La enfermedad de Parkinson es el más frecuente de los trastornos del movimiento que afectan al individuo en la edad adulta entre los cuarenta y los setenta años.

Anuncio Se trata de una enfermedad neurodegenerativa crónica que se produce cuando la pérdida de neuronas en la sustancia negra provoca una disminución de la producción de dopamina y la aparición de acumulaciones de la proteína 'alfa-sinucleína' en diversas zonas del cerebro.



La enfermedad provoca progresivamente formas más graves de acinesia, disfunciones de diversas funciones motoras y vegetativas, rigidez de los músculos, temblores y trastornos psíquicos (principalmente de carácter depresivo, ansioso y cognitivo) que limitan y desgastan la calidad de vida del paciente.

Hasta la fecha no existe una cura que le permita curarse de morbo di Parkinson y los principales tratamientos solo son capaces de limitar la manifestación sintomatológica. En este contexto, la Estimulación cerebral profunda (DBS) se ha encontrado que es particularmente eficaz para mejorar las habilidades motoras a través de la estimulación eléctrica de las áreas del cerebro involucradas en la modulación del movimiento. Esta terapia ha sido objeto de especial atención en el mundo de la investigación científica y parece que en el futuro puede mejorarse aún más.

De hecho, la revistaEstimulación cerebralha publicado recientemente los resultados de un estudio (Canessa A. et al., 2020) que ha permitido identificar biomarcadores específicos del estado de la marcha. En este sentido, los investigadores, analizando el funcionamiento del núcleo subtalámico (STN) en pacientes con un implante de estimulación profunda, han llegado a la conclusión de que cuando el individuo comienza a caminar, la actividad de esta zona cerebral tiende a caracterizarse por una variación de frecuencia de la banda beta. La identificación de estas señales ha permitido a los expertos desarrollar algoritmos matemáticos que permitirán en el futuro crear dispositivos capaces de modular el DBS, adaptándolo al estado y necesidades del individuo, mejorando así su capacidad para caminar.

Anuncio La mejora de las terapias disponibles para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson es fundamental para aumentar las expectativas y la calidad de vida, así como para mantener un nivel adecuado de inclusión social de los pacientes y su familia.

Sin embargo, sigue siendo fundamental buscar formas de intervención multiprofesionales que involucren al médico (por ejemplo, el neurólogo, el geriatra y el médico de familia), el psicólogo, el nutricionista y el trabajador social. En particular, el psicólogo es fundamental para el desarrollo de intervenciones dirigidas a gestionar el estrés (que como es sabido provoca el empeoramiento de los síntomas de la enfermedad como temblores), ansia , de trastornos del sueño (cuyas implicaciones son conocidas en el manejo de las emociones, en el estado de ánimo, en la memoria y en generarlas sobre la funcionalidad de la corteza prefrontal, sede de todas las funciones neurocognitivas de orden superior), en el desarrollo de habilidades para la vida y en el fortalecimiento de factores. de protección de la Resiliencia individual y familiar. Por lo tanto, abordar la enfermedad con un enfoque biopsicosocial puede contribuir al desarrollo de estrategias de manejo del paciente más efectivas porque están dirigidas, incluso en situaciones de crisis como la posterior a la COVID-19 , a su completo bienestar físico, mental y social.