Cada vez con más frecuencia me preguntan sobre el uso de pantallas por parte de niñas y niños. Es por eso que comencé a abordar la pregunta y a tratar de comprender, retrocediendo en nuestro tiempo y tratando juntos de anticiparnos, cómo ayudar a los padres que se encuentran teniendo que manejar una de las fuerzas aparentemente más inmanejables de esta era: lo virtual.

¿Cómo posicionarse frente al uso de teléfonos, computadoras y tabletas?

Anuncio En una conferencia el pasado mes de septiembre (Waimhbl, 2017) los colegas psicólogos presentes demostraron cómo adoptar una posición clínica significa no juzgar a los adultos que están involucrados en la educación (padres, abuelos, niñeras, profesores, etc.) sino apoyarlos, explicar ellos en qué etapa de crecimiento se encuentra el niño para comprender sus necesidades específicas.



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Si piensas en los primeros meses de vida, está claro que para crecer necesitas tocar objetos, meterte en la boca, olerlos, manipularlos, luego tirarlos, retirarlos, prácticamente hacerlos tuyos. La visión pasiva, por tanto, te impediría vivir el mundo de forma activa, experimentar la sensación concreta de poder actuar sobre él. Entonces podemos reflexionar juntos sobre el hecho de que el tiempo que pasamos frente a una pantalla nos permite usar solo dos sentidos: la vista y el oído. Entonces, ¿qué pasa si no usas los cinco sentidos? Como profesionales de la puericultura, no se puede ignorar que numerosas investigaciones demuestran y confirman los peligros de la televisión y el uso de la pantalla, especialmente antes de los tres años (Ripamonti, 2016).

No se 'pierde' todo el tiempo que se pasa frente a las pantallas, pero ciertamente es un momento en el que no se utilizan las habilidades primordiales que son innatas para el juego y apropiadas para la edad.

Según el informe técnico de la AAP (American Academy of Pediatrics (Reid Chassiakos et al., 2016) se debe considerar que para un bebé de pocos meses, el ritmo rápido de las imágenes, colores y sonidos son de una intensidad mucho mayor que las estimulaciones habitual de su vida diaria. Una pantalla encendida capta la atención pero corre el riesgo de excitarlo, agitarlo y dañar su concentración. Quiero enfatizar que arriesga: esto significa que usar una tableta para jugar no significa necesariamente comprometer su aprendizaje , pero sin duda para desprenderse de la relación, con los demás y con uno mismo.

Relación consigo mismo y consigo mismo

El juego es clave para desarrollar creatividad y habilidades creativas, intelectuales pero también emocionales; jugar te permite lidiar con el aprendizaje y la diversión, pero también con dos puntos esenciales, desafortunadamente a menudo olvidados, si no eliminados: el aburrimiento y la soledad. Poco a poco la niña y el niño deben aprender a soportar la ausencia, el vacío y la monotonía; en el caso de una tableta, aquí hay un objeto externo que llena el vacío interno de una manera fácil e inmediata, impidiendo que puedas escuchar tus emociones y manejar cada pequeña y gran frustración.

Uso frecuente de nuevas tecnologías no parece ayudar al desarrollo de las habilidades sociales del niño. La tableta corre el riesgo de desalentar la interacción social en años en los que se producen importantes desarrollos neuronales y neurogenerativos en el cerebro. Una primera consecuencia, derivada del aislamiento en el que se sumergen los niños secuestrados por los suyos gadget tecnológico , es una menor capacidad para comunicarse(Solo Tablet, 2013).

Por lo tanto, menos juego real en soledad, menos juego real en compañía.

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Relación con otros

Anuncio Las vivencias intersubjetivas entre madre, padre e hijo pero también entre hermanos y hermanas contienen emociones compartidas que permiten que el niño y la niña estén en sintonía, de manera que las experiencias agradables se amplifican y las negativas se reducen y contienen. con una intención congruente de entenderse y sentirse bien.

Es posible observar en nuestras propias familias cómo la comunicación diaria ahora se entrelaza cada vez más con el tiempo de pantalla: las conversaciones telefónicas directas y vocales se suman a las interacciones que ocurren a través de aplicaciones. El resultado es que los niños no solo pasan más y más tiempo frente a una pantalla, sino que ven a sus padres haciéndolo, en momentos y momentos en los que antes eran 'inalcanzables'.

¡Los momentos adecuados y dedicados a la relación se vuelven sagrados para todos los miembros de la familia!

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Ningún programa de televisión puede tener el mismo valor que una palabra realmente dirigida a un hijo, a una hija y yo añadiría que los pequeños necesitan que se les cuenten historias tanto como los adultos disfrutan hacerlo.

Según colegas que estudian el tema (Waimhbl, 2017), todavía no existe suficiente literatura científica para poder confirmar las hipótesis sobre la toxicidad de las pantallas, pero el riesgo de tiempo restado de las interacciones sociales es evidente en todos los niveles.

En resumen, entre familiar y virtual no deberías hacer una elección: el virtual puede y debe ser útil para construir lo familiar. Como nos enseñó Donald Winnicott, no hay niños: hay una relación.