Este artículo surge de la experiencia directa del autor adquirida como educadora de párvulos.

A partir de los primeros intercambios entre madre e hijo, se desarrolla el vínculo de apego. Las modalidades interactivas específicas vividas por la díada conducen al desarrollo de modelos operativos internos (MOI), gracias a los cuales el niño puede crear expectativas sobre las respuestas a sus propias necesidades.Al ingresar a la guardería, la figura del educador se vuelve central en el proceso de crecimiento cognitivo, emocional y social del niño: el promotor del desarrollo saludable es el vínculo de apego que se establece entre el maestro y el niño.



¿Qué es el vínculo del apego?

Anuncio los vínculo de apego , como teoriza John Bowlby, se desarrolla gracias a los primeros intercambios entre la figura de referencia (principalmente la madre) y el niño. Según el autor, el motor del apego no está dado, según el autor, por la alimentación, o más bien por la búsqueda de alimento y el impulso de sobrevivir, sino por emociones y del reconocimiento de los mismos.

Bowlby demostró cómo el establecimiento de un estilo de apego adecuado implicaba el desarrollo de una personalidad armoniosa, afirmando queel apego es una parte integral del comportamiento humano desde la cuna hasta la tumba(Bowlby, 1982).

Sobre la base de modelos operativos internos (Bowlby, 1969; 1988),desarrollados gracias a sus lazos emocionales, el padre se relaciona con el niño de cierta manera, respondiendo a sus solicitudes de atención de manera constante / inconstante. A partir de estos insumos, el niño internaliza, a su vez, patrones específicos del yo, el otro y la relación entre el yo y el otro, desarrollando un tipo de apego seguro o inseguro.

Específicamente, si el cuidador es receptivo y emocionalmente disponible, el niño lo buscará con confianza en situaciones estrés seguro que puede ser consolado; por otro lado, un padre impredecible e inconstantemente disponible conducirá al desarrollo de un apego inseguro, ya que no es capaz de contener y regular las emociones a las que se enfrenta el niño.

Una adecuada sintonía emocional conduce al desarrollo de un aprendizaje positivo, basado en tratamientos en sintonía con las necesidades del niño (Van Der Kolk, 2015).

Las modalidades relacionales co-construidas por la díada niño-madre durante la niñez se extenderán entonces potencialmente a todas las relaciones futuras.

La relación de apego educador-niño

Cuando un niño ingresa a la guardería (edad: 3 meses-3 años), generalmente comienza con una primera fase de inserción, de duración variable y dependiente de factores como la edad del niño, el temperamento de la madre y el niño, previo experiencias de separación de la figura de referencia, durante las cuales el educador se convierte gradualmente en parte de la relación diádica.

Esta fase de aclimatación es muy delicada y tiene un fuerte impacto emocional para todos los involucrados.

Mientras el niño comienza a explorar el nuevo entorno, el educador tiene la oportunidad de hacer preguntas al cuidador con el fin de obtener información sobre la cual desencadenar el proceso de llegar a conocer al niño.

La presencia de la madre se hará cada vez más evanescente, hasta llegar al momento del 'saludo en la puerta', donde, al llegar, la educadora da la bienvenida al niño para que entre al aula y la madre se queda fuera. Esto decreta el final de la fase de inserción.

Estos primeros momentos, muy delicados e importantes, representan una oportunidad de estudio tanto para el niño como para el educador, resultando en una preparación para el establecimiento de la relación de apego: compartir rutinas permitirá el desarrollo de un escenario 'predecible', gracias a la articulación de momentos repetibles en la vida cotidiana, como la bienvenida, el cambio y la limpieza personal, el almuerzo, la siesta, la merienda (Galardani, 201; Catarsi y Baldini, 2008; Weikert, 2005).

La asimilación de rutinas actúa, por tanto, como un vector espacio-tiempo, orientando al niño y dándole seguridad y constancia en la vida cotidiana (Corsaro, 1979).

