En el Síndrome de Alienación Parental (PAS), el niño se convierte en un pensador independiente que, al tomar prestada la información proporcionada por la persona alienante, cree que elige de manera autónoma alejarse del padre despreciado.

Anuncio El concepto de NO Aparece por primera vez en 1985, cuando el médico estadounidense Richard Gardner habla de ello en referencia a la dinámica psicológica disfuncional que se activa sobre los menores involucrados en procesos de separación y divorcio conflictivo, y en base a lo cual uno de los padres , referido como enajenante, inicia una auténtica campaña de denigración hacia el otro cónyuge, referido como enajenado, encaminada a calificar como dañina y peligrosa la asistencia del niño por parte del excónyuge y la familia de este último. El niño, por su parte, muestra una posición totalmente adhesiva con la del progenitor alienante, coludándose por completo con la práctica de la programación psíquica a través de la cual el progenitor alienante lo empuja a despreciar y evitar al progenitor alienado (Gardner, 1987).



investigación cuantitativa y cualitativa

Síntomas y técnicas de programación.

Las connotaciones patológicas del PAS consisten esencialmente en el uso de expresiones y actitudes despectivas y evitativas hacia el progenitor alienado, todo ello en una total falta de ambivalencia y sentimiento de culpa con respecto a este último, que es visto como un elemento absolutamente peligroso, negativo y deplorable tanto por el padre como por el hijo.

En esta actividad de programación que lo ve involucrado, el niño juega un papel que es todo menos asombro, siendo por el contrario partícipe, activo y confirmando la versión despectiva hacia el padre 'enemigo'. El alienador, por su parte, se encarga de adoctrinar al menor alimentando verdades muy falsas sobre el excónyuge, que impide visitas y comunicaciones con el menor, imponiendo una prohibición de asistencia siempre que sea mínima, que también se extiende a su contexto familiar de pertenencia, y por tanto a abuelos, tíos, primos, etc. Además, aunque la asistencia sea mínima, aparece dolorosa, inmanejable desde el punto de vista emocional y caracterizada por un fuerte defecto de transición en el que el niño expresa malestar, oposición e incluso conductas agresivas y trastornos psicosomáticos (Gardner, 1987; 1992).

El progenitor alienante muestra un estado de sufrimiento hacia el cual el niño se dirige empáticamente, compartiendo y replicando su naturaleza en su propio universo psíquico: así comienza a apoyar las versiones proporcionadas por el progenitor de preferencia, mostrando, de manera aparentemente autónoma, odio y desprecio en el contra el padre enajenado.

El niño se convierte en un pensador independiente que, tomando prestada la información que le proporciona el alienador -no es casualidad que hablemos de escenarios prestados- cree que elige de forma autónoma alejarse del padre despreciado, sin reconocer cuánto su desprecio. se revela sólo como una imposición psicológica heteroderivada (Gardner, 1987). Es decir, juzga sobre la base de los juicios de otro, en quien confía y en quien confía totalmente. Se aplica casi un proceso de escisión, en el que la realidad no se integra en una dimensión sincrética, sino que por el contrario se divide en contextos todos buenos, pertenecientes por completo al padre alienante, y todos malos, que en cambio se hacen cargo del padre alienado. La falta de comunicación entre ellos y el niño solo agrava la situación, haciendo aún más imposible reelaborar el malentendido de la relación.

Al mismo tiempo, se establece un vínculo patológico y paranoico con el progenitor alienante, no basado en la realidad, sino en una especie de pacto secreto e impronunciable que el niño se siente internamente obligado a respetar, exactamente como ocurre con el maltrato físico, a seguir mantenga la cercanía con el padre favorito y asegure su apoyo que de otra manera faltaría. Esto se traduce en un chantaje psicológico generado por un guión familiar impuesto silenciosamente al niño, quien sin quererlo lo acepta y lo perpetúa.

El sentimiento de culpa no aparece en cambio con respecto al padre enajenado, a quien se considera como el 'enemigo' sobre el que liquidar y verter cualquier impulso negativo (Gulotta y Buzzi, 1998). En los casos más graves hablamos delocura de dos, que indica el fenómeno patológico por el cual dos sujetos, uno de los cuales en una posición de sujeción emocional al otro, se encuentran compartiendo las mismas condiciones psicóticas y delirantes sobre la realidad. Es una especie de psicosis inducida, una locura contagiosa que nace precisamente de una relación asimétrica y no complementaria de la que el niño no puede escapar.

Consecuencias

Anuncio Las consecuencias de todo esto son muy graves, incluso a largo plazo: el PAS se define como una forma real de violencia psicológica que tiende a dirigir la mente del niño hacia escenarios de juicio preestablecidos, con graves daños no solo al procesamiento cognitivo. sino también a la regulación emocional, a la capacidad de juicio, al examen de la realidad, que puede generar déficits de empatía , narcisismo y falta de respeto a la autoridad. De hecho, para respetar los deseos tendenciosos del progenitor alienante, el niño no duda en ridiculizar al progenitor alienado con actitudes despectivas, opositoras e irrespetuosas que en otras circunstancias nunca se permitirían, pero que de otra manera serían denunciadas y estigmatizadas (Gardner, 1987, Casonato y Mazzola, 2016).

Existe también un apoyo automático al progenitor alienante, y una débil racionalización del odio, por lo que el niño justifica su malestar en la relación con el progenitor alienado con explicaciones ilógicas, incongruentes y poco coherentes, perjudicando la evolución de un propio juicio y una relación parental funcional.

Alteraciones de la memoria

En memoria Se inculcan en el niño recuerdos falsos sobre la base de los cuales se convence a sí mismo de que realmente ha experimentado ciertos eventos en los que el padre alienado aparece como un perseguidor, y que en cambio fueron creados arbitrariamente por el padre alienante. Sobre todo si el niño es menor de 8 años, lleva a cabo una confianza epistémica en el padre alienante, condescendiente a todo lo que quiere afirmar o recordar.

No son pocos los casos en los que los niños recuerdan vívidamente eventos que nunca experimentaron. Es un fenómeno mnéstico que también se da en adultos, basado en los supuestos de la teoría mnémica constructivista, que proporciona, al mismo tiempo que almacena, una modificación contaminante de la información por parte de las estructuras mentales y conocimientos previos del individuo.

Así, la huella de la memoria, aunque inexistente, se forma en la mente del niño que se deja influir por la escasez de medios disponibles para la recreación, por la sugestión del relato y sobre todo por la confianza que se alimenta en las comparaciones de la fuente de información, muy a menudo el padre, por el que los niños dependen adhesivamente.

A partir de estos mecanismos se han ido formando recuerdos de abusos y maltratos intrafamiliares que en realidad nunca ocurrieron. Un ejemplo de ello son los casos de Falsus Syndrome Memory, que surgió en la década de los noventa precisamente para indicar los recuerdos de abusos falsos que surgieron en los niños durante la psicoterapia y posteriormente asumidos en base a cargos penales contra uno de los padres (Merskey, 1998; D 'Ambrosio y Supino, 2014).

Controversias PAS - casos de exclusión

Los casos en los que no se puede hablar de PAS son aquellos en los que el niño no perfecciona la colusión con el padre alienante y aquellos en los que el padre alienado es realmente el autor de la violencia, abuso o negligencia en detrimento del niño.

Pero estos no son los únicos casos en los que se excluye la existencia de este supuesto síndrome. Como ya se ha mencionado, se trata de una disfunción de admisibilidad muy discutida y controvertida, tanto en el ámbito jurídico como médico-psiquiátrico: falta de fundamento científico, imposibilidad de ser definido como un síndrome real, un déficit. de validez objetiva tanto en la observación como en la investigación de los mismos.

Habría muchos diagnósticos falsos, al respecto, y los síntomas patológicos, aunque existan, pertenecerían al progenitor alienado y no al niño (síntomas de terceros), por lo que el diagnóstico se haría a distancia, corriendo el riesgo de hacer contextos patológicos que no son aparecen (Gardner, 1992).

A pesar de la naturaleza presuntamente psíquica del fenómeno, incluso el DSM nunca ha tomado medidas para incluirlo dentro de las categorías de trastornos mentales, sin reconocerlo como un síndrome o una enfermedad. Incluso el ámbito jurídico no parece menos escéptico ante la existencia del PAS, luchando por afirmar su existencia real: la Corte de Casación se ha expresado recientemente con escepticismo hacia el PAS, negando su relevancia procesal y definiéndolo como falto de fundamento. estudios científicos (Gaita, 2019).

sindrome impostor

Incluso si queremos admitir la naturaleza psicológica del PAS, debemos considerar, a los efectos de su existencia objetiva y su manifestación efectiva, factores de variabilidad que podrían afectar su origen y curso. Se hace referencia a aspectos como la edad, el género, el grado de comunicación y cognición alcanzado por el niño, así como la posibilidad de que el progenitor alienante acepte hacerse cargo para restablecer la comunicación funcional entre el niño y el cónyuge, para neutralizar los efectos del comportamiento dañino anterior hacia el demente.