Stefano Blasi, Giuseppe Pollani.

El concepto de mentalización está teniendo gran éxito y difusión en el campo de las ciencias psicológicas. El tema nos parece estimulante especialmente a la luz de la gran cantidad de libros, artículos e investigaciones que tienen como objeto este constructo, además de la existencia de un tratamiento psicoterapéutico específico basado en la mentalización (Mentalization-Based Treatment MBT) para pacientes con trastorno límite ( BPD), que acumula confirmaciones empíricas de eficacia y que ahora se está extendiendo a otras categorías clínicas. Además, este considerable interés por el constructo parece más o menos transversal a las diversas orientaciones teóricas de la psicoterapia. Un trabajo bastante reciente de considerable interés es el de Choi-Kain & Gunderson (2008). El artículo ofrece una breve revisión crítica de la mentalización examinando su evolución histórico / conceptual, sus aplicaciones y su medición. La intención de los autores, en nuestra opinión, es valiosa porque estimula un debate científico que puede dar inicio a una investigación focalizada sobre los aspectos críticos destacados. E implícitamente destaca algunas criticidades básicas comunes a las disciplinas psicológicas, criticidades que han encendido muchos debates epistemológicos y metodológicos, fundamentales para la conciencia del estatus científico de estas disciplinas.



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Choi-Kain & Gunderson comienzan describiendo las raíces históricas de la mentalización y lo hacen a partir de una de las primeras formulaciones que el psicoanalista e investigador Fonagy da de la mentalización, entendida como 'la capacidad de concebir estados mentales inconscientes y conscientes en uno mismo y en los demás'. Detrás de estas raíces estaría el intento de Fonagy de sintetizar la idea psicoanalítica de 'simbolización' con el concepto filosófico y científico de la 'teoría de la mente' (ToM). Un punto que para los autores diferencia la mentalización de sus raíces, como la teoría de la mente, es haber anclado el constructo a un modelo de desarrollo, dentro de un marco teórico sólido, como el de la teoría del apego de Bowlby. Un buen desarrollo individual del niño se basaría en la capacidad del cuidador para reflejar los estados mentales del niño, de una manera que, sin embargo, se caracteriza por estar estresado, es decir, 'enfatizado' (como elmaternalpor ejemplo), y contingente, que está centrado y es relevante para los estados mentales experimentados por el niño. Esta restitución permitiría al niño percibirse a sí mismo como una entidad pensante, es decir, con sus propios estados mentales y mentalizarlos, regulando y modulando sus propios afectos y ansiedades. Las desviaciones de este camino evolutivo normal podrían orientar al sujeto hacia itinerarios de desarrollo que resulten en psicopatología y trastornos de la personalidad (EP).

Otro punto destacado es la conceptualización de la mentalización como déficit y como defensa y, por tanto, el intento de conectar e integrar la teoría psicoanalítica del déficit con la del conflicto. Un entorno que amenaza la integridad del individuo se refleja en su capacidad para pensar en los demás. En los casos de trauma sufrido por el niño, el intento de evitar interpretar los estados mentales del cuidador como insensibles y peligrosos puede llevar al sujeto a inhibir su propia mentalización, a fin de protegerse de fuertes sentimientos conflictivos que le afectarían tanto a él mismo como a la figura del niño. adjunto archivo. Inicialmente esta estrategia para el sujeto será adaptativa, pero en el camino evolutivo posterior podría comprometer el desarrollo de su capacidad de mentalización, hasta el punto de hacer madurar los déficits de mentalización reales. En el TLP, Bateman y Fonagy describen a través de tres mecanismos el camino que lleva a la mentalización a desestabilizarse o dañarse: primero como un déficit, luego como una defensa y tercero como un descarrilamiento debido a un apego desregulado. Hasta ahora, la relación entre mentalización, apego y trauma surge de una manera fuerte.

Choi-Kain & Gunderson retoman una de las últimas versiones de la definición de mentalización de Bateman y Fonagy, a saber, 'Proceso mental mediante el cual un individuo interpreta implícita y explícitamente sus propias acciones personales y las de los demás como significativas en función de estados mentales intencionales, como deseos, necesidades, emociones, creencias y razones personales.'. Dentro de este dominio, Bateman y Fonagy identifican tres dimensiones que caracterizan el proceso de mentalización: la primera conectada a dos modos de funcionamiento (es decir, implícito y explícito), la segunda relacionada con dos objetos (es decir, el yo y el otro), y la el tercero está vinculado a dos aspectos (es decir, cognitivo y afectivo) tanto del contenido como del proceso de mentalización. Estos tres puntos fundamentales de la mentalización, según los autores, extienden ampliamente el dominio conceptual de la mentalización hasta el punto de rozar la comprensión total. En torno a estos aspectos de la dimensión del yo-otro, implícito-explícito, afectivo-cognitivo, los autores comparan las áreas de superposición con algunos conceptos relacionados. Este intento de investigación conceptual parece particularmente valioso, precisamente porque, a pesar de la gran cantidad de investigación en psicoterapia, las definiciones de los constructos en los que se basa la investigación, son muy pocas veces consensuales y por lo que terminamos entendiendo el constructo y asimilando los resultados. investigación de forma no unívoca (problema que tiene importantes consecuencias para el estatus científico de la disciplina). Choi-Kain & Gunderson solo examinan algunos constructos relacionados, optando por aquellos que en la literatura han sido operacionalizados y estudiados en relación al TLP o integrados en tratamientos. Estos conceptos son atención plena, mentalidad psicológica, empatía y conciencia del afecto. Tienen áreas de superposición y diferenciación de cada uno con respecto a la mentalización.

Para resumir lo que surge, se muestra un diagrama de Venn muy interesante y exhaustivo.

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Mentalización

Mindfulness entendido como el'Capacidad para mantener viva la conciencia de la realidad presente'deriva de las prácticas de meditación orientales y se ha utilizado en algunos tratamientos, como en la terapia dialéctico-conductual (DBT) de M. Linehan. Al articular mejor la definición inicial, los autores explican cómo la atención plena consiste en la capacidad de observar y describir la propia experiencia mientras se participa en ella sin emitir juicios. El término se conceptualizó en un modelo bifurcado que consta de los dominios de regulación de la atención y aceptación y apertura a las experiencias. Se han identificado cuatro habilidades básicas de atención plena a partir de estudios de análisis factorial y son las habilidades de observación, descripción, acción consciente y aceptación sin juicio. Este trabajo de deconstrucción clara y empíricamente derivada ha permitido operacionalizar el concepto e insertarlo en diversos tratamientos terapéuticos. Un punto de convergencia entre la atención plena y la mentalización parece tener que ver con la capacidad de dirigir la atención hacia la experiencia para mitigar las tendencias impulsivas. Ambos enfatizan una integración de los aspectos cognitivos y afectivos de los estados mentales y promueven el reconocimiento y la participación en una experiencia interior. El área de superposición para los Autores se limita a solo uno de los dos modos de mentalización, el explícito, y a uno de sus dos objetos, el Yo. Otros tres puntos distinguen la mentalización de la atención plena. El primero está relacionado con los objetos hacia los que se puede dirigir la atención plena y que no son solo el Sí mismo o los demás, sino también objetos inanimados. El segundo se refiere a la orientación temporal exclusivamente hacia el presente de la atención plena y que en la mentalización abarca tanto el pasado como el futuro. El último punto se refiere al giro del mindfulness hacia la aceptación de la experiencia interna frente a la construcción de representaciones y su peculiar significado de mentalización.

