Las principales áreas de la vida de la persona con enfermedad de Crohn se ven afectadas por el curso de los síntomas de la enfermedad: el trabajo, las relaciones emocionales y las actividades a las que dedicarse en el tiempo libre.

Anuncio Resumen: La enfermedad de Crohn es una enfermedad intestinal inflamatoria crónica que afecta principalmente a jóvenes de entre 18 y 30 años. Ha habido un aumento significativo de casos diagnosticados en las últimas décadas. Los síntomas típicos de esta patología pueden resultar muy invalidantes y comprometer decisivamente la calidad de vida de los pacientes, determinando una serie de implicaciones psicológicas que no deben subestimarse.



La enfermedad de Crohn es una de las principales enfermedades inflamatorias que afectan al intestino. Es un trastorno crónico para el que aún no se ha identificado una terapia adecuada y decisiva. Los síntomas con los que se manifiesta son múltiples. Los más frecuentes son los dolores abdominales cólico, las descargas diarreicas, la pérdida de peso, la formación de fístulas y en los casos más avanzados pueden presentarse complicaciones graves como episodios de oclusión y suboclusión intestinal (S. Fanti, E. Lopci, N. Monetti, 2006). El cólico abdominal puede ocurrir en cualquier momento del día, aunque la aparición nocturna es la más común y también la más difícil de manejar. A pesar de la suministro juega un papel fundamental en el manejo sintomático de esta patología crónica, el cumplimiento de los planes dietéticos más rigurosos no es suficiente para prevenir las etapas más críticas de la enfermedad de Crohn. Los dolores punzantes causados ​​por la inflamación a menudo están relacionados con obstrucciones que se forman en el tracto digestivo (B. Nardo, 2009). Estas obstrucciones dificultan el normal vaciamiento intestinal, produciendo así una alteración irregular en la que se alternan periodos de estreñimiento con periodos de descargas diarreicas continuas y agotadoras.

El diagnóstico se realiza con muchos años de retraso en la mayoría de los casos, ya que la enfermedad de Crohn tiene muchas características en común con otros trastornos intestinales más leves, como el síndrome del intestino irritable. Sin embargo, existe una diferencia significativa entre estas dos condiciones, ya que la primera entra en el ámbito de las enfermedades orgánicas e inflamatorias, mientras que la segunda puede clasificarse como un síndrome funcional caracterizado por una serie de irregularidades en las funciones intestinales (A. Montano , S. Vitali, 2018). La enfermedad de Crohn es un trastorno importante y, a menudo, grave. No son pocas las situaciones en las que son necesarias operaciones quirúrgicas para extirpar segmentos intestinales muy inflamados (S. Fanti, E. Lopci, N. Monetti, 2006). Por tanto, es fundamental intervenir rápidamente para formular un diagnóstico certero, evitando tanto el riesgo de confundir la enfermedad con otros trastornos menores, como el de una posible progresión patológica. De hecho, una de las dificultades que se manifiesta en el momento del diagnóstico es la constatación de un nivel avanzado de inflamación, condición que puede ocurrir precisamente por un retraso o un procedimiento diagnóstico inadecuado (A. Luna, R. Ribes, PR Ros, 2008).

Todos estos factores que caracterizan la enfermedad de Crohn están acompañados de importantes implicaciones psicológicas que no deben pasarse por alto. La incapacidad para ejercer el control sobre sus funciones intestinales lleva al paciente a revisar y reformular todas sus actividades de la vida diaria, planificándolas en función de sus síntomas. Por tanto, se puede destacar un fuerte deterioro de la calidad de vida. Cada programa ideado por el paciente que padece la enfermedad de Crohn se convierte en un compromiso de 'último minuto' a confirmar porque existe el riesgo de posponer cualquier plan planificado por cólicos repentinos o accesos inesperados a urgencias. Las principales áreas de la vida del paciente se ven afectadas por el curso de los síntomas de la enfermedad. El trabajo, las relaciones afectivas y las actividades a las que dedicarse en su tiempo libre son dimensiones que no se pueden gestionar de forma ordenada y serena, pues cada una de ellas está obsesionada con posibles ataques de la enfermedad de Crohn. Un simple almuerzo con amigos o compañeros de trabajo se convierte en motivo de inquietud, por miedo a desarrollar síntomas críticos después de ingerir comidas consumidas fuera de casa. Por lo tanto, en la mayoría de los casos el paciente también renuncia a las oportunidades de socializar para evitar que su enfermedad se apodere. El aislamiento social resultante produce en el paciente una sensación de insuficiencia y también una fuerte sentimiento de culpa derivado del continuo rechazo que se ve obligado a manifestar hacia los compromisos sociales, para afrontar mejor los síntomas de su indomable patología.

Anuncio Para comprender mejor el malestar psicológico derivado de la enfermedad de Crohn, puede ser útil reflexionar sobre algunos factores culturales que caracterizan a nuestro país y de los que dependen una serie de hábitos sociales que marcan la vida cotidiana. Uno de estos factores está representado sin duda por la tradición culinaria. De hecho, en el escenario cultural italiano, más que en otros países, la alimentación siempre ha sido uno de los principales motivos de agregación social. No en vano, muchas ocasiones en las que cultivar la sociabilidad se dan en torno a una mesa puesta y llena de platos para degustar. Es una imagen que evoca en nuestra mente experiencias predominantemente agradables, asociadas a la buena comida y la buena compañía. Desafortunadamente, para los pacientes con enfermedad de Crohn, imaginar tal escena ciertamente no despierta los mismos sentimientos de bienestar. No son raros los informes de pacientes que sufren las consecuencias del ayuno todos los días, con el fin de evitar la aparición de los síntomas más dolorosos que provoca la enfermedad de Crohn. Esto sucede porque las manifestaciones clínicas más relevantes, lamentablemente, tienden a ocurrir después del consumo de las comidas, independientemente del tipo de alimento ingerido.

Las vivencias de sufrimiento ligadas a la idea de tener que renunciar a la buena comida o la buena compañía, o (como ocurre con mayor frecuencia) a ambas, con el tiempo desgastan las dimensiones sociales y emocionales que distinguen la calidad de vida de los pacientes. , poniendo en crisis el bienestar psicofísico. De hecho, además del ámbito social y el referente a la nutrición, existen muchos otros ámbitos en los que los pacientes con enfermedad de Crohn se ven obligados a rendirse o participar de forma limitada. Por tanto, la vida de sacrificios que afrontan con dificultad los pacientes que padecen este trastorno, en muchos casos puede conducir a formas reales de malestar psicológico. Las experiencias de ansia y el estado de ánimo deprimido que surgen de los síntomas de la enfermedad y del aislamiento social que produce, no se pueden descuidar. Los pacientes con enfermedad de Crohn tienen derecho a llevar una vida más pacífica con menos limitaciones sociales y psicológicas. Por tanto, sería oportuno seguir paralelamente al camino de la terapia médica y farmacológica, también un camino de apoyo psicológico capaz de proporcionar al paciente las herramientas para manejar de manera más eficaz las difíciles implicaciones en el ámbito mental y social. Además, adhiriéndose a una visión bio-psicosocial de la salud y el bienestar, una adecuada intervención psicológica también puede tener repercusiones positivas en el manejo de los síntomas físicos propios de la enfermedad de Crohn. Por tanto, para promover una mejor calidad de vida de los pacientes, es fundamental integrar las habilidades médicas con las psicológicas, para intervenir de manera completa y precisa en todos los niveles físicos y en cada área psicosocial que afecta la enfermedad.