Todos hemos intentado, al menos una vez en la vida, implementar nuevos hábitos sin lograr el éxito que esperábamos; tal vez sea solo una de esas fatídicas buenas intenciones que nos prometemos implementar cada año. ¿Qué nos detiene?



Anuncio A menudo creemos que los grandes éxitos necesitan grandes acciones, pero la verdad es que mejorar incluso solo un 1% de manera constante a largo plazo es lo que realmente marca la diferencia.





Apartar 5 euros cada día no nos hará millonarios al instante, pero en un mes nos permitirá ahorrar una media de 150 euros, en un año 1825 euros e incluso 9125 euros en cinco años, permitiéndonos quizás embarcarnos en el viaje de nuestros sueños que siempre hemos pospuesto.

Con este ejemplo, lo que quiero transmitir es la idea de que con cambios realmente pequeños, a veces insignificantes, en nuestro día realmente podemos hacer una diferencia en nuestra vida. La forma más sencilla de introducir estos cambios en nuestra vida diaria es implementar hábitos.

¿Qué son los hábitos?

Los hábitos son las acciones que tomamos todos los días y es probable que se repitan. A menudo, muchas personas tienden a pensar erróneamente que es nuestro personalidad para determinar nuestros hábitos. ¿Cuántas veces hemos escuchado a un amigo o familiar justificar un mal hábito diciendo 'bueno, soy así, no puedo evitarlo' y esta frase podría ser infinitamente posible que incluye 'Nunca me han gustado los deportes, soy más un sofá y series de televisión 'o' He fumado veinte años, no podría prescindir de él 'o, una de mis favoritas,' No he comido verduras desde que era niño, ¡imagínate si empiezo ahora! '.

Lamento decepcionarte, pero al estudiar psicología y haber sido un apasionado del tema durante algún tiempo, te puedo asegurar que no hay validez científica sobre los supuestos rasgos innatos de personalidad. Somos lo que decidimos ser, incluso los científicos lo dicen.

La buena noticia, sin embargo, es precisamente esta: cuando nos damos cuenta de tomar acciones que no nos enorgullecen de nosotros mismos, tenemos el poder de cambiarlas.

¿Por qué a menudo es tan difícil abandonar un hábito o implementar otros nuevos?

Seamos realistas, todos hemos intentado, al menos una vez en la vida, implementar nuevos hábitos sin lograr el éxito que esperábamos. Quizás sea solo una de esas fatídicas buenas intenciones que nos prometemos implementar cada año o quizás, más simplemente, sea una pequeña acción que seguimos repitiendo y que no nos hace sentir del todo a gusto con nosotros mismos.

Cualquiera que sea el alcance del cambio, cualquiera que sea la importancia que le atribuimos, no hay ninguna diferencia porque el fracaso a menudo se deriva del mismo error.

Nos enfocamos demasiado en el objetivo, en lo que queremos lograr, en nuestro momento de gloria y muy poco en los esquemas que pretendemos implementar para lograrlos.

¿Qué son los esquemas y por qué son más importantes que las metas?

Según Hazel Markus, profesora estadounidense de sociopsicología en la Universidad de Stanford, el concepto de sí mismo se compone de un conjunto de patrones del yo que corresponden a las dimensiones con respecto a las que nos conocemos. Es decir, además de ser 'almacenes' en los que se acumula el conocimiento sobre sí mismos, los esquemas juegan un papel importante en el proceso de codificación y procesamiento de la información relativa a la propia persona, seleccionando e interpretando eventos de manera activa. basado en lo que ya sabemos sobre nosotros mismos.

De acuerdo con el enfoque psicoterapéutico innovador, definido 'Esquema - Terapia Cognitiva Focalizada', propuesto por el psicólogo estadounidense egresado de la Universidad de Yale, Jeffrey E. Young (1990-1999) para lograr plenamente el bienestar psicológico, es necesario identificar y modificar los 'Patrones desadaptativos tempranos', es decir, patrones altamente disfuncionales que surgen durante la infancia o adolescencia y que luego se procesan en el curso de la vida. Tales patrones de mala adaptación pueden incluir recuerdos, emociones y cogniciones y están relacionados con uno mismo y las relaciones de uno con los demás. Además, surgen de la necesidad humana de construir una representación del mundo que sea estable y coherente, por tanto representan algo que conocemos bien y de lo que no queremos desprendernos, por eso nos atraen situaciones que refuerzan estos esquemas, dificultando no solo cambio, sino también el reconocimiento de su ineficiencia.

Por ello, observarlos y modificarlos es fundamental para llegar concretamente a los resultados que queremos obtener. De hecho, los objetivos nos permiten definir una dirección, pero los esquemas definen los mecanismos que nos permiten realmente avanzar.

Los problemas surgen cuando pasas demasiado tiempo pensando en cuáles son tus objetivos y menos tiempo en definir cuáles son tus patrones.

Muy a menudo, las personas exitosas y las que no lo son (o al menos aún no) tienen los mismos objetivos. Entonces, no son las metas las que marcan la diferencia, pero lo que es importante observar y estudiar son los diferentes pasos que estas dos personas toman para alcanzar sus metas.

Por ejemplo, si su casa suele estar desordenada, tal vez encuentre la energía para limpiarla en el momento, y en ese momento realmente sentirá que ha alcanzado su objetivo. El problema, sin embargo, es que si continúa teniendo el hábito de desanimarse y dejar sus cosas en la casa, eventualmente el problema volverá a ocurrir.

Estamos convencidos de que tenemos que cambiar nuestros resultados, pero lo relevante es que tenemos que cambiar los patrones que usamos para lograrlos.

Hábitos atómicos

Anuncio Me intrigó particularmente la forma en que James Clear, periodista estadounidense, experto en crecimiento personal y autor de best-sellersHábitos atómicos(2018) de donde me inspiré para introducir este tema (la versión italiana del libro lleva el nombre de la nota de 'Pequeños hábitos para grandes cambios'), definió el concepto de cambio.

Él define el cambio como estructurado en varias capas concéntricas.

En la primera capa, la más externa, están las cosas que buscamos, así como buena parte de los objetivos que nos marcamos: comer sano, ir al gimnasio, poder conseguir un ascenso, etc.

La segunda capa, la intermedia, está ligada a los procesos, por lo que se refiere a los patrones que implementamos y a nuestros hábitos.

Finalmente, la tercera capa, la más interna, se refiere a nuestra identidad: en qué creemos, nuestros valores, nuestra visión del mundo, de nosotros mismos y de los demás.

Los tres niveles son importantes, pero debemos aprender a definir la dirección correcta. Debemos comenzar nuestro cambio enfocándonos en la persona en la que queremos convertirnos (tercer nivel), abandonando la idea de que nuestras metas radican únicamente en los resultados (primer nivel).

Si no implementamos este cambio de rumbo, permitiremos, una vez más, que nuestra 'vieja identidad' sabotee el cambio que nos gustaría implementar, dejándonos definir por adjetivos que ya no queremos definirnos.

Por ejemplo, si sigues viéndote como un dormilón y no como una persona que se levanta temprano, seguirás retrasando tu alarma y será más probable que no puedas introducir tal cambio en tu vida, aunque no te haga feliz porque quizás te obliga a llegar siempre tarde al trabajo, a empezar el día con prisa o perder mucho tiempo que podrías dedicar a trabajar en tu proyecto.

Es muy difícil cambiar nuestros hábitos sin cambiar también las creencias que han apoyado esas acciones hasta ahora.

Haz de tus hábitos parte de tu identidad

Una de las mejores motivaciones internas es hacer del hábito parte de nuestra identidad porque es muy diferente repetirnos 'soy una persona que me gustaría ser más estudiosa' que decir 'soy una persona estudiosa'.

Por ejemplo, si estás orgulloso de tus abdominales y te gusta que los demás te consideren el deportista del grupo, no te saltearás entrenamientos para no perder ese lado tuyo.

El objetivo no es leer más libros, es convertirse en lector.

El objetivo no es ir al gimnasio con más frecuencia, es convertirse en una persona sana.

El objetivo no es aprender a tocar un instrumento, es convertirse en músico.

Esto se debe a que lo que hacemos es un reflejo de lo que creemos que somos, lo que lamentablemente también se aplica a las cosas negativas. Una vez adoptada una identidad, es difícil abandonarla.

Esto también depende de la tendencia humana innata a buscar la coherencia en nosotros mismos y en lo que nos rodea. Es decir, no nos gusta contradecirnos en absoluto y este obstáculo se puede evitar simplemente integrando en nuestra identidad ese cambio específico que queremos implementar para que nuestro cerebro ya no tenga la impresión de contradecirse.

¿Cómo cambiar tu identidad?

La identidad no surge de la nada, en realidad surge de nuestros hábitos. Todo en lo que creemos es aprendido y confirmado por nuestras experiencias, cuanto más se repite un comportamiento, más se fortalece la identidad asociada con ese comportamiento. Cualquiera que sea su identidad en este momento, la cree porque tiene la prueba. Por ejemplo, si estudias una hora todos los días, tienes pruebas de que eres una persona estudiosa. Si vas al gimnasio incluso cuando nieva, tienes la prueba de que eres una persona adicta al ejercicio físico y a mantener la salud.

confunde las letras mientras escribe

Cuanta más evidencia tenga para una determinada creencia, más firmemente la creerá y, en consecuencia, más podrá comenzar a cambiar su imagen de sí mismo.

En conclusión, desde la perspectiva presentada anteriormente, la forma más práctica de cambiar quién eres es cambiar lo que haces.

Así que tenemos que entender qué persona queremos ser y luego demostrárnoslo a nosotros mismos a través de pequeñas victorias, las pruebas que acumulamos con el tiempo para confirmar nuestra nueva identidad y ¡eso es exactamente lo que hacen los hábitos! Es decir, nos dan una pequeña prueba, todos los días, a lo largo del tiempo, de la persona que somos.