El educador constituye el vínculo central y el vínculo de comunicación en el sistema triangular madre-educador-hijo (Fig. 1), donde cada elemento influye en la homeostasis del sistema de apego.

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Educador y niños en la guardería: l

Fig.1 Sistema de fijación Nest

Los adultos de referencia desempeñan una importante función de andamiaje (Wood, Bruner, Ross, 1976) o de apoyo, favoreciendo los patrones de exploración y juego del niño. Ergo, en el ambiente de la guardería, el educador se convierte en la brújula del niño, a la que acudir en momentos de conflicto, frustración y compartir emociones positivas.

Apego seguro al educador infantil

Al llegar a la guardería, el niño se encuentra en el momento de máximo desarrollo del apego: 8-25 meses (Bolwlby, 1969).

Anuncio Como demuestran los estudios de Howes, Rodning, Galuzzo y Myers (1998), la creación de vínculos de apego seguro hacia uno o más educadores es muy importante y constituye la base para un sano desarrollo socioemocional y cognitivo del niño, pudiendo, además, compensar una relación insegura con la madre. Esto ha sido ampliamente demostrado en la literatura (Cassibba, 2009; Cassibba et al., 2000).

El niño envía señales constantes sobre sus necesidades y la forma en que son recibidos por el adulto lo lleva a crear representaciones internas de sí mismo y de los demás, alimentando expectativas de futuro. Responder de manera constante y consistente a las solicitudes del niño lleva a este último a desarrollar la confianza en el otro, representado como un individuo disponible y atento, y la confianza en sí mismo, auto-representado como un sujeto digno de amor y atención.

Por tanto, se da la estrategia adecuada para los educadores de educación infantil para fomentar un apego seguro:

  • de la interpretación de las señales enviadas por los niños;
  • da respuestas constantes y coherentes a estas señales.

La educadora debe mostrarse disponible, no solo físicamente, sino sobre todo empáticamente , manteniendo el contacto visual (a su vez entre los varios niños, pero el tiempo suficiente para cada uno), acercándose a cada uno, conteniendo a los que más lo necesitan.

Es importante e imprescindible estar en sintonía con las necesidades de los niños, estimulando la autonomía de cada uno y apoyándolos en momentos de dificultad.

La herramienta electiva de la que la educadora debe hacer buen uso es la observación: a través de ella podrá tener en cuenta al niño, pensarlo, captar matices individuales y no caer en tópicos.

Cuando el niño percibe al educador como una base segura (Ainsworth et al., 1978; Bowlby, 1988) se sentirá libre y ansioso por explorar el entorno, capaz de interactuar con sus compañeros y adquirir nuevos conocimientos (Bergin y Bergin, 2009). ), experimentarse y conocerse, con la conciencia de que, en caso de necesidad, tendrá su ancla de salvación.sabiendo con certeza que será bienvenido, nutrido física y emocionalmente, consolado si está triste, tranquilizado si está asustado(Bowlby, 1988, p. 10).

como lidiar con el miedo

El apego y la exploración pueden, de hecho, verse como sistemas complementarios, donde la desactivación de uno activa al otro: es el adulto quien, actuando como base segura, favorece la regulación de los dos sistemas.

Así es como el educador se convierte en la portada de Linus dentro de la guardería: el objeto transicional que el niño trae consigo para reemplazar a su madre para sentirse no solo protegido, en el ambiente de la guardería lo da la presencia del educador de referencia.

No olvidemos, de hecho, que en los primeros 3 años de vida se alcanzan las etapas evolutivas más importantes relacionadas con el lenguaje, la motricidad, la sociabilidad, el control de esfínteres y por tanto, el niño co-construye su propia identidad día tras día.

Por otro lado, los educadores experimentan un mayor sentido de efectividad educativa a partir de la creación de vínculos de apego seguros, lo que ayuda a aumentar el sentido de autoestima y bajar el nivel de estrés, alto en esta profesión.

Por tanto, está claro que la mejor manera de promover el desarrollo del niño en el entorno de la guardería es la creación de vínculos de apego seguro.