Uno de los síntomas graves del síndrome premenstrual es la irritabilidad y la agresión. El síntoma es tanto más grave cuanto más compromete la vida diaria de la mujer, haciéndola incapaz de gestionar adecuadamente las relaciones familiares o sociales. Cuando esto sucede y la calidad de vida de una mujer empeora drásticamente al alterar su capacidad para relacionarse con el mundo, se denomina trastorno disfórico premenstrual.

Anuncio El trastorno disfórico premenstrual consiste en una constelación de síntomas psicofísicos que caracterizan la fase premenstrual en la mujer, y en particular la última semana antes del inicio de la menstruación, y que presentan un curso cíclico en correlación con el curso del ciclo ovulatorio y menstrual. .



Según el DSM5 para diagnosticar el trastorno disfórico premenstrual, al menos cinco síntomas deben estar presentes en la última semana antes de que comience la menstruación y estos síntomas deben comenzar a mejorar unos días después del inicio de la menstruación y volverse mínimos o ausentes en la semana. el proximo.

En particular, en el período indicado anteriormente y según la ciclicidad descrita anteriormente, uno o más de los síntomas deben estar presentes entre:

  • labilidad emocional marcada (por ejemplo, cambios de humor o llanto repentino);
  • Irritabilidad marcada o ira o aumento de los conflictos interpersonales;
  • estado de ánimo deprimido, sentimientos de desesperanza o pensamientos de autocrítica;
  • ansia excesiva y tensión.

Además de estos síntomas, para el diagnóstico del trastorno disfórico premenstrual, se deben agregar uno o más de los siguientes síntomas (para llegar a un total de cinco síntomas combinados entre el primero y el segundo):

  • disminución del interés en las actividades habituales;
  • dificultad subjetiva para concentrarse, letargo, fatiga fácil o falta de energía marcada;
  • cambio significativo en el apetito (consumo excesivo de alimentos o antojos de alimentos específicos);
  • hipersomnia o insomnio ;
  • síntomas físicos como sensibilidad o hinchazón de los senos, dolor articular o muscular, sensación de 'hinchazón' o aumento de peso.

Sin embargo, durante la fase premenstrual, la mujer puede experimentar una serie de molestias que, según las características, intensidad y gravedad, se definen como:

  • Síndrome premenstrual leve (SPM)
  • PMS moderado
  • Síndrome premenstrual severo
  • Trastorno disfórico premenstrual (DDPM).

Se estima que el porcentaje de mujeres en edad fértil gravemente afectadas por este trastorno varía del 2% al 10%, mientras que el porcentaje de mujeres que reportan síntomas en las formas leve y media del SPM fluctúa, según los estudios, de 30 % a 80% (Beni et al., 2000).

El síndrome premenstrual afecta más intensamente a las mujeres de entre 30 y 40 años. A esta edad, las mujeres pueden experimentar mayores cargas de estrés, tener más compromisos, a menudo dividiéndose entre la familia y el trabajo. La división de tareas y compromisos a afrontar según prioridades y la capacidad de delegar en otros, podría ayudar a reducir la carga de tensión, que inevitablemente se acumula al intentar hacer todo solo sin pedir ayuda a los que nos rodean.

Hay mujeres que en su historia han padecido trastornos de ansiedad o depresión presentando un empeoramiento de los síntomas psíquicos en la fase premenstrual. Los síntomas del síndrome premenstrual o trastorno disfórico premenstrual pueden aumentar con la edad y después de tener un hijo, en caso de tomar o suspender un anticonceptivo oral o después de una cirugía pélvica. No existen resultados de exámenes físicos ni pruebas de laboratorio específicas para el diagnóstico de trastorno disfórico premenstrual. Se debe realizar un historial médico completo, un examen físico (incluido un examen pélvico) y una evaluación psiquiátrica para descartar otras afecciones.

Por tanto, no todas las mujeres padecen síndrome premenstrual y lo padecen con la misma intensidad. Quienes padecen Síndrome Premenstrual leve o moderado presentan principalmente síntomas físicos, poco discapacitantes; en el síndrome premenstrual severo hay una aparición cíclica de tristeza, irritabilidad asociada con síntomas somáticos durante la fase lútea tardía y premenstrual.

