Según la neurobiología, los sueños son una forma única que utiliza nuestro cuerpo para mantener el cerebro 'entrenado'.

Anuncio Sin embargo, según las tradiciones antiguas, yo Sueños son mensajes enviados por los dioses. Para la psicología y en particular para el psicoanálisis , el valor de los sueños reside sobre todo en su dimensión simbólica. Los sueños serían la expresión de pensamientos, sentimientos y recuerdos que evitamos durante el día, pero que afloran en los sueños, aunque disfrazados, ya que seguimos defendiéndonos de ellos.



Enfoque psicológico del paciente con cáncer.

Freud (1899b) fue el primero en argumentar que los sueños eran la principal vía para acceder a los contenidos inconscientes. En su teoría el énfasis se puso en particular en el concepto de deseo, según Freud (1899b) de hecho en el sueño los deseos reprimidos e inaceptables encuentran una manera de expresarse en el Contenido manifiesto, que esconde el Contenido latente, lo cual no está permitido. revelarse en su 'esencia' por la función de censura de conciencia . El sueño, por tanto, puede ser considerado, partiendo ya de estos puntos esenciales de la teoría freudiana, como una forma de pensamiento que se expresa principalmente a través de imágenes, sonidos y sensaciones corporales y que nos permite acceder a contenidos inconscientes que han sido reprimidos, aunque en forma. críptico. Sin embargo, Freud (1899b) concibió las manifestaciones de los sueños más como 'procesos de distorsión' en busca de interpretación, más que como procesos de pensamiento. El enfoque de Jung, fundador de la psicología analítica, es bastante diferente al de Freud. Para Jung, los sueños son la expresión de un 'inconsciente colectivo', es decir, de esa herencia de símbolos e imágenes 'arquetípicos' (es decir, primordiales y pertenecientes a la especie) que todos los hombres comparten. Su fuerza radica en ser portadores de un conocimiento profundo e iluminador, capaces de transmitir sabiduría y energía. Según Jung, el sueño no solo podía ser un 'cumplimiento disfrazado de un deseo oculto', sino que era algo más complejo: los sueños eran independientes tanto de nuestra voluntad como de nuestra conciencia. Según el científico, los objetos y las personas de un sueño no siempre estaban investidos de un deseo (sexual o de otro tipo) que se echaba de menos. Además, si por un lado Freud aplicó un punto de vista reductivista a la realidad que lo llevó a intentar descifrar los signos presentes en los sueños, Jung, desde un punto de vista teleológico y finalista, en cambio se concentró en rastrear cuál era la función de los sueños. y luego descifrar los símbolos. De hecho, los signos y símbolos se refieren a significados muy diferentes: los primeros se consideran significantes universales, los segundos se refieren a contenidos estrictamente personales del soñador, que reequilibran su personalidad. Sin embargo, el interés de Jung por el mundo onírico no se deriva de los sueños como tales, sino de lo que pueden decir sobre el funcionamiento de la psique en general. De hecho, a diferencia de Freud, cree que el sueño no esconde nada, que no engaña al soñante, sino que simplemente debe ser 'traducido' de alguna manera a través de los símbolos de cada persona y cultura. Por supuesto, la diversidad teórica también se refleja en una diversidad práctica y por lo tanto en diferentes métodos de análisis práctico del contenido del sueño.

Hoy sabemos que el sueño es también la vía real para acceder al memoria , por tanto, también a los contenidos del inconsciente, ya que nos permite una 'representación pictográfica y simbolópoyética' de trazas mnésicas, incluso implícitas, significativas, a-verbales y a-simbólicas (Mancha, 2004; p.69). Esto también se confirma en el campo neurocientífico, donde varios estudios han demostrado que durante el sueño REM (Rapid Eye Movement) se produce la activación de grandes áreas asociativas entre las que se encuentran las temporoparietales, frontales y límbicas, que pueden considerarse responsables de las funciones. mnésticos, semánticos, simbólicos y emocionales que connotan el pensamiento onírico. En el sueño REM también existen condiciones de activación cerebral que permiten la recuperación de rastros de memoria más definidos y también de narrativas de cierta longitud (Mancia, 2004). Existe un vínculo claro entre sueño y memoria, ya que en sus expresiones el sueño mismo no haría más que conectar, con su peculiar 'lógica', huellas de memoria explícitas e implícitas, buscando una cierta continuidad con la experiencia presente. del soñador.

