instrumental, relacionado con la dimensión práctica de la conducta desviada;

• expresivo, respecto a la propia identidad, la relación con la alteridad, la relación con los valores del mundo adulto.
Los adolescentes están, como decíamos, en busca de su propia identidad. Para que se produzca la conquista de la identidad, el niño debe realizar dos acciones:

• la exploración de diferentes alternativas existenciales;

• el posterior compromiso en uno de ellos (Marcia, citado en Berti y Bombi, op. Cit., P. 376).

En sintonía con la identidad está la construcción del propio futuro, o más bien de la perspectiva temporal. Este término significa finalizar las actividades del presente para posibles oportunidades laborales futuras. Habitualmente los adolescentes que tienen mayor éxito académico son los que tienen una perspectiva temporal más positiva (Berti y Bombi, op. Cit., P. 381).

En conclusión, como señala Oliverio Ferraris, citado en Stevani (op. Cit., P. 246), la adolescencia tiene arquetipos evolutivos que debe cumplir, que son:

• encontrar una nueva fenomenología en las relaciones con la alteridad;

• construir una identidad adulta;

• percibirse a sí mismo como una individualidad bien separada de la parental;

• organizar el mapa cognitivo de la propia edad adulta, compuesto por variables de valor, atribuciones de significados, interpretaciones de la realidad.

ARTÍCULO RECOMENDADO:

Adolescencia: la edad de los elefantes en equilibrio sobre un hilo

BIBLIOGRAFÍA:

  • Berti, A. E. y Bombi, A. S. (2005). Curso de Psicología del Desarrollo. Bolonia: El Molino.
  • Costabile, A., Bellacicco, D., Bellagamba, F. y Stevani, J. (2011). Fundamentos de la psicología del desarrollo. Roma - Bari: Laterza.
  • Mastrangelo, G. (1986). Manual de neuropsiquiatría infantil. Roma: El editor del pensamiento científico.