El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se caracteriza por la presencia de preocupaciones excesivas, incontrolables, extendidas a cualquier contexto de vida y desproporcionadas al resultado real del evento esperado.

Anuncio Tal ansia interfiere gravemente con el funcionamiento psicosocial del individuo, ya que a menudo se asocia con síntomas físicos graves (American Psychiatric Association, 2013).



La terapia de conducta cognitiva (CBT), va a actuar con técnicas de reestructuración cognitiva y técnicas de comportamiento, como ejercicios exposición está consolidado y es eficaz en el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada (Hofmann & Smits, 2008). Sin embargo, muchos pacientes, por costos, creencias personales, falta de una red de apoyo, estigma asociado al trastorno mental o razones organizacionales, no acceden a los servicios de atención (Corrigan et al., 2014). Del mismo modo, entre los que tienen DAG, en algunos casos la intervención farmacológica concomitante no es accesible, eficaz y ni siquiera tolerable (Gomez et al., 2018).

Estos aspectos han llevado a los pacientes a recurrir a enfoques de tratamiento alternativos, como Yoga , obteniendo importantes beneficios (Park et al., 2016; Saeed et al., 2019). Compuesto por posturas físicas, ejercicios de control de la respiración, relajación y prácticas de meditación , su uso por motivos de salud aumentó en un 14,3% en 2017 entre los adultos estadounidenses (Clarke et al., 2018). Aunque sus mecanismos de acción en el desórdenes de ansiedad no están del todo claras, algunas investigaciones respaldan su idoneidad como tratamiento complementario, con sesiones de 60 minutos por semana (por ejemplo, Saeed et al., 2019).

Un estudio piloto consideró Kundalini yoga (KY), una práctica que consiste en ejercicios de meditación, respiración y aspectos tradicionalmente parte del yoga, eficaz para aliviar los síntomas del DAG (Cramer et al., 2019). Además, en diversas investigaciones su uso ha promovido cambios significativos en el estado y rasgo de ansiedad, depresión , pánico, dormir y calidad de vida (Khalsa et al., 2015; Saeed et al., 2010).

Dada esta evidencia, el ensayo clínico controlado aleatorizado de Simon et al. (2020) examinaron la efectividad a corto plazo de KY, comparándola por un lado con una condición de control consistente en una intervención de gestión educativa estrés y, por otro lado, con el tratamiento CBT de elección para la ansiedad.

Para KY se aplicó un protocolo estandarizado que incluyó posturas y ejercicios físicos, técnicas de respiración, relajación y meditación (Hofmann et al., 2015).

La intervención de TCC incluyó un protocolo para el DAG que recibió un apoyo empírico considerable, compuesto por 5 módulos: una psicoeducación inicial dirigida a esclarecer el modelo cognitivo y conductual del trastorno, reestructuración cognitiva, relajación muscular progresiva, exposición a preocupaciones y ejercicios de exposición. en vivo. Además, el protocolo utilizó un tratamiento dirigido a las metacogniciones, es decir, pensamientos disfuncionales relacionados con preocupaciones excesivas (Hofmann et al., 2015).

La condición de control estandarizado consistió en intervenciones psicoeducativas sobre los efectos psicofisiológicos del estrés y los comportamientos adoptados en la vida cotidiana (p. Ej. alcohol , Caffeina y fuma) (Hoge et al., 2013).

Las tres intervenciones se entregaron a grupos de 3 a 6 participantes durante 12 sesiones de 120 minutos. La muestra global estuvo formada por 230 sujetos adultos, con un diagnóstico primario de AGD definido sobre la base de los criterios del DSM-5 .

Anuncio Los autores plantearon la hipótesis de que en la evaluación después de 12 semanas de tratamiento, el resultado para los grupos KY y CBT habría sido similar, pero mejor que el grupo de control que había recibido una simple intervención de educación sobre el estrés. El objetivo adicional fue establecer la no inferioridad del yoga con respecto a la TCC y evaluar su eficacia en el seguimiento de 6 meses.

Finalmente, examinaron el mecanismo asociado al cambio en las intervenciones KY y TCC, planteando la hipótesis de que en el primer caso existían aspectos vinculados a cambios en la conciencia, mientras que en el segundo caso el mediador sería un cambio en las cogniciones desadaptativas.

A corto plazo, tanto la intervención CBT como el yoga fueron más efectivos que la simple psicoeducación. Kundalini ha mostrado efectos ansiolíticos significativos en pacientes con diagnóstico primario de DAG, sin embargo no se ha encontrado evidencia de no inferioridad con respecto a la TCC, ni en el postratamiento inmediato ni a largo plazo.

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En el seguimiento a los 6 meses, la TCC demostró ser más eficaz que la intervención de control, lo que confirma su papel como tratamiento principal para el trastorno de ansiedad generalizada, ya que KY tampoco mostró un efecto sólido y estable a largo plazo.

De acuerdo con la hipótesis, el cambio en CBT pero no en KY fue favorecido por un cambio en la cognición desadaptativa.

Aunque una mayor conciencia debería resultar en una mejor respuesta al tratamiento, la TCC y el yoga no lo han favorecido más que el tratamiento de control. Especialmente para el yoga, el aumento de la conciencia debe correlacionarse con el progreso de la práctica a largo plazo (Gaiswinkler & Unterrainer, 2016).

Los autores atribuyen el resultado al tipo de yoga utilizado, que no expande la conciencia a largo plazo, sino que la centra en un solo aspecto, como la respiración.

A pesar de ello, el Kundalini yoga ha demostrado sus ventajas terapéuticas: además de ser eficaz para reducir los síntomas de ansiedad a corto plazo, es accesible sobre todo si existen barreras a la posibilidad de una intervención médica. Sería beneficioso si la investigación pudiera investigar qué características individuales (por ejemplo, preferencias de tratamiento y actitudes hacia la atención de la salud mental) harían que un paciente sea más propenso al yoga que el tratamiento de TCC estándar, ofreciendo un enfoque de atención personalizado para el paciente. .