Anuncio Esto nos permite comprender cómo desde Freud (1899) la concepción del sueño ha experimentado una evolución en conjunción con la evolución de las teorías psicoanalíticas, desde la 'pulsión' a la 'relacional', pero también gracias a nuevos descubrimientos científicos. Ahora está bien establecido que el cerebro durante la dormir no descansa, simplemente cambia sus ritmos y alterna la funcionalidad de determinadas áreas de manera que permita la homeostasis a nivel biológico del individuo, quien tenderá a regular sus diversas funciones vegetativas, estrechando progresivamente y en paralelo el campo de conciencia. Por tanto, debemos tratar la actividad del cerebro durante el sueño, conscientes de que se organiza en función de diferentes 'turnos de trabajo' que cambian, modificando su actividad como consecuencia de la fase de sueño en la que nos encontremos (Mancha, 2004). Entre las diversas fases del sueño, la fase REM es la que siempre ha despertado mayor interés, y no solo en el campo científico, ya que representa la base neurofisiológica del sueño en su forma más vívida y recordable, permitiendo al sujeto dar rienda suelta al inconsciente, reprimido o no, mediante intensas alucinaciones y visiones, que van de la mano con alteraciones desde el punto de vista neurofisiológico, como latidos y respiración que se vuelven arrítmicos, termorregulación que se suspende y en síntesis todo el sistema vegetativo que se agita durante unos minutos (durante la noche, sin embargo, se alternan las distintas fases del sueño, acompañando al sujeto hasta el despertar). El sueño REM, a través del sueño, nos permite conectar nuestro mundo interno, formado por huellas mnesische implícitas y explícitas del 'allí y entonces', con el mundo externo y presente del soñante, constituyendo un verdadero 'puente temporal' para la investigación. la continuidad de la experiencia y su significado simbólico, incluso si está excluido por la vida psíquica del sujeto.

En otras palabras, el sueño representa ese eslabón perdido entre las experiencias de nuestro pasado y la experiencia presente, especialmente en lo que concierne a las relaciones internalizadas y las experiencias emocionales relacionadas. El objetivo de las producciones oníricas es, por tanto, 'simbolizar', buscar esos significados faltantes, que, sin embargo, no pueden manifestarse como tales en forma directa, se manifiestan en forma de 'significantes con significados múltiples', operando una transformación que tiene mucho de en común con la expresión artística (Mancia, 2004; p. 91). En este sentido, el sueño debe concebirse, ya no como un proceso de distorsión de los contenidos mentales inconscientes, sino como una forma de pensamiento que no debe separarse del diurno, por lo que debe ser concebido en continuidad con él, aunque se desarrolle a diferencia de este último. Por último, con una lógica muy diferente, basada en metáforas y significados simbólicos, un poco como ocurre en el lenguaje poético, que surge de la 'necesidad del hombre de dramatizar el mundo interno y elaborarlo encaminado a la construcción del pensamiento' (Mancia, 2004 ; pág.91). En definitiva, las funciones simmbolopoyéticas del sueño también permiten que los contenidos registrados por las estructuras de la memoria implícita, pertenecientes al inconsciente no reprimido, sean representados por medio de imágenes, sonidos, sensaciones corporales, que a través del lenguaje onírico permiten la simbolización y verbalización del relato. afectivo y emocional del sujeto.

conciencia destinada a los niños

El sueño, por tanto, puede hacer pensables incluso experiencias sin recuerdos, convirtiéndose en el teatro en el que se ponen en acción afectos y emociones pertenecientes a la historia relacional del sujeto que, contextualizados en el aquí y ahora de la relación terapéutica, permiten el acceso al 'mundo interno' del paciente. , en particular también a aquellas experiencias primarias pre-simbólicas y pre-verbales, incluso traumáticas, que de otra manera no quedarían abiertas a la reconstrucción.