Martina Lattanzi - ESCUELA ABIERTA - Estudios Cognitivos San Benedetto del Tronto



Cuando sufrimos una ofensa, un insulto o una injusticia, inmediatamente experimentamos emociones negativas de enfado, resentimiento, decepción y la conducta que se implementa con mayor frecuencia es la de vengarse del mal sufrido.



Anuncio La motivación para vengarse está presente y arraigada en el alma humana desde un punto de vista biológico, psicológico y cultural. En el reino animal, varios estudios realizados en primates han puesto de relieve el comportamiento de venganza entre los chimpancés demostrando la primordialidad del sentimiento vengativo (McCullough et al., 2009). Incluso en la historia del hombre, en la antigüedad, podemos rastrear el comportamiento de venganza codificado enLey de represaliassegún el cual quien sufre daño tiene derecho a responder a su vez con la misma conducta que es igual a la ofensa recibida.



Sin embargo, en un análisis más profundo, vemos que la venganza y la voluntad de represalia, aunque sean sentimientos naturales e instintivos, no conducen a una compensación efectiva por el mal sufrido: la venganza, contrariamente a lo que se podría pensar, no ayuda a aliviar el dolor que se siente en el 'después de haber sufrido una injusticia como víctima, se encontrará concentrado en el evento negativo que sucedió, pensando y repensando constantemente cómo podría hacer que su delincuente pague, alimentando aún más las emociones negativas experimentadas (ira, hostilidad, resentimiento). Además, si la víctima también responde a su vez con un agravio hacia el transgresor, para reparar y saldar las cuentas, la víctima difícilmente se sentirá recompensada como esperaba sino que se desencadenará un círculo vicioso sin fin: con la venganza el transgresor inicial se transforma a su vez en una víctima que, independientemente de qué acciones anteriores hayan justificado de alguna manera la reacción vengativa, sentirá el castigo como excesivo, ya que el dolor subjetivo se siente como mayor que el mal que había cometido. responsable inicialmente, desencadenando así un círculo vicioso interminable e inconcluso.

La venganza, por lo tanto, no aporta una solución a un problema ni proporciona alivio, sino que exacerba aún más el sufrimiento psicológico. Una forma de salir de esta espiral descendente podría ser el perdón.



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¿Qué significa perdonar?

Definir el perdón no es fácil. En primer lugar, se define en relación a lo que no es: no se trata de negar, minimizar, disculpar al otro u olvidar (Toussaint et al., 2012). Es un constructo complejo que involucra aspectos emocionales, cognitivos y conductuales (Worthington et al., 2007).

El perdón es un fenómeno afectivo, cognitivo y conductual complejo, en el que se reducen las emociones negativas y el juicio hacia el culpable, no negando el derecho a experimentarlas, sino mirando al culpable con compasión, benevolencia y amor.(McCollough y Worthington, 1995).

A partir de esta definición podemos entender cómo el perdón es un proceso que implica la conciencia de la víctima de haber sufrido una injusticia pero opta voluntariamente por superar la venganza y ponerse en una posición diferente.

Según Worthington (2007) existen dos tipos de perdón: por un lado está elperdón en la toma de decisioneso la decisión del sujeto de controlar su comportamiento (aspecto cognitivo), por otro elperdono emotivoes decir, las emociones que entran en juego durante el perdón como en el perdón se activa una transformación de emociones: de negativas como la hostilidad y la ira a positivas como la compasión y la empatía. Todo esto repercute en el comportamiento que se implementará.

La capacidad de perdonar en cada uno de nosotros cambia a lo largo de la vida y no se mantiene estable a lo largo de los años. Kohlberg (1976) distingue tres etapas en el desarrollo del perdón en las que las razones por las que una persona está motivada a perdonar difieren según el momento de la vida (McCullough et al., 2009):

  • el perdón sólo es posible después de que la víctima haya obtenido la venganza, por lo que primero debe haber una restitución del daño sufrido que haga posible el perdón;
  • el perdón es posible porque existen reglas morales, religiosas y sociales que crean presión y condicionan al sujeto en la forma de reaccionar ante una injusticia;
  • el perdón es útil porque te permite vivir en armonía en el contexto social y perdonar significa expresar tu amor de manera incondicional.

Cuando se trata decapacidad de perdonarno se refiere solo a ese comportamiento, actitud de compasión y benevolencia que la víctima de una injusticia decide voluntariamente reservar para el transgresor, sino que también se refiere al comportamiento y actitud que una persona puede tener hacia sí misma si es responsable de un delito. acción dañina hacia otras personas. De hecho, el perdón debe distinguirse en relación con el origen de la transgresión: se puede ser víctima de un mal y por tanto en este caso el perdón se dirigirá a terceros, pero también se puede ser responsable de un agravio y sentirse culpable de la propia conducta, en este caso. caso el perdón debe dirigirse a uno mismo.

No se debe olvidar que la persona responsable del comportamiento dañino para los demás es una persona con emociones y sentimientos, y a menudo se puede responsabilizar a uno de causar dolor a los demás de forma no intencionada. En estos casos, el agresor puede sentirse culpable por lo que ha hecho y no perdonarse a sí mismo por causar dolor. Ejemplos de estos casos pueden rastrearse precisamente hasta los veteranos de guerra que, al regresar de una misión, continúan enfocados en los horrores de la guerra de los que ellos mismos son responsables, aunque indirectamente. La incapacidad de perdonarse a sí mismo por haber cometido una transgresión se asocia con sentimientos de culpa muy dolorosos, vergüenza , arrepentimiento y vergüenza mientras en la víctima que sufre una injusticia las emociones más frecuentes son ira y hostilidad. Según algunos estudios, estas dos formas de perdón están conectadas o la incapacidad de perdonar a los demás está ligada a la incapacidad de perdonarse a uno mismo (Berit et al., 2010).

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Independientemente de la fuente del perdón, varios estudios han destacado los efectos del perdón y la falta de perdón en la salud tanto física como mental.

El interés de la psicología por el perdón ha ido en aumento en las últimas décadas, en particular desde los años 90 del siglo pasado cuando diversos estudios comenzaron a detectar una estrecha relación entre el perdón y el bienestar psicológico y por ello la atención siempre ha más centrado precisamente en comprender los posibles beneficios del perdón en la salud psicofísica. Saber perdonar puede ser un medio para promover el bienestar psicológico, reducir la espiral de emociones negativas que se producen cuando te hacen daño, o reducir la rumia, el resentimiento, la ira y todas aquellas emociones negativas que no ayudan a superar positivamente una injusticia. sufren pero por el contrario empeoran la salud psicofísica.

Por supuesto, no todo el mundo está dispuesto a perdonar. Para que haya un verdadero perdón, todos los sistemas deben estar involucrados: cognitivo, emocional y conductual.

Desde el punto de vista cognitivo y emocional, el perdón solo puede tener lugar después de que haya existido un proceso mental capaz de silenciar el resentimiento, la ira, el deseo de venganza o castigo de la persona que perpetró la ofensa. El gesto de perdón es sólo el último acto que concierne a este largo y complejo proceso de procesar un evento negativo que ha ocurrido.

Ser capaz de perdonar está asociado con niveles más bajos de depresión y de ansia (Touissaint et al., 2012), ideación paranoica, psicoticismo, sentimiento de inferioridad o insuficiencia. La incapacidad de perdonarse a uno mismo se asocia en cambio con un peor bienestar psicológico, Trastorno de estrés postraumático , depresión, ansiedad (Witvliet et al., 2004; Dixon et al., 2014).

Perdonar al otro por lo sucedido ayudaría a la víctima a superar verdaderamente la transgresión y el dolor asociado, evitando la rumia obsesiva sobre el hecho ocurrido (Thompson et al., 2012). De hecho, la rumia es una estrategia para lidiar con el estrés desadaptativo, que se asocia negativamente con el perdón, tanto de uno mismo como de los demás (Dixon et al., 2014).

Touissant y Webb (2005) propusieron un modelo interesante sobre la relación entre la incapacidad para perdonar, la rumia y los síntomas depresivos, en el que se sugiere una relación indirecta entre no perdonar y mala salud psicológica, mediada precisamente por la rumia. La rumia, pensar continuamente en el pasado y en los propios errores, por lo tanto, juega un papel central en la mediación de la relación negativa entre la capacidad de perdonarse a sí mismo y el bienestar psicológico (Touissaint et al., 2001).

Según el modelo, la incapacidad de perdonarse a uno mismo se asocia indirectamente con un aumento de los síntomas depresivos, la alienación social y la falta de apoyo de otras personas (Berit et al., 2010) y aumentaría el riesgo de mortalidad (Hirsch et al. , 2011).

Entre los mecanismos que parecen mediar en esta relación estaría el perfeccionismo y la incapacidad de aceptar sus propias imperfecciones. Dos formas de perfeccionismo, una maladaptativa (autoevaluación negativa) y una adaptativa (conciencia, escrupulosidad), pueden estar presentes y asociarse de diferentes formas con la psicopatología. La forma desadaptativa se asocia a la depresión, mientras que la última es una forma de perfeccionismo más positiva y adaptativa, es decir, la que apoya, por ejemplo, la motivación para lograr el éxito académico (Dixon et al., 2014). El perfeccionismo es un constructo muy complejo que tiene diferentes dimensiones y no puede considerarse únicamente como una característica totalmente positiva o totalmente negativa.

Anuncio El estudio de Dixon (2014) investigó en particular la posible relación entre el perfeccionismo, la rumiación y el bienestar / malestar psicológico, señalando que la forma desadaptativa de perfeccionismo se correlaciona indirectamente con la capacidad de perdonar, mediada no solo por la rumia sino también por la aceptación de self: cuanto mayor es la tendencia al perfeccionismo (en el sentido de autoevaluación negativa), mayores son los niveles de rumia, asociados a una menor capacidad de autoaceptación y auto-perdón.

Como ya se mencionó, la incapacidad para perdonarse a sí mismo se ha encontrado en varios estudios sobre veteranos, veteranos que no pudieron perdonarse a sí mismos por haber cometido actos de violencia contra otras personas vinculados a su compromiso en escenarios bélicos. De hecho, se encontraron niveles muy bajos de auto-perdón entre los soldados que habían desarrollado un trastorno de estrés postraumático (Berit et al., 2010), así como altos niveles de depresión y ansiedad (Witvliet et al., 2004).

La capacidad de perdonar, además de mostrar beneficios sobre el bienestar psicológico, también parece tener efectos positivos sobre la salud física. De hecho, varios estudios han demostrado que experimentar emociones negativas como ira, hostilidad, resentimiento durante mucho tiempo aumenta la incidencia de trastornos cardiovasculares (Friedberg et al., 2009). Friedman y Rosenman (1974) fueron los primeros en notar que las personas con un trastorno cardiovascular comparten un aspecto de carácter, a saber, unhostilidad flotando libremente, hostilidad penetrante y duradera que se activa en respuesta incluso a estímulos triviales en diferentes situaciones cotidianas (Grandi et al., 2011). La forma en que el perdón podría promover la salud psicológica es mediante la reducción de la ira y la hostilidad fomentando emociones positivas como la compasión, la bondad y el amor.

Mientras se piensa continuamente en una posible venganza, mantenerse enfocado durante mucho tiempo en el evento negativo puede ayudar al sujeto a ocultar el sentimiento de pérdida y depresión que puede surgir cuando uno es dañado moralmente, a largo plazo no ayuda al sujeto a superarse. trauma (Stoia-Caraballo et al., 2008).

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De hecho, la depresión puede surgir precisamente como consecuencia de los sentimientos de pérdida y tristeza experimentados tras la transgresión, como consecuencia de evaluaciones cognitivas negativas del evento.

La ira y la hostilidad son factores de riesgo importantes de mortalidad debido al aumento de la presión arterial que se produce durante estas emociones negativas, aumentando la probabilidad de desarrollar hipertensión y enfermedad coronaria a largo plazo. En un estudio experimental realizado por Witvliet et al. (2001) se compararon dos grupos de sujetos y se les pidió a ambos que imaginaran cuál sería su reacción, su respuesta a un agravio sufrido. En concreto, se les preguntó si perdonarían o no al transgresor: aquellos que imaginaban perdonar al que los había ofendido mostraban niveles de estrés fisiológico (frecuencia cardíaca y presión arterial) más bajos que aquellos que no perdonaban el mal sufrido (Worthington et al. al., 2007).

La rumia continua sobre un evento en el que se ha experimentado ira también implica un cambio en la calidad del sueño: varios estudios han demostrado que entre las personas con trastornos del sueño hubo altos niveles de rumia (Stoia-Caraballo et al., 2008). La mala calidad del sueño también afecta negativamente la salud general de la persona.

De los estudios analizados surge la capacidad de perdonar como una forma positiva y adaptativa de lidiar con situaciones dolorosas de la vida y evitar que tales situaciones atrapen al sujeto en un vórtice de emociones negativas que luego comprometan la salud y el bienestar de la persona.

A través de un camino de psicoterapia se puede ayudar al sujeto en la forma de afrontar situaciones y reaccionar ante ellas: no necesariamente ante un agravio sufrido se debe reaccionar con venganza, así como el sujeto culpable de haber causado dolor no necesariamente debe continuar. culpar y autocriticarnos continuamente. Es posible tomar otro camino: por un lado, tratar de empatizar y ser benévolo con el transgresor, para superar la injusticia sufrida y romper el círculo vicioso de la rumia airada. Por otro lado, aceptar que eres imperfecto y que se pueden cometer errores en la vida. No hay vuelta atrás y evitar lo sucedido, solo es posible aceptarse en la propia vulnerabilidad y perdonarse a sí mismo (Petrocchi et al., 2013).

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BIBLIOGRAFÍA: