Dolor de piedras (2016) es una película sobre enfermedad psiquiátrica en la edad adulta, una patología desatendida y minimizada durante la mayor parte del recorrido de la película por la mayoría de los personajes, a excepción del cónyuge insospechado que con un giro sorprende al espectador y se hace pasar por una figura suficientemente buena.

Trama de la película Dolor de piedras

Anuncio El protagonista de la película Piedras doloridas es Gabrielle, una joven francesa sola, marginada y obsesionada con amor perfecta, atractiva y al mismo tiempo poco seductora, estéticamente adulta e interiormente infantil, a punto de cruzar el umbral de la edad 'justa' para casarse y formar una familia. Es la propia madre quien apoya la necesidad de una decisión inmediata para zanjar el asunto: Gabrielle no está loca, solo necesita un hombre, sin este elemento corre el riesgo de comprometer el buen nombre de la familia, por lo que tiene que decidir si acepta casarse con alguien. desconocido observado con extrema sospecha, o entrando en el manicomio de Marsella.



tan despreocupado y juguetón como los jóvenes universitarios

Ante la posibilidad de ser internada, Gabrielle accede a regañadientes a casarse con el buen partido José, un albañil español de pocas palabras, con un trabajo sólido y sin pasión por la pasión, un hombre cuidadosamente elegido por su madre que espera resolver. el problema es aparcar a la hija en una situación de 'contención', con reglas maritales, pocas fantasías y mucha practicidad.

Gabrielle es una soñadora, emotiva, pero también desconfiada, a diferencia de su madre que insiste en mantener un desapego casi profesional de un problema que requeriría un equilibrio entre la distancia y la participación emocional, la conciencia de lo que el otro pide y lo que uno. puede conseguir.

Aunque apresurada, la mujer sin querer acude a la persona indicada para su hija: José se parece a sus padres por su actitud aparentemente distante, pero detrás de esta 'armadura' se esconde un interés real por esa hermosa y perturbada niña que en secreto mira mientras juega al plan. Al principio, sin embargo, el español de ojos claros luchó por expresar su emociones y el ambiente familiar se repite, así, en el matrimonio que Gabrielle había fantaseado de otra manera: leer Cumbres borrascosas, imaginar los apasionantes acontecimientos entre Heathcliff y Catherine, el torbellino de emociones que arrastra a los protagonistas en brazos, la representación de la ' amor como un juego de pasiones abrumadoras choca con la realidad tachonada de interminables silencios y distancias.

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Piedras doloridas: los amores y rechazos imposibles que vivió Gabrielle

los amor romantizado se reclama y se busca incluso a costa de interpretar masivamente detalles insignificantes en la interacción con el otro: cualquiera que demuestre un mínimo gesto de atención en un contexto en el que la relación no puede desarrollarse se convierte en la persona adecuada para perseguir y cortejar. L ' amor imposible lleva a la selección de hombres imposibles con los que los contactos son y serán restringidos y limitados y el rechazo es obvio: el primero es un hombre casado que le regala un libro sin ningún otro motivo, el segundo un teniente que alguna vez la habría amado , pero ahora se está muriendo y solo espera encontrar la paz eterna lo antes posible. En ambos casos, los obstáculos son insuperables: no es posible consolidar un vínculo con un hombre casado y desinteresado, ni con un chico que está a punto de morir, por lo que no puede vivir un Enamorarse hacia él.

En la película Gabrielle maneja tres tipos de derroche en relación a tres hombres distintos, el casado, el marido y el teniente: el primero pasa con vehemencia y desesperación, ataca y se abandona en el campo y en la soledad, el segundo es un más emocional y física, con gestos mecánicos y seducción, la última con delirios y alucinaciones prominentes, en las que la pasión, la ira y la desesperación se suceden hasta desaparecer en la conciencia paulatina.

