En lazos de amor, Jessica Benjamin reconstruye la estructura de la dominación erótica a partir de la relación madre-hijo y nos ayuda a comprender cómo un acto de amor puede convertirse en una práctica de sumisión.

Este libro utiliza la crítica feminista y la reinterpretación de la teoría psicoanalítica para analizar la acción recíproca entre el amor y el dominio, donde el dominio se entiende como un camino de dos vías, un sistema que involucra la participación tanto de quienes se someten al poder como de la dominación. quien lo ejerce.



En el primer capítulo del libro, la autora intenta demostrar cómo la dinámica de dominación y sumisión se origina a partir de las características del primer vínculo de amor, el entre madre e hijo.

La dominación y la sumisión son el resultado de la pérdida de la tensión necesaria entre la afirmación del yo y el reconocimiento mutuo que permite al yo y al otro encontrarse en un nivel de absoluta igualdad. Hegel mostró que esta lucha por ser reconocido por el otro, encaminada a buscar la confirmación personal, constituye el núcleo de las relaciones de dominación.

La dominación es una distorsión de los lazos del amor. Aquellos que toman este camino para establecer su propio poder encuentran una ausencia donde el otro debería estar, un vacío por falta de reconocimiento, el otro parece tan amenazador para sí mismo, ya sea por un peligro excesivo o por una debilidad extrema o ambos. cosas- que deben comprobarse. Se crea así un círculo vicioso: cuanto más se subyuga al otro, menos se lo experimenta como sujeto humano y mayor es la distancia y la violencia que el yo debe usar contra él. .

El papel del 'otro' no es menos complicado, los subyugados y no reconocidos pueden, en el mismo acto de emanciparse, seguir enamorados del ideal de poder que han sufrido y que les ha sido negado. A veces logran rechazar el derecho del amo a dominarlos, pero no rechazan su personificación del poder, se limitan a volcar los términos de la cuestión, utilizando gestos de 'venganza narcisista' que mantienen el ciclo de poder.

Para detener el ciclo de dominación, el otro debe introducir una diferencia,

'Queremos que el otro sujeto esté fuera de nuestro control y sin embargo lo necesitamos'.

Aceptar esta paradoja, dice el autor, es el primer paso para deshacer los lazos del amor. Continuando con la lectura llegamos a una interesante profundización de las relaciones eróticas sadomasoquistas, en la que podemos ver la 'cultura pura' de la dominación, una dinámica que involucra tanto la dominación como la sumisión.

Anuncio El autor destaca que la fantasía de la dominación erótica encarna tanto el deseo de independencia como el de reconocimiento; el sádico busca la afirmación del yo a través del poder sobre el cuerpo del otro, mientras que el individuo que se somete a la dominación erótica intenta alcanzar la libertad pasando por su esclavitud, la liberación sometiéndose al control, sueña con dominar sometiéndose al abuso.

Se trata de una enorme paradoja a la que la autora intenta dar una respuesta, preguntándose: '¿Cómo se arraiga la dominación en el corazón de quienes se someten a ella'? El deseo femenino se trata en detalle, tratando de comprender cómo el deseo faltante de la mujer se manifiesta tan a menudo en una forma de adoración al hombre que en cambio lo experimenta en primera persona y tratando de delinear la dinámica que aportan algunas mujeres. tener propensión a lo que comúnmente podemos llamar 'amor ideal', donde la mujer se somete y adora a otra, o lo que cree que no puede ser.

Para explicar esto, la autora recorre el mundo freudiano del padre, en el que las mujeres se definen por la falta de lo que tienen los hombres, el falo. En la teoría freudiana el falo simboliza poder, deseo y diferencia al mismo tiempo y como portador del falo el padre simboliza la separación de la madre; el poder del padre está justificado ya que sería el único camino hacia la individualidad. La autora intenta deconstruir la teoría psicoanalítica clásica sugiriendo una representación alternativa y demostrando que no es la anatomía sino la totalidad de la relación de una niña con su padre, en un contexto de polaridad de género, lo que explica lo que se percibe como ' falta 'de la mujer.

Anuncio La siguiente parte del ensayo se centra en el 'enigma edípico', donde Benjamin analiza el modelo edípico freudiano, proponiendo una versión edípica menos escindida que deja espacio para niveles posteriores y antecedentes de integración entre el papel de 'padre liberador' y el de 'Madre devoradora' típica del modelo clásico.

etapas del desarrollo cognitivo

La dificultad radica en el hecho de que en el modelo edípico freudiano el poder del 'padre liberador' se utiliza como defensa contra la 'madre devoradora'. Para los hijos de ambos sexos, esta escisión significa que la identificación y la intimidad con la madre deben intercambiarse por la independencia, conformando así un ideal paterno de separación que acaba encarnando el rechazo absoluto a la feminidad.

Esto aumenta la escisión entre el sujeto masculino y el objeto femenino y con ello la unidad dual de dominación y sumisión. Esta estructura polarizada de la diferencia de género deja sólo dos alternativas: la unidad irracional (la de la madre) o la autonomía racional (la del padre). A partir de esta reflexión, la autora dedica la parte final del ensayo a algunas reflexiones sobre la forma en que esta división de género se repite en la vida intelectual y social, y elimina la posibilidad de reconocimiento no solo del ser humano como pareja sino de toda la sociedad. como un todo.

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BIBLIOGRAFÍA:

  • Benjamin, J. (2015). Vínculos de amor: relaciones de poder en las relaciones amorosas. Raffaello Cortina Publicado por Milano.