Entre los síntomas somáticos se encuentran: sensibilidad mamaria y abdominal, retención de líquidos, alteración del apetito, dolor de cabeza y, con menor frecuencia, erupciones cutáneas acneiformes, náuseas y vómitos. Uno de los síntomas graves del síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual es la irritabilidad y la agresión. El síntoma es tanto más grave cuanto más compromete la vida diaria de la mujer, haciéndola incapaz de gestionar adecuadamente las relaciones familiares o sociales. Cuando esto sucede y la calidad de vida de una mujer empeora drásticamente al alterar su capacidad para relacionarse con el mundo, se denomina trastorno disfórico premenstrual.

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Trastorno disfórico premenstrual y ciclo menstrual

En las dos primeras semanas del ciclo menstrual, las hormonas estrogénicas se hacen cargo; estos son los días en los que una mujer puede mostrarse más tranquila, relajada y con mayor predisposición a la socialización. Es en las siguientes dos semanas, cuando el estrógeno es reemplazado por un pico de progesterona más alto, cuando pueden aparecer los síntomas psicofísicos del trastorno disfórico premenstrual descrito anteriormente, que a menudo las únicas condiciones ambientales o familiares, así como otros trastornos físicos o psicopatológicos, son incapaces de explicar. Los esteroides ováricos están implicados en la etiopatogenia de los síntomas del estado de ánimo premenstrual, de modo que el síndrome premenstrual o el síndrome premenstrual no aparecen cuando hay supresión ovárica, como en los años anteriores a la menarquia, en el embarazo o después menopausia. En mujeres que padecían trastorno disfórico premenstrual, no se encontraron diferentes niveles de estrógeno y progesterona, sino una modalidad de secreción caracterizada por cambios en la secreción hormonal.

Diagnóstico diferencial y otras formas de trastornos del estado de ánimo en el ciclo reproductivo femenino a lo largo de la vida.

Anuncio El trastorno disfórico premenstrual es técnicamente parte, según el DSM5, de la categoría de trastornos del estado de ánimo. Por tanto, es importante realizar un correcto proceso de diagnóstico para identificar si y qué trastorno del estado de ánimo se ha presentado en la mujer, considerando precisamente la ciclicidad en relación al ciclo menstrual de la presencia sintomática en el caso de trastorno disfórico premenstrual a diferencia de otros. trastornos en los que esta co-ocurrencia de síntomas con las fases del ciclo menstrual está ausente.

En cuanto a los trastornos del estado de ánimo y la relación con el género femenino, es interesante destacar que el trastorno depresivo mayor afecta al género femenino el doble que al masculino (41,9% versus 29,3%). La prevalencia de por vida del trastorno depresivo mayor es del 10,2% en las mujeres frente al 5,2% en los hombres; para la distimia del 5,4% frente al 2,6% e incluso más marcada es la preponderancia femenina de la depresión atípica y los trastornos depresivos estacionales (Kessler, McGonagle, Swartz et al., 1993; World Health Organization Kobe Center, 2005; Niolu, Ambrosio, Siracusano, 2009).

Se han formulado varias hipótesis para explicar la mayor prevalencia de depresión en mujeres que en hombres; Actualmente la más acreditada por la literatura internacional es la hipótesis biopsicosocial, en la que intervienen tanto factores neuroendocrinos (diferencias en el impacto en el cerebro de diferentes hormonas sexuales, variaciones hormonales en determinadas fases de la vida), como claramente factores psicosociales (diferencias en estrategias de afrontamiento, vulnerabilidad personal, frecuencia de exposición y calidad de eventos estresantes, antecedentes familiares de trastornos psiquiátricos).

El ciclo reproductivo, por tanto, parece jugar un papel clave en cuanto a los factores de riesgo de depresión en la mujer y en particular en algunas fases de vulnerabilidad específica: adolescencia, embarazo, posparto y perimenopausia. Diferentes cuadros clínicos pueden asociarse con momentos específicos del ciclo reproductivo femenino: el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual coinciden con la fase lútea del ciclo menstrual; depresión en el embarazo en el período prenatal, depresión de la maternidad dentro de las dos semanas posteriores al parto; depresión posparto, psicosis posparto después del parto; depresión perimenopáusica de 5 a 7 años antes de la menopausia.