Las piedras doloridas de Gabrielle y el encuentro con André

Al principio, Gabrielle intenta establecer una relación con el 'hermético' José, quien permanece imperturbable: es amable y cariñoso, pero trata el problema de salud de su esposa con extrema practicidad, lo que se suma a la enfermedad mental. El protagonista es atrapado por el piedras doloridas una anomalía orgánica que dificulta la el embarazo , tratable mediante una terapia larga y costosa en un hospital remoto en los Alpes suizos. Es aquí, tras ser temporalmente abandonada por su marido, donde empieza a frecuentar asiduamente a André, uno de los pocos pacientes que no puede moverse por el hospital y por tanto necesita atención y cuidados frecuentes: Gabrielle conoce perfectamente las condiciones del hombre, pero se niega a idea de no cobrar y no poder cultivar una amor con él. La negación la lleva a reemplazar la muerte del teniente con una recuperación completa y su indiferencia con salvar el amor que la alejará de la infeliz vida cotidiana junto a su marido, quien se entrega a la ilusión psicótica destinada a romperse pronto entre las olas del mar.

Ante el silencio de André, ahora muerto desde hace algún tiempo, la mujer no puede evitar sentir rabia, desesperación y finalmente resignación: las cartas enviadas regresan al remitente y en la casa del amante vive el asistente que revela el terrible secreto. inconfesable. El joven es el testigo de la realidad, el primer perturbador que pone a Gabrielle frente a los límites: el teniente nunca ha vuelto a verla, nunca tuvo la intención de robársela a su marido y mucho menos iniciar un proyecto de vida con ella. no se curó, salió en camilla de la instalación y nunca volvió. En este punto, sin embargo, la comparación con los hechos ocurridos se vuelve soportable probablemente porque, con el tiempo, el protagonista ha aprendido a asimilar la realidad de forma progresiva, aceptando finalmente el desapego de una figura una vez idealizada.

la foto en elsa congelada

El personaje del marido de Gabrielle

Anuncio Hay que decir, sin embargo, que la figura del marido es fundamental en este proceso de acompañamiento. De hecho, en un primer momento José apoya 'estratégica' y terapéuticamente el delirio de su esposa: 'dejarla vivir' significa dejarla disfrutar de una fantasía que en un principio le trajo una inmensa felicidad y satisfizo el deseo de ser amada, la expectativa de un existencia que él mismo, hermético, no pudo darle, con la certeza de que la verdad llegaría con el tiempo, cuando las aguas se calmarían. 'Estratégicamente' porque siente la sensación de soledad y sensibilidad al abandono de su esposa y decide tomárselo con calma, introduciendo la realidad 'en pequeñas dosis'. La perturbación, en esta historia, no es por tanto más que una comparación con los hechos que van surgiendo progresivamente: André no responde a ninguna de las cartas, no viene a recogerlas, la historia acaba en silencio y a pesar de los años de desprendimiento emocional y resignación. , Gabrielle elabora definitivamente el duelo cuando da sentido al rechazo sufrido ya ese silencio que, en realidad, fue signo de un hecho temido e intolerable.

El enfrentamiento con José es así el punto de contacto entre los dos cónyuges que finalmente se reencuentran: aunque distante, el hombre muestra paciencia, respeto y aceptación, cualidades que Gabrielle capta en el diálogo, en la narración del punto de vista externo al asunto, que de un marido que teme la separación y la traición, comprende la enfermedad y está dispuesto a aceptarla, aunque con sufrimiento. José, por tanto, es bastante bueno, aguanta pruebas, desconfía y aprueba el examen final: a diferencia de los demás, no se escapó, no abandonó a su compañero aunque hubiera tenido todos los pretextos y las buenas razones, se quedó, entendió y se abrió, revelando los sentimientos ocultos y no expresados. Compartir fue el último paso que permitió, en resumen, una mayor intimidad relacional, transformando una relación mecánica y fría en fluida y cálida, desarrollando la posibilidad de conocerse y amarse.