La genética, las redes neuronales, la inteligencia emocional y la flexibilidad son características que encierran en ellas la clave del éxito de un líder. Estas son unas características innatas, otras aprendidas, pero el ingrediente fundamental es saber condimentarlas canalizándolas, obteniendo así lo más codiciado que puede haber: convertirse en líder.

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Una pregunta que siempre ha atormentado la mente es: ¿Los líderes nacen o se hacen? ¡Una pregunta difícil a la que es difícil atribuir una respuesta!



Los psicólogos sociales siempre han buscado respuestas postulando teorías, modelos, pero exactamente una opinión unívoca lucha por llegar. Entonces, en la era de la neurociencia, procedemos a estudiar el cerebro para comprender el funcionamiento cognitivo de un líder. Y aquí empiezan a surgir algunos datos.

Hace unos años, exactamente en 2012, se publicó un libro titulado Neuroleadership en el que se asumen modelos de funcionamiento neuronal a partir de los cuales se pueden extraer diferentes técnicas para aprender a convertirse en líder. En realidad, estas son en su mayoría metáforas funcionales, nada que ver con el verdadero mecanismo neuronal que subyace en el proceso de pensamiento de un líder.

Para obtener más información sobre la neurobiología del líder, revisamos la literatura e identificamos una investigación, realizada en gemelos, que habla de una cierta proporción de heredabilidad para ser líder. Parece que los líderes presentan una variante del gen del receptor de acetilcolina, un neurotransmisor asociado a características de personalidad como la persistencia en la consecución de un determinado objetivo. Entonces, todos aquellos que muestran esta variación genética particular tienden a aspirar a convertirse en líderes.

Anuncio ¡Pero eso no es suficiente! Es crucial para el futuro de todos tener una historia de vida que canalice esta capacidad para llevarla a la cima. En definitiva, tener este gen no es lo único necesario, sino que es necesario encontrar un terreno ambiental y cultural favorable, que pueda inducir y conducir al tan buscado liderazgo.

¡Y eso no es todo! En una investigación reciente realizada por Case Western Reserve University of Cleveland, se han identificado dos redes neuronales interconectadas que hacen referencia a dos estilos de pensamiento: un sistema llamado Task Positive Network, involucrado en la resolución de problemas, focalizando la atención, la toma de decisiones y el control de las acciones, y otra, la Default Mode Network, que tiene que ver con el comportamiento ético y social, con la autoconciencia, con el conocimiento social, con la creatividad y con la moral.

Se trata de redes neuronales específicas, una de las cuales está más enfocada a la resolución de problemas y la otra más atenta a la dimensión emocional y relacional. . Están presentes en cada uno de nosotros y funcionan alternativamente. La peculiaridad del líder, por tanto, es saber utilizar ambos, pero sobre todo cambiar rápidamente de una red a otra según la situación. De hecho, los primeros resultados de esta investigación muestran que la flexibilidad de pensamiento juega un papel primordial en la efectividad del liderazgo. Básicamente, según este grupo de investigación, ser repentinamente flexible parece ser la característica fundamental que deben tener los líderes.

Pero, como dice el profesor Richard E. Boyatzis, todo debe estar aderezado con la capacidad de saber utilizar la propia inteligencia social y emocional para gestionar las propias emociones y las de los demás, creando así mejores relaciones. Si todo esto se puede hacer correctamente, el éxito del liderazgo está garantizado.

El líder, por tanto, es aquel que es capaz de comprender y gestionar sus propias emociones, que es capaz de comprender la cosmovisión del otro y sus emociones. De hecho, la empatía, cognitiva y emocional, es una característica fundamental para el buen funcionamiento de un grupo de trabajo, fundamental para crear relaciones eficientes y funcionales y para motivar e inspirar a su equipo. La discusión y la comparación, así como compartir una visión, pueden ayudar a estimular el desarrollo y la innovación creativa.

Para concluir, la genética, las redes neuronales, la inteligencia emocional y la flexibilidad son características que encierran en ellas la clave del éxito de un líder. Éstas son, por tanto, unas características innatas que otros aprendieron, pero el ingrediente fundamental es saber sazonarlas canalizándolas, obteniendo así lo más codiciado que puede haber: convertirse en líder.

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BIBLIOGRAFÍA: