Melancholic es un abogado casi en paro, un exmarido casi con una relación problemática con las mujeres y, según su psicoterapeuta, con un desequilibrio entre las esferas racional y emocional, que no están integradas.

Vincenzo Malinconico es el personaje tragicómico nacido de la pluma del escritor Diego De Silva. Sus vicisitudes y, sobre todo, sus continuas cavilaciones y cavilaciones están narradas en tres libros divertidos pero, al mismo tiempo, llenos de elementos para el pensamiento y momentos profundos: 'No entendí nada' (2007), 'Bebidas de la suegra de Mia' (2010) y 'Estoy en contra de las emociones' (2011).



Melancholic es un abogado casi en paro, un exmarido casi con una relación problemática con las mujeres y, según su psicoterapeuta, con un desequilibrio entre las esferas racional y emocional, que no están integradas.

Anuncio No decodifica sus emociones, no las siente venir, no las anticipa. Simplemente los sufre. Cuando se encuentran con ella, él no está preparado para enfrentarlos. Y los atropellan, como lo haría un coche o un camión ...su psicoterapeuta le explica, ofreciéndole un gran trabajo para hacer consigo mismo. Melancolía, a quien le gustaría tener el control de todo, solo puede reaccionar preguntando cuánto durará exactamente la terapia, así como no puede evitar pensar y repensar todo lo que le sucede, incluso rumiando el significado de las canciones, para racionalizar todo y así distanciarse de las emociones que puedan despertar, vividas como una manada lista para atacar.

Melancholic vive su vida fuera de línea, piensa y replantea lo que le hubiera gustado decir, trazando mentalmente el diálogo preciso que debería haber tenido y que absolutamente tendrá que hacer la próxima vez para no sentirse idiota. Pero, inmediatamente después de haber hecho la audición de su acusación, lo asalta la duda de que quizás nunca podrá hacerlo.y luego quien sabe, si realmente lo creo. Vincenzo siempre pierde el momento, atrapado como está entre la ansiedad de querer predecir su próximo movimiento, que esta vez absolutamente no debe estar mal, y el arrepentimiento por las oportunidades perdidas y por los momentos en los que actuó para no defraudar las expectativas. del otro y así escapar del sentimiento de culpa, asumiendo roles que no corresponden a los propios deseos y necesidades reales (después de todo, la melancolía que se deriva de esto irónicamente ya está impresa en su nombre).

Vincenzo experimenta los pensamientos como vacacionistas en el hotel de su mente. Se siente dominado por ellos y sus ir y venir libres y promiscuos le impiden tener puntos firmes en los que basar sus decisiones. Además, se ve atrapado en ellos hasta tal punto que también termina escribiéndolos en archivos de palabras sin fin, con el fin defijar un punto de vista y tender a no cambiarlo más, y ahí mismo lo logra, pero solo le toma unos días sentir que sus opiniones vacilan nuevamente y arruinar sus largas líneas, para luego escribir tantas.

Emborracharse y emborracharse con palabras es la estrategia que también se propone con su psicoterapeuta, a quien Melancholy apoda irónicamente Mr. Wolf, en alusión al personaje que resuelve problemas en la película 'Pulp Fiction'. Melancholy, de hecho, no quiere comprometerse realmente con el camino de la terapia, le gustaría que su terapeuta le diera una solución ya hecha a sus problemas, que, entre otras cosas, también es reacio a explorar. La sesión se llena así de una charla vaga que tiene como único objetivo no entrar en contacto con su parte emocional, hasta una verdadera declaración de oposición a las emociones:¡Oh, dije, eso es todo! ¿Pero quién te crees que eres? ¿Quien te conoce? Bayas viejas descongeladas, eso es lo que eres. Siempre ahí para embellecerse, para volver a proponerse, para tocar donde no debéis (...) Y parar, de una vez por todas, para estar siempre para ablandar nuestras almas. Cuéntanos algo más. O déjanos solos. Que si no nos emocionamos estamos bien de todos modos.

alteración de la regulación emocional

Anuncio El psicoterapeuta, exasperado por la actitud de su paciente locuaz a la defensiva, sólo puede sugerirle que interrumpa la terapia, considerada inútil en estas condiciones. Melancolía acepta con silencio culpable, sin tener nada que replicar por una vez, consciente de que ha hecho todo lo posible para provocar la ruptura terapéutica pero, al mismo tiempo, con ganas de revertir, en su ciclo eterno de inseguridad y no toma. responsabilidad en las decisiones.

Pero no todo está perdido para Melancholic. Una rentable cavilación nocturna esta vez (escrita como de costumbre en un archivo de palabras especial) lo lleva a una importante conciencia de que el mayor obstáculo para el cambio es la no aceptación del sufrimiento que lo llevó a la terapia (el dolor por el fin de un relación), el sufrimiento que inevitablemente trae la vida cuando decidimos vivirla al máximo y lanzarnos a ella asumiendo riesgos que en definitiva valen la pena.

De hecho, se dice que la perspectiva del fracaso, el miedo a no hacerlo o a hacernos daño son cantos psicológicos que bloquean toda iniciativa, haciéndonos resignar a una condición en la que nada nos trae dolor, porque en realidad no nos pasa nada. Un lastre del que deshacerse entonces.

Pero las palabras y las buenas intenciones escritas no son suficientes. Los escombros del pasado siguen acechando allí y Melancholic siente que no puede hacerlo solo, por lo que decide volver a la psicoterapia para que algo vuelva a suceder en su vida.

las pinturas de mirò

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BIBLIOGRAFÍA:

  • De Silva, D. (2011). Estoy en contra de las emociones. Einaudi, Turín.