La propuesta de terapia sistémica con respecto a la convocatoria en la sesión es muy articulada y difiere en función de las características del caso concreto.

Ir al psicólogo: de la idea a la primera sesión

Anuncio Cuando una persona decide acudir a un psicólogo por un problema que le preocupa a él oa un familiar, suele hacerlo después de intentar otras vías: quizás pueda pensar que el malestar es pasajero, o puede hablarlo con un amigo o familiar, o quizás con su médico de cabecera. Luego, al ver que persisten las dificultades, acude al psicólogo.



Antes de ir, probablemente piense en la sesión, la sala de terapia, los temas de los que hablar, pero rara vez cree que el psicólogo le hará una propuesta sobre a quién llamar para la reunión. A menudo, el paciente cree que le corresponde a él decidir quién debe estar presente, y probablemente lo haga con razón, ya que, para la mayoría de los discursos psicoterapéuticos, el tema del encuentro no es objeto de reflexión profesional.

Al contrario, para el enfoque sistémico-relacional , la elección de a quién llamar para las sesiones no debe dejarse al azar: tiene un valor terapéutico en sí mismo y el resultado de toda la intervención a menudo depende de ello (Di Blasio, Fischer y Prata, 1986).

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El verdadero comienzo de la terapia sistémica es, por tanto, la llamada telefónica del paciente al psicólogo, momento fundamental para investigar la solicitud: ¿el problema es de la persona que llama o de un familiar? ¿Cuál es la edad del paciente y en qué período del ciclo de vida está atravesando? ¿Cuál es el problema? Estas son algunas de las preguntas que el psicólogo hace a quienes están al otro lado del teléfono, para evaluar a quién llamar en la primera cita.

¿La solicitud se refiere a quién llama?

Si la solicitud concierne a la persona que llama, podemos pensar, luego de la debida verificación, que quien nos habla es consciente de tener una dificultad, ha recopilado una serie de información que lo llevó a contactar con un psicólogo, tiene la capacidad de exponer al profesional a la su problema y ha planificado las acciones relacionadas con la conducción de las sesiones (puede ir a las reuniones y, si es necesario, pagarlas). Estas variables, junto con otras que mencionaré más adelante, dan lugar a una convocatoria individual, porque el psicólogo puede creer que el paciente está suficientemente motivado para la terapia y tiene los recursos para beneficiarse de ella. Pero, ¿y si el paciente no llama personalmente? Probablemente no sea consciente de que tiene un problema, o no sea capaz de contactar con el psicólogo y explicárselo: ¿cuál será el beneficio que puede derivar de solo sesiones individuales? Probablemente poco o nada. En este punto se vuelve importante comprender a quién y por qué llama en su lugar: hay muchos escenarios posibles. El caso más frecuente ocurre cuando el paciente es menor de edad y quien llama es un padre: en este caso, el profesional tendrá que pensar en involucrarlo, como veremos en el segundo punto. Si el paciente es mayor de edad, ¿por qué no llama personalmente? ¿Sufre de alguna enfermedad física o mental grave que le haga depender del sistema de referencia? O, a pesar de no tener una patología en toda regla, ¿no es consciente de sus dificultades? O tal vez, realmente no tiene un problema, pero ¿la persona que llama cree que lo tiene? Cualesquiera que sean las razones, está claro que en este caso no es preferible la convocatoria individual del paciente designado, so pena de fracaso de la intervención. En cambio, es más útil continuar con una reunión extendida al sistema de referencia.

¿Qué edad tiene el paciente y qué etapa del ciclo de vida está atravesando?

Niños

Llegamos al segundo punto. Si el paciente es menor de edad, le resulta difícil molestarse en llamar personalmente al psicólogo: a menudo, todas las decisiones relativas a su salud, incluso psicológicas, se dejan a su cargo. padres , o quien lo cuide. Pero no solo. Como afirma Miriam Gandolfi (2008), si los adultos pueden contar con una relativa independencia de los demás, niños las cosas son diferentes. Las actividades escolares y extraescolares son reguladas y supervisadas por adultos, quienes, comunicándose con el familia , le permite tener siempre la dirección de la situación. Un fenómeno similar también se observa en el tiempo libre: si en el pasado los niños, sobre todo si vivían en el campo, solían tener libertad para alejarse de la mirada de los adultos, hoy es impensable que gocen de tal independencia, sobre todo si viven en entornos urbanizados. . Por tanto, es natural, en esta fase del ciclo de vida, que quienes los cuidan y tienen un nivel tan alto de toma de decisiones en lo que les concierne se involucren en el problema, tanto porque lo co-construyen como porque es un recurso. para afrontarlo.

Adolescentes

Anuncio Pero y si el paciente es adolescente ? La adolescencia es una edad muy especial, porque tiene algunos aspectos en común con la infancia, aunque se diferencia claramente de ella. Los niños y niñas, aunque disfruten de más libertad que los niños, siguen dependiendo del contexto familiar: los padres siguen siendo un punto de referencia fundamental desde el punto de vista emocional, tanto cuando sus hijos deciden adherirse a sus valores, y cuando intentan diferenciarse de ellos de forma clara y disruptiva. Sin embargo, en comparación con lo que ocurre con los niños, el grupo de pares, en el que el adolescente tiene experiencias diferentes a las familiares, suele ser un punto de referencia estable y un lugar importante para la formación de la identidad. El psicólogo, tras una fase inicial de consulta familiar en la que es posible formular una hipótesis sistémica y una estrategia de intervención compartida, puede aportar, según el caso, una parte de intervención individual en la que el paciente pueda hablarle de su mundo extrafamiliar.

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Adultos

En el caso del paciente adulto, claramente la convocatoria individual es la más frecuente, pero hay que tener en cuenta que la fase del ciclo vital que está viviendo el paciente no depende solo de su edad. Si a los quince años Metello, el protagonista de la novela homónima de Pratolini, ambientada en Florencia a principios del siglo XX, era un verdadero jefe de familia, de cuyo trabajo dependía el destino de sus hermanos, hoy el grupo de edad entre los veinte y los treinta años es bastante variado: hay jóvenes que trabajan, viven solos, en unos casos conviven y tienen hijos, otros estudian y, inevitablemente, siguen ligados económicamente a la familia de origen, aunque con distintos grados de dependencia, otros todavía se encuentran en una condición compleja, donde la falta de planificación se suma a la dependencia económica de la familia. Un terapeuta sistémico debe tener en cuenta estas variables, porque influyen en sus elecciones de llamada a las sesiones.

¿Cuál es la naturaleza y la gravedad del problema?

Como afirma Ugazio (1989), si un adulto tiene un cuadro psicopatológico grave, como una patología disociativa , es preferible una convocatoria familiar: la dependencia del paciente de su contexto a menudo significa que su patología se desarrolla por completo dentro del hogar. Durante la sesión, se discuten los efectos pragmáticos del síntoma en los miembros de la familia. Si, por el contrario, un adulto joven, mientras aún vive en casa de sus padres, vive de forma adecuada a su ciclo de vida y tiene un problema extrafamiliar que no compromete su independencia, como una dificultad sentimental, se debe realizar una llamada individual. preferir.

Las objeciones

Como ves, la propuesta sistémica respecto a la convocatoria en sesión es muy articulada y contrasta con el principio individualista de la sociedad occidental: es por tanto objeto de críticas, no solo por parte de los pacientes, sino también por compañeros de otras orientaciones.

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La objeción más importante es que si un paciente está en sesión con familiares, no es espontáneo: si estuviera solo, expresaría más lo que siente, mientras que con familiares presentes es más cerrado. La respuesta que se puede dar a esta objeción es al menos en dos niveles. Ferdinando Salamino (2019, cita personal), hablando del problema, afirma que no siempre cuando una persona está sola expresa sus pensamientos más íntimos y verdaderos. Si pensamos en Facebook , nos damos cuenta de que muchas veces, precisamente porque están disfrazados por la red, las personas tienden a mostrarse por lo que no son: al fin y al cabo, como tienen personas lejanas que no los conocen como interlocutores, nadie puede negarlos. Quizás entonces surja la verdadera intimidad precisamente cuando nos enfrentamos a los cercanos, que contribuyen a crear nuestra personalidad, como nosotros contribuimos a crear la suya. Podemos entender quiénes somos solo a través del diálogo con quienes nos rodean, hecho, como dice Ugazio (2018), más que miradas y emociones que palabras. Y aquí está la segunda respuesta a la objeción: si un paciente, cuando está con familiares, no dice todo lo que piensa, su forma de comportarse en la sesión, sus expresiones, las emociones que expresa, nos dicen más que cualquier palabra.

Conclusión

En mi experiencia como terapeuta, siempre he creído que la convocatoria a sesiones es un momento fundamental de la terapia: la conversación terapéutica puede orientarse de diferente manera dependiendo de quién esté presente en la sesión, por ello creo que esta elección recae a todos los efectos en el estrategias que el clínico puede utilizar en el proceso de tratamiento de sus pacientes.