La fascinación que posee la figura del asesino en serie es innegable. Este fenómeno se sigue expandiendo hoy en día, como se desprende del aumento exponencial de las series de televisión y películas sobre el tema, pero también del creciente compromiso de la comunidad científica por validar empíricamente una técnica forense que corre el riesgo de quedar atada a la fantasía de las series de televisión.

... el hombre se diferencia de los animales porque es un asesino; es el único primate que mata y tortura a miembros de su propia especie sin motivo, ni biológico ni económico, obteniendo satisfacción. Es precisamente esta agresión 'maligna', biológicamente no adaptativa y no programada filogenéticamente, la que constituye el verdadero problema y peligro para la existencia del hombre como especie.(Erich Fromm)



Anuncio ¿Quién, al menos una vez en su vida, movido por la curiosidad, no se ha encontrado leyendo la historia de algún famoso asesino en serie del pasado? Lo más probable es que si alguien dijera que no estaría mintiendo. El encanto que posee la figura del asesino en serie es innegable y lo es aún más en la actualidad. Pero, ¿qué nos fascina de los asesinos en serie? ¿El hecho de que sean la personificación de lo que todavía es irracional, felino y primordial todavía existe en nuestra vida aparentemente ordinaria, o una curiosidad impulsada por la necesidad de encontrar una explicación lógica para comportamientos aparentemente irracionales? Simplemente abra la página de inicio de Netflix para estar inundado de series de televisión, películas y documentales sobre estos personajes pervertidos, pero al mismo tiempo fascinantes. Es un ejemplo de estoMindhunter, una serie de televisión producida por Netflix lanzada el 13 de octubre de 2017 y basada en el libroMindhunter: la verdadera historia del primer cazador de asesinos en serie de Estados Unidos(Mind Hunter: Inside Elite Serial Crime Unit del FBI) ​​escrito por Mark Olshaker y John E. Douglas.

En esta serie, ambientada a finales de la década de 1970, Netflix cuenta la historia de Holden Ford, un frustrado negociador del FBI que, junto a Bill Tench, comienza a estudiar un nuevo tipo de asesino: el asesino en serie definido por el FBI como el que comete. tres o más asesinatos en tres o más lugares distintos intercalados con un período de 'enfriamiento' que indica la premeditación del asesinato (Miller, 2014). El propio Douglas, en la introducción de su libro, motiva su estudio diciendo:

Me recuperé de la psicosis

Solo hay una forma de poder cazar asesinos en serie activos: comprender cómo piensan, comprender su razonamiento, por más retorcidos, perversos y letales que puedan ser, y así anticipar sus movimientos. Pero solo hay una forma de entrar en la mente de un asesino en serie: hablar con sus 'colegas' y predecesores.. (Douglas y Olshaker, 1995)

Durante los episodios el espectador pasa a formar parte del trabajo de los dos detectives, participa como observador en las entrevistas de asesinos en serie como Ed Kemper, Charles Manson y David Berkowitz alias Son of Sam, quienes se han convertido en verdaderas celebridades a lo largo del tiempo. e inevitablemente crece en él la misma curiosidad que empuja a Holden y Bill a perseverar en su trabajo.

Y esto es precisamente lo que no podemos explicar, ¿cómo es posible que personas capaces de actos tan violentos e impactantes se conviertan en verdaderas celebridades y, en definitiva, llamen tanto nuestra atención? A continuación, intentaremos encontrar una respuesta a esta pregunta.

Para explicar la enorme difusión de la figura del asesino en serie en películas y series de televisión, Dietrich y Hall (2010) se refieren al 'supuesto hedonista', según el cual en la mayoría de los casos los animales se acercan a lo bueno y evitan Qué está mal. Por supuesto, todos los animales curiosos violan esta suposición hasta cierto punto, al igual que los humanos. Esto se explica por el hecho de que parece que los seres humanos pueden experimentar sentimientos tanto positivos como negativos al mismo tiempo cuando se exponen a estímulos adversos. Este mecanismo se llama coactivación y explica cómo cuando tenemos miedo, en realidad podemos divertirnos. Este proceso proporciona una correlación positiva entre emociones opuestos, como el miedo y el placer. Por ejemplo, la coactivación nos permite explicar por qué vamos al cine a ver películas de terror (por qué vemos series de televisión y documentales sobre asesinos en serie): la idea es que los sentimientos de placer y excitación se produzcan en estrecho contacto con el ser. asustado, esto lleva a pensar que el temor es una consecuencia directa del primero (Dietrich y Hall, 2010). Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el espectador no suele sentir emociones positivas y negativas al mismo tiempo, a menos que exista una mentalidad específica en la que el peligro se perciba como no real, se minimice fuertemente o se sienta capaz de manejarlo. En el caso de las series de televisión, la pantalla se interpone entre nosotros y el asesino en serie, lo que nos permite sentirnos perfectamente seguros y libres de tener miedo.

de víctima a verdugo

Anuncio Otro factor que explica por qué nos atrae la inquietante figura del asesino en serie está conectado a la necesidad del ser humano de buscar explicaciones y motivaciones para cualquier cosa, ya que brindan control, permiten predecir acciones futuras y desde el punto de vista emocional reduce el miedo. Además, es importante explicar lo que pasa en el mundo, sobre todo si tiene repercusiones negativas en nuestra vida. Al buscar explicaciones para hechos fatales, como asesinatos perpetrados por asesinos en serie, el ser humano se ve impulsado por un cierto grado de curiosidad (Dietrich & Hall, 2010). Esto siempre tiene un componente emocional positivo y proporciona una sensación de bienestar al individuo cuando está satisfecho. Entonces, lo que nos atrae de los asesinos en serie es nuestra necesidad de encontrar explicaciones a su comportamiento, para evitarlos o prevenir sus crímenes. Nuestra atracción es innata y se sustenta en la curiosidad; esto explica parte de la fascinación por los asesinos en serie.

Así como la coactivación, la curiosidad y la necesidad de encontrar explicaciones ahora empujan a los espectadores a ver series de televisión y películas sobre asesinos en serie, en el pasado estos mismos factores han llevado a los agentes a desarrollar una técnica llamada perfil criminal.

La elaboración de perfiles delictivos consiste en identificar las principales características de personalidad y el comportamiento de un individuo, con el objetivo de orientar las investigaciones e identificar posibles sospechosos (Volpini, 2012). Aunque es una técnica que se ha utilizado durante mucho tiempo como apoyo en las investigaciones y es muy popular en comparación con otras técnicas forenses, muestra poco apoyo empírico. De hecho, existen pocos estudios que hayan comparado a posteriori el perfil utilizado en la fase de investigación con las características encontradas en el delincuente (Oleson, 1996; Wilson & Soothill, 1996). De hecho, la mayor parte del material citado en apoyo de la validez y precisión de la elaboración de perfiles delictivos no cumple con las directrices de la comunidad científica.

Entonces, ¿cómo explicamos el crecimiento de la elaboración de perfiles criminales a pesar de la falta de evidencia empírica que respalde su validez? Kocsis (2003) identifica tres factores que podrían explicar este fenómeno: el primero es, sin duda, el glamour mediático que rodea a esta técnica; el segundo factor es el hecho de que, a diferencia de otras técnicas psicológicas, la elaboración de perfiles fue desarrollada por agencias policiales. Esto significó que estos últimos no se sintieron obligados a validar sus métodos de acuerdo con el estándar utilizado por la comunidad científica. Además, al ser utilizada como técnica de investigación y no como prueba legal, la elaboración de perfiles ha escapado a todos los controles a los que están sometidas las demás técnicas forenses que producen pruebas legales. El tercer factor es una lógica que a veces se expone cuando los perfiladores se ven obligados a justificar sus prácticas. En el corazón de este argumento circunstancial está la afirmación de que la veracidad y por tanto la validez de los perfiles se demuestra y explica indirectamente a través de su uso y la continua demanda de los cuerpos policiales. Sugiere que si los perfiles no se percibieran como precisos, la policía y los investigadores no tendrían interés en solicitar los perfiles para respaldar la investigación.

Dado el uso generalizado de la elaboración de perfiles delictivos y su uso, en los últimos años la comunidad científica ha estado trabajando en la búsqueda de nuevos diseños experimentales que pudieran probar la validez y fiabilidad de esta técnica según el paradigma científico. Por tanto, la atención se centró en la correlación entre las características de los perfiladores y la precisión del perfil. De hecho, ha surgido que los perfiladores profesionales producen perfiles más precisos que otras figuras profesionales como investigadores y policías (Kocsis, 2003).

ansiedad estomacal y taquicardia

En conclusión, como podemos deducir de la lectura de este artículo, la figura del asesino en serie despierta tanto más encanto e interés cuanto más feroz es expresando la propia personalidad.

Como hemos visto, son numerosas las teorías que han intentado explicar este fenómeno que aún hoy se sigue expandiendo. Así lo demuestra no solo el aumento exponencial de series y películas, sino también el creciente compromiso de la comunidad científica por validar empíricamente una técnica forense que corre el riesgo de quedar ligada a la fantasía de las series de televisión.