El concepto de mente psicológica tratado por Choi-Kain & Gunderson retoma la formulación de Appelbaum, en la que se entiende como 'la capacidad de una persona para ver las relaciones entre pensamientos, sentimientos y acciones, con el objetivo de aprender los significados y las causas de su propia experiencia y comportamiento '. Esta definición está flanqueada por la propuesta por Farber, que agrega una dimensión interpersonal, en la que el concepto se reformula como'Voluntad de reflexionar sobre el significado y la motivación de los comportamientos, pensamientos y sentimientos propios y ajenos'. Los autores retoman la división del concepto de Appelbaum en cuatro aspectos: el primero se refiere a la capacidad de reconocer las conexiones entre significados y comportamientos y que requiere intuición y empatía; el segundo enfatiza el objetivo de querer comprender las acciones o un interés en la forma en que funciona la mente; tercero, pensamiento psicológico orientado a uno mismo; cuarto, la capacidad de compromiso y 'idoneidad' para el trabajo terapéutico. Al igual que con la atención plena, el concepto de mente psicológica se ha operacionalizado, primero con medidas de autoinforme y luego con análisis factoriales y comparativos con otros conceptos psicológicos. Para Choi-Kain y Gunderson, las definiciones de mentalización y mente psicológica se superponen considerablemente, especialmente en la declinación de Farber. Aparecen los puntos de contacto el trabajo mental realizado con intuición y empatía, de ahí el igual énfasis en los aspectos cognitivos y emocionales, y el interés por el funcionamiento de la mente. Algunas diferencias entre los dos conceptos podrían residir en el nivel puramente explícito en el que opera la mente psicológica y su orientación se desplaza más hacia el yo que hacia los demás. Además, la capacidad de discernir las conexiones entre significados y comportamientos no implica una capacidad efectiva para discernirlos de manera plausible.

Los autores relatan tres aspectos de la empatía que tienen en común las distintas definiciones y conceptos: una reacción afectiva que implica compartir un estado emocional con el otro; la capacidad cognitiva de imaginar la perspectiva de los demás; la capacidad de mantener una distinción estable entre uno mismo y el otro. La empatía ha sido objeto de diferentes tipos de estudios, desde los más neurocientíficos de neuroimagen hasta medidas de autoinforme. Los solapamientos y diferencias con el constructo de mentalización afectan varios aspectos. En primer lugar, ambos implican apreciar los estados mentales de los demás, a lo que sin embargo la empatía suma compartir y preocuparse. Además, la orientación de la empatía se dirige más hacia los demás y en la mentalización, por otro lado, se distribuye por igual. Ambos operan tanto implícita como explícitamente, pero la empatía se considera especialmente en su modalidad más implícita. Finalmente, el contenido de la empatía, al igual que el de la mentalización, implica el uso de habilidades cognitivas pero se centra principalmente en los afectos.

La conciencia del afecto se refiere a la relación entre'Los'activación básica de los afectos y la capacidad individual de percibir, reflejar y expresar conscientemente estas experiencias afectivas 'en términos de los nueve afectos básicos. El concepto ha sido operacionalizado e insertado en algunos tratamientos psicoterapéuticos, principalmente en modelos de psicoterapia integrada. La superposición con el constructo de alexitimia, también operacionalizada, es clara. Los solapamientos entre conciencia de afecto y mentalización, según los autores, parecen parciales pero relevantes. Ambos comparten la representación, conciencia y comunicación de estados mentales cargados de emoción y su regulación. Este procesamiento de afectos es común a la afectividad mentalizada y se basa en los mismos aspectos: identificación, procesamiento y comunicación de afectos. Otro aspecto compartido es el objeto (yo-otro) al que se dirigen. La afectividad mentalizada conduce a una reevaluación y regulación de la experiencia afectiva, lo que a su vez permite al sujeto mentalizar y, de forma circular, la mentalización facilita la regulación afectiva. La conciencia del afecto, a diferencia de la mentalización, actúa a un nivel más explícito, ya que se centra en la conciencia y la expresión de los afectos e influye en el contenido mental de carácter afectivo, mientras que la mentalización es más amplia.

Finalmente, Choi-Kain & Gunderson abordan la cuestión de la aplicación de la mentalización tanto a nivel de comprensión como de formulación de un trastorno de personalidad (TP).

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Una herramienta bastante utilizada para evaluar la mentalización es la Escala de Función Reflexiva (RF) que se aplica a entrevistas semiestructuradas como la Entrevista de Apego para Adultos (AAI). La Escala mide el grado de funcionamiento reflexivo que se detecta a través de la inferencia de cuatro 'marcadores' de categorías de reflexividad y su 'calidad' en las verbalizaciones de los participantes. Estos indicadores se basan en la presencia o ausencia de conciencia de los estados mentales, en los esfuerzos explícitos por captar los estados mentales subyacentes a las conductas, en el reconocimiento de los aspectos evolutivos de los estados mentales y en la presencia de estados mentales del participante hacia el entrevistador. Para la evaluación, las preguntas se dividen en dos tipos: las que 'permiten' demostrar habilidades reflexivas y las que las 'requieren' expresamente. La partitura incluye unrangode asignación que va de -1 a +9, por lo tanto de un FR negativo (-1) a excepcional (9). Esta herramienta, para Choi-Kain & Gunderson, sin embargo, sufriría en algunos perfiles de validez, no totalmente testados, y en los costes y tiempos que requiere, acabando limitando su uso en investigación. Este uso sería necesario, sin embargo, considerando la idea propuesta de que la mentalización representa el mecanismo fundamental por el cual el trabajo terapéutico se vuelve efectivo. Según Choi-Kain & Gunderson, la mentalización también representaría una especie de heurística útil que permite a los terapeutas un enfoque coherente de los tratamientos. El amplio alcance del constructo, sin embargo, hace que la posibilidad de identificarlo sea crítica y problemática, como uno quisiera, como un marcador de formas específicas de psicopatología como el TLP. Para apoyar esta hipótesis, los autores informan los amplios cambios en la mentalización durante todo el curso del tratamiento para un TLP. Sin embargo, el nivel de la función reflexiva también varía según la persona a la que se dirige (dependencia del contexto). Tales observaciones generarían serias dudas sobre la posibilidad de que la mentalización pueda ser el corazón del problema del TLP. Para responder a estas preguntas, Choi-Kain y Gunderson esperan que la investigación futura aclare las relaciones entre la mentalización, los conceptos relacionados, la función reflexiva y el TLP.

En conclusión, coincidimos con el deseo de Choi-Kain & Gunderson de delimitar y aclarar mejor el dominio conceptual de la mentalización. Este intento en sí mismo es valioso tanto teórica como clínicamente porque socava una actitud científicamente errónea y contraproducente de autorreferencialidad y falta de verificación 'popperiana', lo que lleva a producir grandes cantidades de investigación sin una adecuada reflexión sobre los constructos. Además, una definición más limitada, consensuada y operacionalizada también contribuiría a formar un vocabulario común y compartido tanto como sea posible, una base indispensable para una disciplina científica y su camino evolutivo.

En este sentido, estamos completando una investigación cualitativa para esclarecer los aspectos teóricos y aplicativos del constructo en la Universidad de Urbino. La opinión y la experiencia de los investigadores y médicos italianos más autorizados se investigó utilizando el método cualitativo CQR (Consensual Qualitative Research). El análisis de datos, que está llegando a su fin, muestra cómo existen las perspectivas más heterogéneas al respecto. A pesar de la complejidad de los puntos de vista sobre el constructo, surgen algunos aspectos centrales en los que los datos parecen converger. La imagen completa y completa de las áreas y categorías descritas se presentará lo antes posible.

Bibliografía:

  • Allen J. G., Fonagy P. y Bateman A. W (2008) Mentalizando en la práctica clínica. Washington, DC: American Psychiatric Publishing. Tr. It. Mentalización en la práctica clínica. Cortina Raffaello, Milán.
  • Choi-Kain L. W. y Gunderson J. G .. (2008). Mentalización: Ontogenia, evaluación y aplicación en el tratamiento del trastorno límite de la personalidad, American Journal of Psychiatry, 165, 1127-1135.