El ser humano siempre ha sido considerado una entidad social, que vive inmersa en un contexto, cuya peculiaridad viene dada precisamente por las relaciones que se establecen entre las personas.

Palabras clave: relación, comunicación, mimetismo, escucha activa, comunicación efectiva.



Resumen

Las relaciones terapéuticas son ocasiones en las que se puede generar bienestar en el paciente, pero también en el trabajador sanitario. El artículo ilustra algunos constructos, como la mímica, la escucha activa y el hablar de manera adecuada, que nos permiten caracterizar positivamente esta relacionalidad.

La relación con la alteridad

El ser humano siempre ha sido considerado una entidad social, que vive inmersa en un contexto, cuya peculiaridad viene dada precisamente por las relaciones que se establecen entre las personas. Donde esta relacionalidad se basa en parámetros positivos, es fuente de bienestar y por tanto de mejora de la calidad de vida. La relación se caracteriza por la comunicación, es decir, toda relación se basa y se caracteriza por la comunicación que se establece entre los integrantes. Esta comunicación se compone de lenguaje verbal, pero sobre todo de lenguaje no verbal. Para que una relación sea un presagio de bienestar, debe surgir de un deseo constructivo. En otras palabras, ambos miembros de una relación deben comprometerse a reconocer al otro como persona, es decir, un individuo portador de una riqueza intelectual, moral y cultural a respetar.

Esto significa que las partes se reconocen y actúan como personas, otorgándose el respeto y la consideración que desean recibir a su vez [...]
(Fioretto, Ott, Ghirardini, Andrioli Stagno, Cardone, De Feo, Conte, 2015, p. 24).

El respeto por la alteridad se expresa en el ir hacia el otro, que está hecho de

[...] curiosidad [...] interés por su experiencia y su forma de vivir una experiencia [...] reconocimiento [...] legitimación de los sentimientos y emociones que experimenta [...]
(op. cit., pág. 25).

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La relación con uno mismo como base de la relación con la alteridad

Para que exista una buena relación con la alteridad, es necesario tener una buena relación con uno mismo, que se compone de la aceptación total de uno mismo y el otorgamiento de derechos ciudadanos a las opiniones y emociones propias. Este es el paradigma fundacional de cualquier buena relación, ya que la autoaceptación permite no traducir el significado de la relación, no vivirla, es decir, como un momento de confirmación o desconfirmación de uno mismo por parte del otro.

Empatía, unipatía y simpatía en la relación terapéutica

Anuncio En la relación con la alteridad, un papel clave lo juegan los estados de ánimo que cada uno de los miembros aporta a la relación. En otras palabras, quienes son tratados traen consigo una dosis de sufrimiento. En relación a esta incomodidad, se pueden experimentar tres condiciones:
- empatía, en la que uno se pone en la piel del otro, imaginando su sufrimiento, pero sin asumir la carga emocional (op. Cit., p. 27);
- la unipatía, que es una condición en la que se produce un contagio emocional o los problemas del otro se vuelven propios (op. Cit., p. 27);
- simpatía, situación en la que el oyente participa emocionalmente del sufrimiento del otro.
Claramente, entre las tres, la mejor actitud emocional es la empática, que permite comprender el malestar del otro, sin involucrarse emocionalmente. Esto te permite mantener el adecuado desapego que te permite ser lo más objetivo posible para aliviar efectivamente el malestar del otro.

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El mimetismo en la base de una relación terapéutica eficaz

Uno de los requisitos previos para una relación terapéutica eficaz es el fenómeno que puede definirse como mimetismo. Puede ser:
conductual
gestual
vocal;
lingüístico;
sensorial.

En la mímica del comportamiento, el sanador refleja algunas características de comportamiento del sanador, expresándolas con lenguaje corporal. La mímica gestual se caracteriza por la repetición voluntaria de determinados gestos propios de quien los escucha. La mímica vocal tiene la particularidad de adaptar la melodía, el timbre de la voz, la velocidad del habla a los de nuestro interlocutor. En el mimetismo lingüístico tendemos a utilizar el léxico que caracteriza al paciente.

El mimetismo sensorial tiene como elemento distintivo el uso del mismo canal sensorial imperante, con el que nuestro interlocutor se relaciona con la realidad. Hay tres canales perceptivos a través de los cuales los individuos se relacionan con la realidad, a saber, el canal visual, cinestésico y auditivo.

Al respecto, Fioretto, Ott, Ghirardini, Andrioli Stagno, Cardone, De Feo, Conte (op. Cit., P. 28) explican

[…] Una persona que usa o prefiere las percepciones visuales predominantemente proporcionará más detalles visuales (colores, luces, detalles estéticos) en sus descripciones y usará palabras y expresiones como '¿Ves?' 'Está claro, ¿no?' Una persona predominantemente cinestésica dará más detalles sobre sus percepciones (aromas, descripciones táctiles, sensaciones) en sus descripciones y usará palabras y expresiones como 'No tengo ganas', 'Siento algo especial', 'Siento que todo estará bien'. Finalmente, una persona que utiliza principalmente o prefiere las percepciones auditivas proporcionará más detalles sonoros (ruidos, sonidos, palabras habladas e informadas exactamente), en sus descripciones utilizará palabras y expresiones como '¡Escucha!', '¡Escucha esto' [... ].

Escucha activa

La mejor forma de escuchar que se puede hacer de la historia de la alteridad está representada por la escucha activa. El oyente tiene un papel de participación en él. De hecho, se sintoniza con lo que escucha, devolviendo comentarios, lo que muestra lo atento que estaba a las palabras dichas. La retroalimentación se puede expresar en lenguaje extraverbal y en lenguaje verbal. Los signos extraverbales son prerrogativa del lenguaje corporal y se pueden resumir en todos aquellos signos que indican apertura al otro. La retroalimentación verbal está representada por las siguientes técnicas:
- reflexionar (con esta técnica se repite lo dicho por el interlocutor);
- parafrasear (con este método lo que se ha informado se expresa en diferentes palabras);
- hacer explícito (con este procedimiento lo tácito se hace manifiesto);
- aclarar (es el procedimiento que le permite hacer preguntas para comprender mejor lo que ha escuchado);
- enfoque (es llamar la atención de nuestro interlocutor sobre una parte del discurso que pronunció);
- resumir (es el proceso que nos permite resumir lo que hemos escuchado) (op. Cit., p. 30).

Anuncio Para que el profesional de la salud sea incisivo es necesario que conozca las necesidades de su interlocutor, sepa lo que debe comunicar o tenga un objetivo que quiera perseguir, y sus palabras deben ser concisas, esenciales y pragmáticas, entendiendo por este término armonía. de lo dicho con el fin que se persigue (op. cit., p. 30). Además, la comunicación es eficiente cuando quien habla expresa sus opiniones o emociones, precediéndolas siempre con el pronombre I. La vigencia de los que Fioretto (2015) define como los asesinos de la comunicación, es decir, discursos ambiguos que dejan en la duda al interlocutor y generalizaciones, que banalizan los discursos con clichés. En conclusión, la adecuación de la comunicación se resumió en las cuatro máximas de Grice (1993), citadas en Fioretto, Ott, Ghirardini, Andrioli Stagno, Cardone, De Feo, Conte (op. Cit., P. 32)

[...] Sea sincero, brinde información veraz, como usted sabe [...] Brinde la información necesaria, ni más, ni menos [...] Sea relevante [...] Sea claro (evite la oscuridad de expresión y ambigüedad, sea breve, proceda de manera ordenada) […].

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BIBLIOGRAFÍA: