El texto muestra claramente cómo los adolescentes representan la prueba de fuego de una época. La fragilidad narcisista, la ira y la desorientación que caracterizan a 'los jóvenes de hoy' son hijos de un contexto que ha ido desmantelando paulatinamente sus garantes sociales (Estado, Iglesia, Partido) y modificado sus ritos de paso, con el riesgo también para cancelar la brecha entre generaciones.

Durante mucho tiempo, se consideró la adolescencia - citando a Anna Freud - 'la Cenicienta del psicoanálisis'. Ni los niños ni los adultos todavía, los adolescentes representan una categoría separada que quizás escapa a las reglas de cualquier tipo de clasificación. Recientemente, sin embargo, los estudios y grupos de investigación se han centrado cada vez más en esta fase específica de la vida, caracterizada -como subraya el propio R. Cahn- por cambios e interrupciones que entran en el consultorio y, por tanto, necesariamente ponen en juego incluso el terapeuta. Quizás precisamente porque los adolescentes llaman a la acción y a menudo luchan por permanecer en una condición suspendida de expectativa, son 'extraños ilustres' para la mayoría de los terapeutas.



Anuncio Las condiciones de malestar que surgen en la adolescencia corren el riesgo de cristalizar en formas patológicas de pensamiento o comportamiento, pero también es cierto --da la gran elasticidad del aparato psíquico en ese período de la vida-- que pueden reorganizarse fácilmente, redimiendo por completo el destino de la persona. . La adolescencia como segundo nacimiento es ya un concepto bastante conocido, y es precisamente sobre este axioma que despega el libro editado por Cahn, que trabaja con adolescentes desde hace décadas.

El psicoanalista subraya que en la relación de cuidado que se establece con el adolescente, se debe y se puede garantizar un Entorno, pero flexible y adaptable en la medida de lo posible a la capacidad reflexiva y comunicativa del niño, bajo pena de pérdida del vínculo y consecuente interrupción de ruta.

El libro, escrito de manera clara y concisa, proporciona muchas viñetas clínicas detalladas que ayudan a 'traducir' la teoría en la práctica. En mi opinión, el libro también representa de alguna manera el estado actual de la investigación / cuidado en la adolescencia. No es casualidad, de hecho, que los autores italianos (Senise, Novelletto, entre otros) que han contribuido al desarrollo de la investigación y el pensamiento sobre la clínica en la adolescencia sean citados en varias ocasiones y vinculados entre sí.

Lo que une tanto a la investigación como a las clínicas italianas y francesas (de las que Cahn puede ser considerado uno de los máximos exponentes) en la adolescencia es la consideración de la existencia de un proceso específico, con mecanismos por derecho propio, que necesariamente requieren un cambio en el configurando el tratamiento y el camino psicológico.

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Siendo la adolescencia esa fase de la vida en la que los cambios son primordiales y prioritarios, pero quizás sería mejor decir los trastornos, tanto físicos (la entrada de la pubertad, el nacimiento de los impulsos sexuales) como mentales (el nacimiento del pensamiento del futuro). , la búsqueda de la propia ética), y social (la salida del estatus de niños y la búsqueda de la propia posición en el mundo incluso en contraste con los adultos de referencia), como terapeutas estamos obligados a ser igualmente cambiantes pero al mismo tiempo deténgase en una posición adulta acogedora.

El texto destaca claramente cómo los adolescentes representan la prueba de fuego de una época. La fragilidad narcisista, la ira y la desorientación que caracterizan a 'los jóvenes de hoy' son hijos de un contexto que ha ido desmantelando paulatinamente sus garantes sociales (Estado, Iglesia, Partido) y modificado sus ritos de paso, con el riesgo también para cancelar la brecha entre generaciones.

Cahn reflexiona y nos lleva a reflexionar sobre el papel terapéutico y parental, que no hay que confundir, pero que en ocasiones estamos llamados a defender. En las viñetas clínicas propuestas se destaca cómo el terapeuta debe representar a un adulto suficientemente bueno y sólido, presente pero al mismo tiempo capaz de hacerse a un lado cuando sea necesario. El adolescente, de hecho, necesita conocer a alguien que le dé voz a su sufrimiento, que lo acoja y lo escuche, sin necesariamente ponerle una etiqueta o un nombre.

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Esta afirmación puede parecer paradójica: proporcionar a una persona en busca de preguntas 'sólo' escucha y no respuestas. Sin embargo, hay que destacar que lo que necesita el joven no es un terapeuta silencioso y distante, el caricaturista-analista que 'mata' con su propio silencio, sino un terapeuta humano, comunicativo y accesible, que actúe como adulto y que asuma también la responsabilidad de tomarse el tiempo, de hacer entender a la gente que ante una emoción, un dolor, una situación también se puede parar sin actuar necesariamente.

Anuncio En resumen, introduzca un pensamiento. Una nueva modalidad relacional que se adapta al canal comunicativo del adolescente que no siempre es capaz de distinguir lo extrapsíquico de lo intrapsíquico, por lo que en ocasiones se centra en el registro del hacer más que del pensar.

Otro concepto clave del texto y la teorización de Cahn es el concepto de subjetivación, la mayor tarea a la que se dedica el adolescente. Conviértete en sujeto, construye tu propia identidad, podríamos decir, amuebla una casa -por usar una metáfora- en la que en las paredes cuelgan fotografías del pasado. No tendría sentido, ni sería posible, arrasar y construir desde cero; el topógrafo adolescente va en busca de la armonía, y el terapeuta podría ayudarlo en esto.

Es importante subrayar, de hecho, que muchas veces el sufrimiento del adolescente está representado por un escollo en el proceso de subjetivación, que implica también el coraje y la posibilidad de correr el riesgo de los propios deseos, en un conflicto dialéctico con las figuras de referencia, comprender que la confrontación puede ser constructiva y liberadora y no necesariamente anuladora o destructiva. Evidentemente, el papel de las figuras adultas que la persona encuentra en el camino es fundamental. Pero nada es irreparable y el encuentro con un terapeuta que actúa como adulto, tratando también con 'cosas concretas' si es necesario, puede representar una ventana a una nueva y diferente forma de ser y de vivir.

De hecho, lo que a menudo parece emerger en la sesión con el adolescente es su necesidad de 'estar con', no de sentirse abandonado, pero sobre todo de sentirse comprendido. Para un joven en consulta o terapia, es fundamental sentir la confianza del terapeuta, la convicción de no asustarlo con pensamientos o emociones que no comprende es demasiado fuerte.

Terapéutico, de hecho, parece ser la conciencia de que el terapeuta resistirá los choques, admitiendo incluso su propia humanidad. En este sentido, el libro también proporciona elementos para reflexionar sobre el cambio en el papel del psicoanalista a lo largo de los años (de una esfinge omnipotente silenciosa a un participante activo en la sesión), proporcionando así una interesante panorámica histórica.

Para concluir, a partir de este texto bien redactado pero ciertamente específico y técnico y por tanto, aunque claramente no apto para 'no profesionales', traemos a casa el mensaje de que para trabajar bien con un adolescente es recomendable no tener miedo de admitir que eres (o no he estado.

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BIBLIOGRAFÍA: