Los padres a menudo pueden verse afectados por múltiples demandas ambientales a las que se suman las solicitudes, incluso de atención, de sus hijos. En estas u otras ocasiones, puede suceder que dependamos del uso de teléfonos inteligentes u otros dispositivos digitales para 'regular' a los niños y sus emociones.



Maria Obbedio - ESCUELA ABIERTA Psicoterapia cognitiva e investigación Bolzano



Anuncio yo red social , y en general el uso de Internet, se han convertido en parte de nuestra vida diaria. Todos los grupos de edad se han visto afectados inevitablemente por ella. En un mundo en el que estamos constantemente conectados, el impacto que estas herramientas tienen en nuestra vida personal es significativo (Naskar et al., 2016; King et al., 2018).



Los jóvenes, y también yo niños que ahora crecen con acceso gratuito a smartphone , se les llama nativos digitales: es una generación que crece entre teléfonos móviles, tabletas y PC. No hay nada de malo en ello; usar la tecnología y estar siempre conectados es ahora parte de nuestro día a día, pero se necesita una cierta educación digital que podría comenzar desde una edad temprana.

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Es necesario centrar la atención en 'cuánto y cómo' se utiliza el instrumento digital.



Niños, emociones y autocontrol

Los niños conocen el emociones desde los primeros meses de vida y con el tiempo aprenden a conocerlos y regularlos con la ayuda de los adultos.

Cada año es diferente: el niño aprende nuevas habilidades, entra en contacto con el entorno, se convierte en un sujeto activo, crece. Empieza a experimentar con el concepto de tiempo, espera y empieza a entrar en contacto con tus emociones. Las reacciones cambian según el entorno, el niño, etc.

Cada niño es único: hay quien llora ante la frustración, hay quien llora y se tira al suelo pateando; o los que se mantienen firmes en el 'no', en su posición y 'desafían' al adulto, como también hay quienes, ante la frustración, simplemente se muestran molestos pero permanecen imperturbables.

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Alrededor de los dos años, los niños a menudo aprenden a expresarse usando no.

La respuesta negativa a menudo puede seguir las peticiones que el adulto le propone al niño ('guarda los juguetes', 'vamos a cambiar el pañal', por ejemplo). Aparecen caprichos o escenas o pueden ocurrir conductas provocativas y desafiantes. Todo puede entonces ser motivo de molestia, nerviosismo o enfado: desde ponerse una chaqueta para salir de casa, hasta no querer compartir un juego, hasta el pequeño trozo de verdura en tu plato. La frustración y la ira son emociones que tensan a los padres. En particular cuando no se llevan a cabo en casa sino en contextos públicos. Algunos padres pueden ser más sensibles a los caprichos y llantos de sus hijos y pueden intervenir implementando comportamientos efectivos o no. Otros padres podrían mantener su posición provocando una escalada de emociones entre ellos y el niño. Estos son los años en los que los niños, pero también los padres, experimentan el aprendizaje por ensayo y error. Cada comportamiento, solicitud, respuesta, reacción emocional es nueva tanto para los niños como para los padres. Los niños a menudo pueden enojarse si sus necesidades no se satisfacen, quizás rápidamente y de la manera diseñada o si sus necesidades se satisfacen y responden con tonos fuertes, altos, agresivos o poco acogedores. Por otro lado, los padres muchas veces pueden verse afectados por múltiples demandas ambientales a las que se suman las solicitudes, incluso de atención, de sus hijos. En estas u otras ocasiones puede suceder que dependamos del uso de teléfonos inteligentes u otros dispositivos digitales para 'regular' al niño. La gestión de las emociones, su duración e intensidad, sin embargo, no debe confiarse demasiado ni demasiado pronto a un medio tecnológico: ser capaz de autorregularse significa aprender a estar con las propias emociones, a tolerarlas y a manejarlas. Por 'regulación' nos referimos a la capacidad que posee el niño desde que nace para regular sus estados emocionales y organizar la experiencia y las respuestas conductuales apropiadas (Sander, 1962 1987; Stern, 1985; Lichtenberg, 1989). La regulación es un proceso que da los primeros pasos entre las habilidades innatas del niño y las interacciones de la díada niño / cuidador en torno al logro de la homeostasis (Sroufe, 1995). Las estrategias de regulación estatal son inicialmente provistas por el cuidador y posteriormente internalizadas por el niño y generalizadas con el tiempo para incluir la regulación de los estados afectivos, la atención, la excitación y la organización de conductas complejas que incluyen interacciones sociales. El uso de los sentidos para explorar el mundo y las interacciones con los demás permiten a los niños ser más creativos, aprender más: en particular, las interacciones cara a cara y el juego no estructurado son indispensables para la creatividad. imaginación, la adquisición de habilidades emocionales, las habilidades de resolución de problemas y autonomía.

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Niños y medios de comunicación

Anuncio Eugene A. Geist (2012) realizó una investigación con el fin de estudiar, a través de observaciones participativas, las interacciones espontáneas entre niños de entre 2 y 3 años y la tableta que se produjeron tanto en contextos familiares como educativos. El estudio mostró la facilidad con la que los niños interactúan de forma natural con la interfaz de la pantalla táctil, utilizando métodos que se asemejan a los que se utilizan con otros juguetes. Con base en las observaciones reportadas en la investigación, el académico afirmó que tratar de limitar el acceso y uso de tecnologías a estos niños, que crecerán y vivirán en una sociedad tecnológica, significaría nadar contra corriente. Esto no significa, según Geist, que todas las experiencias deban estar mediadas por tecnologías, sino que el uso creativo de estos dispositivos puede ayudar a desarrollar su potencial cognitivo.El método para criar hijos en un mundo digital(2019) de Jordan Shapiro, es un ejemplo más de pensamiento positivo hacia el uso de la tecnología con el resaltado de los aspectos positivos en el aprendizaje. Sin embargo, los autores transmiten un mensaje importante: permitir el uso de la tecnología pero con la presencia de un adulto, aprovechando al máximo el tiempo y la finalidad. Los nuevos objetos tecnológicos no deben convertirse en alternativas a los juegos o juguetes tradicionales, sino sumarse a ellos. Podrían ser una forma de aprendizaje activo llevado a cabo de acuerdo con tiempos y métodos bien estructurados y precisos. Para los niños entre 2 y 3 años, en particular, no se recomienda la exposición pasiva y prolongada (durante más de 30 minutos) a la televisión y las tecnologías táctiles en ausencia de adultos que puedan desempeñar un papel interactivo y educativo. Además, el uso de ciertos comportamientos, como el uso del teléfono celular llorando, puede crear un paradigma de aprendizaje muy poderoso que los padres pueden tener dificultades para cambiar. El uso de teléfonos inteligentes u otros dispositivos digitales para manejar las emociones podría generar dificultades en la capacidad de reconocerlas, nombrarlas, contarlas. Las emociones no reguladas dificultan la adaptación individual, las relaciones interpersonales, la gestión de las fuentes de estrés y la relación con los estímulos que desencadenan procesos afectivos, deseos, etc. El teléfono inteligente, el PC u otras herramientas digitales terminarían convirtiéndose en compañeros para escapar de las emociones 'molestas', por ejemplo, cuando el niño aprende a cambiar el foco de su preocupación reduciendo los sentimientos negativos experimentados.

Desde los primeros meses de vida, tanto los padres como los hijos suelen proceder por ensayo y error hasta el descubrimiento continuo del otro, por ello es necesario ser consciente del aporte mutuo que se da en la relación, porque el niño también es competente en la relación (Gandolfi, 2008) y modifica el comportamiento del adulto.