La menopausia es la fase del ciclo biológico femenino que corresponde al cese definitivo de los ciclos menstruales tras la pérdida de la función folicular ovárica. Constituye un momento de crisis que, al igual que otras etapas de la vida femenina como la adolescencia y el embarazo, requiere adaptaciones fisiológicas, psicológicas y relacionales. Según el estereotipo clásico, la maternidad y la crisis de la adolescencia tienen un significado evolutivo y creativo mientras que la menopausia es más una experiencia de duelo por la pérdida de la fertilidad.

posición social de una persona

A pesar de esto, los datos empíricos han demostrado que, en cambio, las mujeres suelen mostrar una actitud positiva hacia la menopausia, considerándola no solo una transición fisiológica sino también una oportunidad para el equilibrio de la vida, una mayor maduración y la consecución de objetivos. Los estudios epidemiológicos han demostrado que los estresores psicosociales se asocian con un mayor riesgo de desarrollo de síntomas depresivos subclínicos y un inicio depresivo mayor durante la transición menopáusica y su impacto es mayor que el del estado menopáusico en sí (Lanza di Scalea , Niolu, Siracusano, 2010).

Tratamiento del síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual

El mayor conocimiento y conciencia del cuadro clínico permite a la mujer afrontar el período que precede al ciclo con una mayor sensación de tranquilidad y capacidad de manejo de los síntomas. Llevar un calendario o un diario de síntomas puede ayudar a las mujeres a identificar los síntomas más problemáticos y cuándo ocurren. Esta información puede ayudar a los médicos y psicólogos a diagnosticar el trastorno disfórico premenstrual y determinar el tratamiento adecuado.

Una vez identificados los síntomas y valorada su gravedad, incluso a través de la alteración del funcionamiento laboral y social, se podrá optar por una serie de tratamientos que irán desde los no farmacológicos hasta los farmacológicos en función de la situación clínica y la respuesta a los mismos.

Se aconseja a los pacientes con síntomas leves a moderados, poco discapacitantes y esporádicos, que presten la debida atención a la calidad y duración del sueño en la semana anterior al ciclo ya la calidad de la nutrición; en particular, evitar responder con atracones de dulces al aumento característico del apetito y, por el contrario, favorecer una dieta lo más equilibrada posible, minimizando el uso de sal, café y alcohol, que agravan los síntomas. Las ayudas no farmacológicas útiles en el manejo y reducción de los síntomas premenstruales pueden ser complementos alimenticios a base de magnesio y vitaminas, ejercicio físico (10-20 minutos de ejercicio físico son suficientes 3-4 veces por semana), técnicas de relajación y psicoterapia.

La actividad física favorece la liberación de endorfinas, sustancias útiles para combatir el dolor, que disminuyen en los días previos a la menstruación. La actividad física aumenta los niveles de serotonina, que es importante para mejorar el estado de ánimo y el sueño reparador. Además, las actividades físicas aeróbicas aumentan el flujo de sangre a los músculos de todo el cuerpo, lo que ayuda a disolver los calambres y hacer desaparecer el dolor.

Las técnicas de relajación ayudan a regular la activación emocional intensa que genera síntomas de activación a nivel físico (como taquicardia) y tensión prolongada (hipertonía muscular que provoca dolor de estómago, dolor de espalda y dolor de cabeza). A nivel psicológico, ayuda a reducir la tensión psíquica, la irritabilidad y el insomnio, que muchas veces acompañan al ciclo debido tanto a los cambios hormonales como a la actitud con la que la mujer lo vive.

La psicoterapia es útil en presencia de síntomas premenstruales que no han encontrado alivio y curación con otros tratamientos. Los síntomas psicopatológicos premenstruales también pueden tener causas psicológicas, especialmente cuando hay una experiencia psicológica conflictiva hacia la menstruación.

La terapia farmacológica para el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual tiene varias intervenciones destinadas a controlar y reducir los síntomas cotidianos, subjetivamente perturbadores y disfuncionales.

En mujeres con síndrome premenstrual moderado / severo y trastorno disfórico premenstrual, la terapia psicofarmacológica con el uso de antidepresivos resultó ser la más efectiva en el control y tratamiento de los síntomas psíquicos, con una mejora en la adaptación y el funcionamiento general. Los fármacos más eficaces utilizados están representados por antidepresivos de la categoría de ISRS o IRSN (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o serotonina / noradrenalina) que actúan sobre la cascada hormonal de la progesterona y ayudan a corregir los síntomas psicológicos. No siempre son eficaces en los síntomas físicos. Evidentemente esta elección debe ser evaluada cuidadosamente por un especialista para poder calcular los riesgos y beneficios del tratamiento antes de su aplicación.